En un momento clave para el relevo generacional y la transformación del mundo rural, la presencia de mujeres se perfila como un motor de cambio imprescindible. Pili Ibáñez de Garaio, directora de Fraisoro Eskola LHII, subraya la importancia de atraer y formar a más mujeres, visibilizar referentes y transformar el imaginario del sector para construir un futuro más diverso y sostenible.
Desde Fraisoro Eskola LHII, ¿qué iniciativas concretas están impulsando para fomentar la incorporación de mujeres en el primer sector, y qué evolución han observado en los últimos años?
La primera iniciativa es captar alumnas y normalizar su presencia en el primer sector. En la mesa sectorial, la escuela representa el primer eslabón de la cadena, ya que es el espacio donde el alumnado se forma para incorporarse en el futuro a empresas agrícolas y/o ganaderas. Por ello, es importante atraer y formar al mayor número posible de mujeres, para que puedan tener una presencia creciente tanto en el sector como en las explotaciones. Entre las acciones que impulsamos, destaca la organización, cada dos o tres años, de una jornada de encuentro con exalumnos y exalumnas que comparten sus experiencias profesionales. En estos encuentros, aproximadamente la mitad de las personas participantes son mujeres. Asimismo, es importante poner en valor que contamos con un número significativo de profesoras, que son ejemplo y referencia para estas alumnas.
El imaginario colectivo del baserri ha sido históricamente masculino. ¿Cree que esa narrativa sigue influyendo en las decisiones profesionales de las jóvenes?
Sin duda. Aunque las mujeres siempre han trabajado en el primer sector, esta imagen tradicional ha tendido a invisibilizar su contribución y a reforzar estereotipos que asocian la explotación rural con la fuerza física y con roles masculinos. Como consecuencia, algunas jóvenes pueden sentirse menos identificadas con el sector o percibirlo como un ámbito menos accesible, lo que condiciona su proyección profesional. Por ello, cambiar esta narrativa y visibilizar a mujeres liderando explotaciones, cooperativas o proyectos innovadores es fundamental para que las jóvenes se planteen el mundo rural como un camino propio, donde el talento, la innovación y la gestión no dependen del género, sino de la capacidad y la motivación de cada persona. La transformación de este imaginario es esencial para atraer talento femenino, impulsar la diversidad y garantizar un futuro rural más inclusivo y sostenible.
¿Estamos logrando transmitir que la agricultura y la ganadería actuales también son espacios de tecnología, innovación, sostenibilidad y emprendimiento, o sigue pesando una imagen demasiado tradicional?
Aunque el sector primario ha evolucionado enormemente en las últimas décadas, todavía pesa una imagen excesivamente tradicional. Muchas personas continúan asociándolo con trabajos exclusivamente físicos, rutinas manuales y explotaciones familiares clásicas, cuando en realidad se trata de un ámbito profundamente transformado por la tecnología, la innovación, la sostenibilidad y el emprendimiento. La digitalización de las explotaciones, el uso de drones, sensores y 'software' de gestión, la incorporación de prácticas agroecológicas y el desarrollo de nuevos modelos de negocio convierten hoy al primer sector en un espacio profesional altamente técnico, especializado y creativo. Sin embargo, estas innovaciones no siempre se comunican de manera suficientemente visible, lo que dificulta que más jóvenes se planteen el sector como una opción atractiva y moderna. Transmitir con claridad que el primer sector es estratégico, innovador y lleno de oportunidades es esencial.
Cuando hablamos de igualdad en el sector primario, a menudo se plantea en términos éticos. Pero, desde un punto de vista empresarial, ¿qué pierde el sector si no incorpora plenamente el talento femenino?
De entrada, se pierde el 50 % del talento disponible en el mercado laboral. Conviene recordar que, históricamente, aunque ese talento femenino siempre ha estado presente en las empresas del primer sector, rara vez ha tenido visibilidad o reconocimiento. Hasta no hace tantos años, el hombre trabajaba y cotizaba por cuenta ajena, mientras que la mujer asumía la responsabilidad de sacar adelante la familia y la explotación, sin cotizar. En la sociedad actual, las mujeres están ganando visibilidad, reconocimiento y derechos en todos los ámbitos. Esa evolución también debe trasladarse al primer sector.
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La presencia en órganos de decisión es clave para transformar cualquier sector. ¿Diría que el primer sector está avanzando en liderazgo femenino o sigue siendo una asignatura pendiente?
En el primer sector, la presencia femenina en los órganos de decisión continúa siendo, en gran medida, una asignatura pendiente, aunque es cierto que se perciben avances progresivos. Históricamente, la toma de decisiones en explotaciones, cooperativas y asociaciones agrarias ha estado dominada por hombres, lo que ha limitado la visibilidad, la influencia y las oportunidades de liderazgo de las mujeres. No obstante, cada vez más mujeres acceden a puestos de gestión y coordinación, liderando proyectos innovadores, cooperativas e iniciativas vinculadas a la sostenibilidad y la transformación del sector. Este avance no solo supone un paso importante en términos de igualdad de oportunidades, sino que también enriquece la manera de gestionar, incorporando diversidad de perspectivas, mayor capacidad de innovación y modelos más colaborativos y resilientes. Aunque todavía queda camino por recorrer, consolidar la presencia femenina en los órganos de decisión es fundamental para construir un primer sector más inclusivo, innovador y preparado para afrontar los retos del futuro.
Planificación colaborativa
El modelo tradicional del sector ha exigido disponibilidad total. ¿Cómo se puede rediseñar para que la corresponsabilidad y la conciliación formen parte estructural del sistema y no dependan de esfuerzos individuales?
A menudo se percibe que trabajar en el sector primario implica estar disponible todo el día, pero esta idea no refleja la realidad. Muchas de las tareas pueden organizarse y planificarse, y aunque existen momentos críticos, las explotaciones y proyectos no requieren una dedicación absoluta, sino un enfoque de trabajo planificado y eficiente. Rediseñar el modelo implica reconocer que la conciliación y la corresponsabilidad pueden incorporarse de manera estructural, distribuyendo funciones, flexibilizando horarios y promoviendo la planificación colaborativa. De este modo, el sector se vuelve compatible con otras responsabilidades personales, sostenible y atractivo, facilitando que quienes deciden desarrollarse en él puedan hacerlo sin sacrificar su vida familiar o personal.
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El relevo generacional es uno de los grandes retos del mundo rural. ¿Puede la incorporación de más mujeres ser una palanca estratégica para garantizar ese futuro?
Sí, la incorporación de más mujeres constituye una palanca estratégica clave para el relevo generacional y la fijación de población en el mundo rural. Su participación no solo incrementa el número de personas activas en el sector, sino que también aporta diversidad, innovación, sostenibilidad y nuevas formas de gestión. Las mujeres tienden a impulsar proyectos cooperativos, transformar productos locales y desarrollar modelos más resilientes y colaborativos, fortaleciendo así la continuidad de explotaciones y comunidades rurales. Integrarlas de manera plena garantiza un futuro rural más dinámico, inclusivo y sostenible, donde el talento se valore y reconozca sin importar el género.
Si tuviera que desmontar un solo mito sobre la mujer y el primer sector, ¿cuál elegiría y por qué?
“El primer sector es un trabajo demasiado duro físicamente para las mujeres”. Este mito ha servido históricamente para justificar la invisibilización femenina, cuando en realidad las mujeres siempre han estado presentes en la agricultura, la ganadería y el medio rural, muchas veces sin reconocimiento formal. La dureza del trabajo no depende del género, sino de la organización y de la tecnología empleada. Hoy, el sector primario incorpora mecanización, digitalización, gestión técnica y planificación empresarial, lo que hace que las competencias requeridas sean tanto administrativas, innovadoras y estratégicas como físicas. Las mujeres desempeñan todas estas funciones: desde la gestión de explotaciones hasta la transformación agroalimentaria, la comercialización directa y la implementación de modelos ecológicos y sostenibles. Este mito, por tanto, no refleja la realidad: el primer sector es un espacio de oportunidad y liderazgo para todas las personas, independientemente de su género.