El tercer sector social tiene rostro de mujer. El 71,4% de las plantillas de las ONG Acreditadas está integrado por mujeres, una cifra que desciende respecto al 74,3% del año anterior, pero que continúa situándose muy por encima de la paridad. Esta presencia resulta especialmente acusada en las entidades dedicadas a la acción social, donde la feminización del empleo es una constante. Así lo constata el informe La presencia femenina en el Tercer Sector 2026.
Ese peso en el ámbito laboral se traslada también a los espacios de decisión. Cada vez más mujeres acceden a responsabilidades directivas, lo que reduce la distancia histórica entre una amplia presencia femenina en los equipos y una representación más limitada en los órganos de gobierno. Según los datos, el 61,2% de los puestos de dirección en las ONG Acreditadas por Fundación Lealtad está ya ocupado por mujeres. Esto supone un avance de 12 puntos en los últimos cinco años y se sustenta en el análisis de más de 300 organizaciones que cuentan con el sello Dona con Confianza, distintivo que acredita estándares de transparencia y buenas prácticas en la gestión.
La paridad también se observa en los órganos de gobierno, como Juntas Directivas y Patronatos, donde las mujeres representan el 50,9% de los integrantes, frente al 45,3% registrado en 2021. Este crecimiento se extiende a todos los ámbitos, especialmente en las ONG de cooperación al desarrollo, donde el protagonismo femenino en la toma de decisiones ha aumentado de manera notable.
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Liderazgo de la mujer en el tercer sector
Precisamente, desde junio de 2025, una mujer está al frente de la Coordinadora de ONGD de Euskadi. Nerea Uriarte Goitia fue elegida como presidenta en sustitución de Josu Urrutia Beristain (Mundukide). Con una dilatara trayectoria en cooperación internacional y responsable de relaciones institucionales en Garabide, resume así el sentido de su papel: “La Junta de Gobierno me permite conocer de primera mano la diversidad de las organizaciones y el potencial del trabajo que realizamos, además de poder aportar mi granito de arena para transformar el mundo”.
A su lado, está Sonia González Martín, vicepresidenta de la Coordinadora y directora de Paz y Solidaridad Euskadi, quien advierte del momento que atraviesa la ayuda social: “No corren buenos tiempos para la solidaridad, así que toca remangarse y estar en primera línea para defender todo lo conseguido y seguir peleando por lo que queda por conseguir”.
La secretaria, Mónica González Llamazares, delegada de Asamblea de Cooperación por la Paz en Euskadi y Nafarroa, trabaja desde hace más de una década en cooperación y acción humanitaria, incorporando de forma transversal el enfoque de derechos humanos y la mirada feminista.
Más allá de la Coordinadora de ONGD, el liderazgo femenino se extiende por las asociaciones y organizaciones de Euskal Herria. Un ejemplo de ello es Cristina Jiménez, quien dirige la Fundación Profesionales Solidarios, que se encarga de acompañar a a personas en soledad en Nafarroa.
Otra mujer destacada en este ámbito es Sara Garteiz-Gogeascoa. Sara dirige desde 2010 la Fundación Bakuva, ubicada en Bilbao la Vieja, acompañando a menores y jóvenes en situación de vulnerabilidad. Reconoce que es complicado estar al frente de una asociación como Bakuva porque "hay que conseguir recursos constantemente, pero el equipo humano y los voluntarios hacen el trabajo que valga la pena. Sin ellos, el proyecto no sería posible".
Sara Garteiz-Gogeascoa, en los locales de Bakuva, en Bilbao La Vieja.
Brecha en la gestión de recursos económicos
El de la financiación es uno de los principales obstáculos con el que se encuentras muchas directoras de ONG. Las organizaciones lideradas por mujeres manejan un presupuesto medio de 5,7 millones de euros, frente a los 8,9 millones de las dirigidas por hombres. Aunque ellas encabezan más organizaciones, estas suelen ser de menor tamaño.
También cambia la estructura interna: las entidades dirigidas por hombres cuentan con más socios y plantilla contratada, mientras que las encabezadas por mujeres dependen en mayor medida del voluntariado, con cuatro personas voluntarias por cada empleado, frente a 1,7 en el caso masculino.
Las ONG presididas por mujeres registran un gasto medio de 5 millones de euros, frente a los 7,5 millones de las presididas por hombres. El acceso femenino a puestos de responsabilidad crece, pero no lo hace al mismo ritmo la dimensión económica de las organizaciones que lideran.
Mayoría de mujeres voluntarias
El voluntariado también tiene rostro de mujer. Ellas representan la fuerza más constante y visible del tercer sector social, donde su participación marca la pauta de la solidaridad. Según el último informe del Observatorio del Voluntariado, el 58,4% de quienes se implican en tareas solidarias son mujeres.
En cifras absolutas, alrededor de 4,4 millones de personas mayores de 14 años colaboran con alguna organización en labores de voluntariado, lo que equivale a un 10,5% de la población. El perfil predominante es el de una mujer de entre 35 y 54 años, residente en una ciudad de más de 200.000 habitantes, con ingresos elevados y entre cinco y diez años de experiencia en su labor. No todas las áreas atraen por igual: el voluntariado social lidera con un 56,7% de participación femenina, seguido del socio-sanitario (12,2%) y del cultural (11,5%).
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Voluntariado en la CAV
La fotografía estatal encuentra un reflejo nítido en Euskal Herria. En 2025, alrededor de 168.000 personas realizaron voluntariado activo en la CAV, lo que representa aproximadamente el 17% de la población. Detrás de esa cifra hay una realidad aún más significativa: más del 62% de las personas voluntarias son mujeres, según la Estrategia Vasca del Voluntariado 2025.
La brecha de género aparece ya en las edades más tempranas. El estudio Juventud y voluntariado. Euskadi 2025 revela que el 48,4% de las mujeres jóvenes, entre 15 y 29 años, ha hecho voluntariado alguna vez, frente al 41,3% de los hombres. Ellas se inclinan en mayor medida por la acción social y la atención a la infancia y la juventud; ellos concentran su participación en cultura y deporte. Incluso en las nuevas formas de implicación —voluntariado digital o acciones puntuales— la presencia femenina mantiene su peso dominante.
Un grupo de mujeres colabora en la recogida de donativos para la lucha contra él cáncer.
Las mujeres apuestan por el voluntariado en Nafarroa
En Nafarroa, el fenómeno presenta rasgos similares. El segundo Estudio del Voluntariado señala que el 44,4% de la población declara haber participado o participar en actividades solidarias a lo largo de su vida. Seis de cada diez personas voluntarias son mujeres, según datos del Gobierno foral y de la plataforma Navarra + Voluntaria, que agrupa a más de 160 entidades y a miles de personas inscritas.
El perfil coincide con el estatal: mujer de mediana edad, con estudios superiores y residente en municipios de tamaño medio o grande. Su implicación se orienta principalmente hacia acciones sociales, educativas y comunitarias. En organizaciones como la Cruz Roja en Nafarroa, que alcanzó en 2025 las 5.712 personas voluntarias —478 incorporadas solo ese año—, el patrón general apunta también a una mayoría femenina en sus equipos.
Euskal Harria comparten así una tendencia similar: el voluntariado está claramente feminizado. En verano o en momentos de menor disponibilidad, cuando faltan manos, son ellas quienes sostienen buena parte de la estructura solidaria. Más allá de los porcentajes, lo que dibujan los datos es una evidencia: el compromiso social tiene rostro de mujer y una constancia que, lejos de ser episódica, forma parte de la arquitectura cotidiana de ambas comunidades.
Ya sea como voluntarias o como empleadas, las mujeres son cada vez en el tercer sector. En los próximos años se prevé que su presencia siga aumentando y se consolide un poco más su liderazgo.