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Las hospitalizaciones por la enfermedad de Lyme suben un 232% en Euskadi en 15 años

Imagen de una garrapata.

El número de hospitalizaciones por la enfermedad de Lyme, una patología infecciosa causada por una bacteria que transmiten las garrapatas a humanos y animales, se ha triplicado en los últimos 15 años en España y en el caso de Euskadi ha subido un 232 %. Así se desprende del boletín epidemiológico específico para esta enfermedad, de la que este martes se celebra el Día Mundial, que ha elaborado con datos del periodo 2005-2019 el grupo responsable de la vigilancia epidemiológica de Lyme en el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).

En este periodo se contabilizaron en nuestro país 1.865 pacientes hospitalizados, lo que se traduce en un incremento del 191,8 en esos 15 años y una tasa media de ingresos de 0,28 por 100.000 habitantes. Por sexos, la mayoría de los enfermos fueron hombres (58,71 %) y, por edad, mayores de 65 años (34,48 %). La presentación clínica más frecuente fue la neurológica.

Los expertos han observado un aumento generalizado en todas las autonomías y una mayor distribución territorial de la enfermedad: las comunidades con las cifras más altas fueron Asturias (16,38 %), Galicia (13,46 %) y Cataluña (9,8 %), aunque los mayores incrementos se dieron en Navarra (363 %), Cataluña (268 %), País Vasco (232 %) y Murcia (238 %). Menos acusado fue el incremento en Castilla la Mancha (16,1%), Castilla y León (68,2) y Aragón (84,4%). Extremadura fue la única en la que las hospitalizaciones descendieron, más de un 80 %.

De esta forma, el boletín constata que el mayor número de pacientes hospitalizados se da en la zona norte de España, coincidiendo con las áreas endémicas; las actividades profesionales ordinarias en el territorio rural (forestales o agropecuarias) son compatibles con estos resultados.

La enfermedad de Lyme o borreliosis es una infección bacteriana causada por una bacteria generalmente transmitida por la picadura de una garrapata dura (en Europa la más común es la Ixodes ricinus). El mayor riesgo de desarrollar la enfermedad, que sin el tratamiento adecuado se cronifica, es en primavera en zonas no húmedas y en verano en regiones húmedas, coincidiendo con las fases más activas del vector.

Tras un periodo de incubación de 3 a 32 días aparecen los síntomas de la fase precoz localizada: el signo inicial característico es el Eritema migrans, una lesión cutánea tras la inoculación que, aunque aparece en un 70-80 % de los casos, puede pasar desapercibida y suele acompañarse de un síndrome pseudogripal.

Si la enfermedad no se trata, avanza a la fase precoz tardío que puede darse hasta 3 meses tras la picadura, con eritema múltiple y/o manifestaciones neurológicas, cardiacas y/o articulares agudas; la fase crónica, que llega meses o años después, se caracteriza por la presencia de neuroborreliosis terciaria y/o artritis persistente de, al menos, 6 meses de duración y/o manifestaciones cardiacas. El pequeño tamaño de las larvas o ninfas de la garrapata, una picadura indolora y la falta de especificidad clínica hace que esta enfermedad, que es de declaración obligatoria en España desde 2015, se diagnostique tardíamente.

18/05/2022