España se colgó su segunda estrella mundialista en una trabajada final que fue un monólogo del equipo de Luis de la Fuente. Las estadísticas del encuentro dibujan un partido de un solo sentido, donde el combinado español impuso su ley de principio a fin frente a una albiceleste incapaz de generar peligro hasta los últimos minutos de la prórroga, cuando el gol de Ferran Torres les ponía contra las cuerdas. Solo las paradas del 'Dibu' Martínez evitaron un marcador más abultado.
El dominio de España se cimentó en el control de la posesión, registrando un 65%. Esa tenencia del balón se transformó en una amenaza constante, principalmente en la segunda parte y en la prórroga, abriendo el campo con 20 centros y forzando hasta 9 saques de esquina.
El dato más demoledor: España realizó 12 disparos a puerta, mientras que Argentina no logró inquietar a Unai Simón ni en una sola ocasión entre los tres palos. La métrica de goles esperados (xG) confirma esta superioridad, con un 1,73 del equipo español frente a un paupérrimo 0,17 del cuadro argentino.
Sin capacidad de conectar con sus atacantes -que apenas lograron forzar un fuera de juego y registraron un único tiro desviado en los 90 minutos-, la albiceleste se atrincheró a la espera de una genialidad de Messi que no llegó. El 'dios' argentino estuvo muy desdibujado, sin chispa, superado continuamente por la zaga española, y solo dio muestras de su peligrosidad tras el gol de Ferran.
El 'Dibu' se erigió como la única figura salvadora de la noche, completando hasta 11 paradas que evidenciaban el constante acoso español.
Ante la superioridad de España, Argentina apostó por la dureza. El combinado albiceleste cometió 25 faltas -por 21 de España- para frenar la circulación de los de Luis de la Fuente. Este exceso de agresividad fue castigado por el colegiado con 7 tarjetas amarillas y una expulsión por doble amonestación a Enzo Fernández tras una dura entrada a Cubarsí en la recta final del partido, que dejó a Argentina con 10 jugadores en la prórroga.