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Mientras sus creaciones desfilaban en el Instituto Europeo di Design de Madrid “yo estaba en Londres”, así que no pudo experimentar en primera persona las últimas puntadas y nervios del backstage. “Es algo que arrastro”, pese al afecto con el que le arroparon sus compañeros de la Central Saint Martins y la brillantez con la que se desempeñó su equipo. A Peio Santisteban se le presentarán, sin duda, más ocasiones de recorrer la pasarela para agradecer el reconocimiento a su trabajo. Y es el que el diseñador de Zalla ganó el Fashion Talent Award por esa propuesta que encarna lo aprendido y traslada a la moda la pregunta: ¿quién decide qué es un monstruo?
Se trata de 25 prendas “de las que se han materializado seis” confeccionadas por él mismo “porque en una colección de graduación no quedan demasiado espacio, presupuesto ni tiempo”. Algunos de los looks desfilaron, además, en la Semana de la Moda de Madrid, incluso en la cita inaugural y también caminaron por los imponentes jardines de Sabatini, junto al palacio real.
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Presentó vestidos “muy dramáticos” una delicada elaboración artesanal que implica horas y horas “tanto de confección como de patronaje y con telas muy etéreas, que se mueven”. Justamente, le interesaba “esa idea del movimiento, de envoltura, de trabajar con materiales muy primarios, como la seda o el cuero desde esos bordes a menudo recortamos simplemente para sacar el patrón, las texturas que pueden simbolizar el roído del tiempo y que todo ello sea precisamente la parte bonita” para bordar un mensaje.
Perspectiva e identidad propias
Bajo la premisa de imprimir una “perspectiva propia que me diese una identidad, a lo que los diseñadores aspiramos”, buceó en “la historia del arte, la ópera y la música, que siempre me han movido”. Así fue como, durante un viaje a París, Peio se percató de que observaba las obras “del museo D´Orsay o del Louvre” desde otro prisma. En las bailarinas de Degas, por ejemplo, intuía el sufrimiento tras vivencias “realmente turbias, cuando se les rompían los huesos y no podían seguir bailando en la ópera Garnier, se las drogaba con opio y se las mantenía”.
Peio quiso que esos personajes representaran “no solo una memoria que hemos retratado de una forma bella en un lienzo, sino también estas virtudes e historias que nunca se han contado trayéndolo a nuestra sociedad actual”. Es decir, ¿cómo tratamos nosotros a las personas que viven a nuestro alrededor y cómo hemos asimilado que en los museos existe como esta violencia implícita y explícita dependiendo de dónde lo queramos mirar y la hemos traído hasta el día de hoy en el sentido de que influye en la manera en la que miramos y tratamos a las personas?”
Alto nivel "poco habitual en un trabajo fin de carrera"
El jurado elogió en su valoración que Flores para un monstruo presenta “una estructura conceptual sólida, apoyada en una investigación profunda y una traducción visual cargada de teatralidad y misterio”. Plasmada en cuanto a la técnica con el alto “nivel constructivo” que refleja “unos estándares poco habituales en un proyecto de fin de carrera”.
Una proyección que se extiende a su enriquecedora estancia en Londres gracias a una beca de la Central Saint Martins, “una de las mejores universidades del mundo” en lo que a moda se refiere, donde “han estudiado los más grandes, desde Mc Queen a Galliano y de repente me vi allí compartiendo espacio para crear”.
Visión contemporánea del maestro de Getaria
Peio participa en el proyecto Transmissions, que supervisa el museo Balenciaga de Getaria. Supone “ayudar a crear una visión contemporánea de lo que los jóvenes podemos entender como el nuevo Balenciaga desde nuestro universo personal, desde nuestras referencias y cultura”. En este “máster a toda velocidad en el que nos extraen de nuestra zona de confort para experimentar y llevarnos a nuestro máximo potencial”, el de Zalla se ha sumergido en la cultura vasca.
Lo compagina con trabajos editoriales “de Vogue, Harper´s Bazaar, Vanidad, Elle México...” que demandan sus creaciones. De hecho, “hace poco un vestido viajó a Dubai para Bulgari” y Laura Ponte se enfundó una propuesta de Peio que se expuso en el Museo del Traje, como ya Nieves Álvarez se quedó prendada de uno sus vestidos. “Soy feliz y seguiré creando ropa, pero me gustaría entrar en alguna marca para ver cómo funciona la industria desde dentro” y quién sabe si acabar fundando la suya.