Actualizado hace 6 minutos
Sonreía de norte a sur y de este a oeste Josean Fernández Matxin, brujuleando alegría y felicidad, homenajeado en Basauri, su pueblo natal, donde el sol desplegaba su virulencia con descaro.
Imaginaba Matxin, que conoce cada cuesta de su localidad natal, el vuelo imperial de Isaac del Toro sobre Basozelai, la cresta de la localidad vizcaina.
Basauri se desarrolló sobre un montaña, apilando edificios y casas, condensadas, lanzadas sobre las laderas para cobijar a los trabajadores.
Solo existen dos formas de entender Basauri, subiendo o bajando. Basozelai es el punto de fuga cuando el paisaje urbano tira al monte.
Axel Laurance celebra la victoria por delante de Igor Arrieta.
En ese lugar prendió la hoguera de la victoria Axel Laurance. Ardiente. Con la chispa adecuada. Ni los calambres pudieron con él. Llevaba más energía y electricidad. Otro sorbo de champán. La Itzulia solo habla francés.
Laurance, que se fue al suelo la víspera y se recompuso para bramar su alegría, para gritarla en todas las direcciones, pudo en el duelo al sol con Igor Arrieta, el alfil que movió Matxin en su ajedrez por las cuadrículas que daban al tablero de Basauri.
Itzulia 2026
Tercera etapa
1. Axel Laurance (Ineos) 3h38:33
2. Igor Arrieta (UAE) a 2’’
3. Natnael Tefsfatsion (Movistar) a 14’’
4. Ilan van Wilder (Soudal) m.t.
5. Tobias Johannessen (Uno-X) a 18’’
6. James Shaw (Education First) a 21’’
7. Clément Braz (Groupama) a 24’’
12. Paul Seixas (Decathlon) a 1:04
19. Ion Izagirre (Cofidis) m.t.
22. Ibon Ruiz (Kern Pharma) m.t
24. Haimar Etxeberria (Red Bull) m.t.
31. Markel Beloki (Education First) a 1:09
32. Julen Arriolabengoa (Caja Rural) m.t.
34. Pello Bilbao (Bahrain) m.t.
General
1. Paul Seixas (Decathlon) 8h08:24
2. Primoz Roglic (Red Bull) a 1:59
3. Florian Lipowitz (Red Bull) a 2:08
4. Mattias Skjelmose (Lidl) a 2:14
5. Ben Tullet (Visma) a 2:27
7. Ion Izagirre (Cofidis) a 2:36
13. Pello Bilbao (Bahrain) a 3:42
15. Markel Beloki (Education First) a 3:50
16. Igor Arrieta (UAE) a 3:57
28. Ibon Ruiz (Kern Pharma) a 5:50
“Ha sido una pena, estaba claro que Laurance era favorito. He intentado sorprenderle al principio de la cuesta pero me ha aguantado bien y me ha superado cerca de meta”, expuso Igor Arrieta.
Arrieta puso en jaque a Laurance, pero el francés le dio el mate en la subida a Basozelai, un muro corto pero exigente, con la paciencia de un depredador.
"Al final Arrieta no quería colaborar y tuve dudas. Cuando arrancó me preocupé por un calambre, pero Igor se vino abajo, esperé a 100 metros de meta, en un falso llano y le pasé", certificó el galo.
Otra victoria gala en la carrera vasca, que domina a su antojo el joven Paul Seixas. El líder se mostró magnánimo y prefirió abandonarse al placer de no hacer nada salvo mostrar su presencia, intimidante, cuando llegó el pelotón, que abrió con la pechera de general. En esa foto no estuvo del Isaac del Toro, caído en combate.
Matxin calculaba que a la altura del ayuntamiento, a unos centenares de metros de la llegada, era un buen lugar para impulsarse en busca del triunfo.
Del Toro era el hombre elegido para la misión. Sería la culminación de la ofrenda del pueblo a Matxin, agasajado durante la salida.
El mánager del UAE cortó, junto a las autoridades, la cinta que daba comienzo al día, luminoso, caluroso, fogoso. El bochorno barnizaba el aire, espeso, pesado, plomizo. La primavera palpitaba en el horno. La canícula del abril de la Itzulia, siempre pendular, extremista.
Caída de Isaac del Toro
La jornada se fundió a negro para Matxin en Amurrio, cuando Isaac del Toro gritó su caída. El mexicano, águila real en el pecho, emblema de la bandera del país que abraza su perfil de hilo, cayó en picado.
A pesar de que anunció con los dos pulgares hacia arriba que se encontraba bien, Del Toro comprendió que la Itzulia era una mal sueño varios fotogramas después.
Golpeados ambos costados, el culote hecho jirones, pedaleó con dolor. Se detuvo al borde de la carretera el mexicano. Se bajó de la bici de manera antinatural. Desmontando desilusión. Matxin le acogió en el coche.
El dolor prensaba al Del Toro. El águila real, que voló a través de la historia, desde el mito fundacional de Huitzilopochtli, hasta las alturas del escudo nacional, se quedó sin vuelo. No haría presa.
Matxin, ideólogo del trazado de la tercera jornada de la Itzulia, también pensaba en la opción de una fuga. Desprendido Seixas, tan superior, alejado de cualquier juego, de la agitación, el líder dejó que la escapada se hiciera fuerte y numerosa.
Igor Arrieta, otro pupilo del UAE, se alistó a la escapada, compuesta por una quincena, donde destacaba la figura del francés Laurance, el gran opositor a bailar en la azotea del pueblo.
En ese grupo, Mikel Bizkarra y Jonathan Lastra, del Euskaltel-Euskadi, se hicieron un hueco tras un esfuerzo extra que después pagaron.
El Cofidis se encorajinó en busca de los huidos. Alex Aranburu era el hombre designado para alcanzar la terraza de Basauri.
En Bikotx Gane se azuzó el avispero, los intereses cruzados de los hombres libres. Descartado, padeciendo en cada palmo, se descompuso Juan Ayuso, un alma en pena desde el inicio de la Itzulia.
El alicantino era incapaz de sostenerse en una ascensión que enfatizó el Red Bull, que protege la bicefalia de Roglic y Lipowitz, los más próximos al líder, aunque fuera de plano, a dos minutos. La ascensión a Bikotx Gane desarticuló del todo la fuga y dejó sin opciones al pelotón.
Arrieta y Laurance, unidos
Laurance y Arrieta hombrearon, se emparejaron y unieron sus destinos a galope tendido por las carreteras secundarias que deletreaban formas hipnóticas a través de la naturaleza vívida de Zeberio, largo el pueblo, brillante al sol, verde que te quiero verde, donde un viejo nogal torcido de tanta vida, abrazó y escuchó durante décadas historias de ciclistas en fuga, de sueños que lograr.
Ese eco susurraba los oídos de Arrieta y Laurance, conscientes que la victoria sería un baile íntimo, un vis a vis. Mesa para dos en Basozelai.
Antes debían devorar las rampas de Zaratamo, un Tourmalet que se recuesta en el costillar de Arrigorriaga. El puerto que medía la infancia en bicicleta. La habilidad para la escalada.
Paul Seixas continúa firme en el liderato.
La prueba de fuego. El viaje iniciático a las alturas. Zaratamo era otra dimensión. Atravesar una frontera. Arrieta y Laurance se midieron en el final de la cota, antes de descender agarrados al filo del riesgo en una bajada de curvas burlonas.
Era el preámbulo para el cruce de miradas. Arrieta dejó que Laurence desbrozara el callejero de Basauri. Esperaba su momento.
Al francés le hubiese gustado tener la mirada de un camaleón para situar al navarro, que tamborileaba los dedos, jugando con el tiempo. Bizqueando. Buscaba inquietar a Laurance, un puncheur. Un ciclista con reprís en una llegada de prominente mentón.
Arrieta, conocedor que no posee el impulso del galo, se lanzó a falta de 300 metros, el punto exacto que había marcado al mediodía Matxin.
Ahí debía estar Del Toro, pero estuvo Arrieta. Laurance, más fuerte y brioso, aguardó al momento exacto y acabó con el deseo de Matxin.
Por detrás, tras los excompañeros de fuga, Seixas, amarillo fosforescente, lideró el pelotón. Subrayó el mensaje de su dominio. La Itzulia le pertenece.
En el día que se tomó de descanso, sobresalió su compatriota. La revolución francesa. Laurance se descorcha en Basauri.