Sobre gustos no hay nada escrito. Y con los números, como con tantas otras cosas, todo depende de las manías de cada uno. 2026, el año que acabamos de estrenar, puede gustar o no por infinidad de motivos. Pero hay uno que viene respaldado por las matemáticas: No será perfecto, pero es un año feliz. Y no es una metáfora de nuestra querida Laura Matemáticas: Existen los llamados números felices, aquellos que, al sumar repetidamente los cuadrados de sus cifras, acaban llegando al uno. 2025 era un número con muchas propiedades -era un cuadrado perfecto-, tenía estructura, simetría...todo menos la felicidad. Y 2026, en cambio, no es perfecto, pero sabe llegar al 1.
La conclusión que sacamos de esto es que la perfección no garantiza la felicidad y la felicidad no necesita ser perfecta. A veces solo depende de cómo calculamos lo que somos. Y recuerda: Las matemáticas no son solo para lo que sirven, sino todo lo que no existiría sin ellas.