Actualizado hace 9 minutos
Es habitual que reseñas publicadas en Google sobre locales de hostelería se vuelvan virales en las redes sociales por diferentes razones, ya sea por su lenguaje grosero, por su humor, por sus argumentos absurdos para ponerle una sola estrella o por cualquier otro motivo. Una de ellas la ha publicado la popular cuenta Soy Camarero, en la que Jesús Soriano publica todo tipo de situaciones relacionadas con su mundo, el de la hostelería, y en muchas ocasiones sube reseñas insólitas, como una que ha dado mucho que hablar.
Soriano escribió un libro titulado El cliente NO siempre tiene la razón y en este caso es así, porque una cosa es estar descontento con algo y otra publicar algo que merecería acudir al juzgado. “Imagina que la empresa habrá denunciado tal reseña...”, ha titulado el post. Y no es para menos.
El texto, publicado supuestamente tras una noche de copas, no es una simple queja airada. Es una amenaza directa. El autor acusa al pub de retirarle una copa “más de medio llena” y, a partir de ahí, entra en una espiral de insultos, violencia explícita y chulería de manual: promete volver al local, dejar la copa sola e irse “a un rincón a observar”, y advierte de que al camarero que se la quite “le va a arrancar la cabeza sin aviso”.
Amenazas, reacción social y un problema de fondo
Para rematar, presume de practicar artes marciales desde hace 20 años: “Que sepáis el que se lleva la hostia va a pasar una semana en el hospital”, amenaza, y asegura que le da igual la multa o pasar la noche en el calabozo, para firmar con un inquietante “Contad conmigo, MariPuris”. Todo ello, además, acompañado de una estrella de valoración, el mínimo posible.
La publicación de Soy Camarero ha provocado miles de reacciones y comentarios. La mayoría, de apoyo al personal del bar y de indignación ante una reseña que debería preocupar a cualquiera. Porque lo importante no es si la copa estaba más o menos llena ni si el precio era justo (6 euros por una copa no es precisamente descabellado), sino que la ha escrito alguien que normaliza la violencia y la usa como argumento de consumo.
En los comentarios se repite una idea: ¿en qué momento se asumió que el personal de hostelería tiene que aguantar amenazas, insultos y miedo como parte del sueldo? La retirada de una bebida por la razón que sea (cierre, normas internas, consumo excesivo...) nunca puede justificar ese nivel de agresividad. La reseña plantea además otra cuestión incómoda: la facilidad con la que se puede escribir cualquier cosa en internet sin consecuencias inmediatas. Amenazar en un local físico tendría una respuesta clara. Hacerlo desde el teclado parece que sale gratis.