Esta Real Sociedad no tiene contratiempo que le suponga un imposible. Su querencia por remontar partidos, algo impensable hasta la llegada de Pellegrino Matarazzo, le ha otorgado la posibilidad de alcanzar las semifinales de este torneo y situarse cerca de un objetivo que se propuso en verano..
Lo hizo contra Osasuna, al que igualó un 0-2 a favor de los navarros para llevar el partido a la prórroga y decidirlo en los penaltis, y lo volvió a hacer ayer en Mendizorroza cuando el Alavés ganaba 2-1 y Remiro le paró un penalti clave a Toni Martínez que, de no hacerlo, hubiera supuesto el 3-1 y casi con toda probabilidad el final del sueño de alcanzar una nueva final.
Lo cierto es que esa jugada supuso un punto de inflexión positivo para los intereses del equipo guipuzcoano. La Real se vino arriba emocionalmente, todo lo contrario que el conjunto local que vio como había desperdiciado la posibilidad de cerrar el duelo y plantarse en semifinales.
A partir de esa acción el espíritu Matarazzo apareció en el campo. Un entrenador que sigue alargando la leyenda de la buena suerte, más allá de otros logros deportivos. Y es que a esta Real le ha pasado ya de todo y sigue sacando adelante los partidos y las eliminatorias. Ya se ha medido a equipos como Atlético de Madrid, Getafe, Barcelona, Celta, Athletic, Osasuna y Alavés, y ninguno le ha ganado, aunque alguno lo haya tenido en la mano.
Ahora, toca esperar adversario en las semifinales. Por unas cosas o por otras, ninguno será fácil, aunque el coco sea el Barcelona de Hansi Flick. Sin embargo, con la capacidad de resistencia, confianza y espíritu ganador que le ha insuflado la llegada del nuevo entrenador a esta Real, cualquier cosa puede pasar. Y esta sensación es maravillosa.