Más de cuatro décadas dan para muchos clics. Los suficientes para que Santi Mendiola haya ido componiendo un particular retrato de Oñati: sus paisajes, sus calles, sus fiestas, sus montes, sus tradiciones... La fotografía ya estaba presente en su vida, pero fue en 1974 cuando empezó “más en serio”, después de que su padre le trajera de Canarias la cámara que había pedido. Desde entonces, ha ido guardando instantes que ahora abandonan el archivo para hacerse libro. 'Oñati nere begiradatik', con 105 imágenes “muy especiales”, se presentará este miércoles a las 18.00 horas en Kultur Etxea.
Hace dos años, su cuñada Lukene Igartua comenzó a insistirle para que reuniera todo este material y le diera forma. Santi, de entrada, no estaba demasiado por la labor. Hasta que un día cambió de idea. “Le di vueltas al tema y dije: ¿Y por qué no?”, cuenta.
El ejemplar recoge estampas representativas de la localidad, a través de cuatro apartados: monumentos, calles, naturaleza y cultura. Están la universidad, la parroquia y sus retablos, ermitas, los paisajes de Aloña, el Corpus, el Herri Eguna… y esos rincones que forman parte del día a día de la villa. Apenas hay palabras en sus páginas, más allá del texto de apertura. Mendiola ha querido dar todo el protagonismo a las imágenes. “Las fotos que se han incluido hablan por sí solas”, señala entusiasmado.
Mendiola con el libro que presentará en Kultur Etxea, ilustrado en su portada con una imagen de Oñati tomada desde la Torre Zumeltzegi.
Conocedor de los escenario que inmortaliza
Muchas de las instantáneas no nacieron pensando en una futura publicación. Algunas surgieron al encontrarse con una escena durante un paseo o un acontecimiento; otras fueron buscadas expresamente. Mendiola domina los escenarios que recorre y sabe cuándo merece la pena regresar. La portada, una vista de Oñati tomada desde la Torre Zumeltzegi, es precisamente una de las tomas que guarda con especial cariño. Esa combinación de conocimiento del entorno y paciencia está detrás de buena parte de su trabajo: saber reconocer las condiciones adecuadas y esperar el momento oportuno.
Llegar a la selección definitiva exigió revisar un archivo mucho más amplio. Santi partió de unas 250 fotografías y, tras una primera criba, trabajó con su sobrina Izar Mendiola en la elección de las imágenes. Él aportó el material, mientras ella se encargó del diseño y la maquetación. Tío y sobrina fueron revisando el conjunto hasta completar la entresaca, que dejó el resultado final en más de un centenar de fotos.
La tarea se vio facilitada por un archivo que este fotógrafo oñatiarra mantiene cuidadosamente ordenado por años y temas. Además, acostumbra a elaborar un calendario familiar con sus 'retoños gráficos', una iniciativa que le ha llevado a revisar periódicamente su producción.
Afición cultivada con constancia
Mendiola nunca se ha dedicado profesionalmente a este arte. Lo suyo ha sido siempre una afición, aunque cultivada con constancia durante décadas. A lo largo de más de treinta años tuvo un laboratorio en casa, donde revelaba sus propios trabajos en blanco y negro. Después llegó el salto al mundo digital y, con él, una nueva etapa de aprendizaje. Tras la prejubilación, se formó por su cuenta mediante tutoriales y autores especializados, hasta familiarizarse también con las nuevas herramientos de edición.
La cámara es, asimismo, una compañera habitual de sus viajes, especialmente cuando el destino ofrece patrimonio y arquitectura. Iglesias, catedrales, retablos y detalles arquitectónicos figuran entre sus principales intereses. En Oñati, sin embargo, su trabajo ha estado ligado tanto a los grandes acontecimientos como a la vida cotidiana. Ha acudido -y acude- con su cámara allí donde “se mueve alguna cosa”: fiestas, carnavales, conciertos, tamborradas y otras celebraciones.
De toda esta larga andadura no tiene, sin embargo, una única imagen preferida. “Todas tienen algo”, resume. Cuando comparte su trabajo, además, suele acompañarlo con la historia del lugar o alguna explicación sobre lo que hay detrás. Más que limitarse a mostrar, busca también contextualizar y aportar, como dice él, “un poco de culturilla general”.
Entre las satisfacciones que le ha proporcionado su pasión por la fotografía, hay una que aflora con intensidad: una de sus obras fue seleccionada para un sello conmemorativo del 800 aniversario de la Catedral de Burgos. No tiene, sin embargo, una foto preferida. "Todas tienen algo", resume. Esa misma mirada le lleva a acompañarlas, cuando las comparte, con la historia del lugar o alguna explicación sobre lo que se esconde detrás de la escena. Más que limitarse a mostrar, busca también contextualizar y aportar, como dice él, "un poco de culturilla general".
Desde aquella cámara que le llegó de tierras canarias hasta el actual archivo digital ha pasado tiempo, han cambiado la tecnología, pero no la curiosidad por mirar y conservar aquello que para Santi merece ser recordado.
Un legado para el pueblo
Ese recorrido explica ahora el deseo de recopilar y compartir una parte importante de esta trayectoria. “El propósito de este libro es dejar un legado para el pueblo y, al mismo tiempo, ofrecer un escaparate que ponga en valor y dé a conocer el rico patrimonio oñatiarra”, manifiesta.
Tras su presentación este miércoles, 'Oñati nere begiradatik' estará a la venta en las librerías por 30 euros. Entre sus imágenes hay una dedicatoria para Inés, su mujer. Santi quiso guardarle la sorpresa hasta el final, como reconocimiento a quien ha compartido de cerca todos estos años con la cámara al hombro. “Quiero dedicar este trabajo en especial a mi compañera Inés por su paciencia y apoyo en esta aventura fotográfica”, se lee en las últimas páginas.