Por segundo año, Ana Mari Llaguno ha disfrutado de Gangas Eguna desde la barrera. Uno de los estandartes de la cebolla morada de Zalla se retiró con la satisfacción de haber impulsado el plato estrella de la gastronomía local a todo tipo de mesas: desde las más selectas a los platos cotidianos, pero sigue conectada de alguna manera. “Esta mañana le he acompañado” para preparar todo en el puesto asignado en la plaza Euskadi decía sobre Álex Rodríguez, su pupilo, a quien ha instruido en los secretos del cultivo artesanal.
Por desgracia, encontrar el relevo no responde a la tónica general. “No lo veo fácil porque no está la coyuntura como para poder vivir de ello yendo la vida como va”, ha expuesto Ana Mari, argumentando que las prisas se comen a menudo a la gastronomía tradicional. “Falta tiempo para ir al mercado, para organizarnos en el caserío, para cocinar…” entre un ritmo frenético, trabajos absorbentes y familias más reducidas, resulta complicado “que una persona asuma el trabajo al completo si lo comparamos con cómo funcionábamos en el caserío, siempre contábamos con más apoyo”, todos contribuían al funcionamiento doméstico.
La propia feria ha evolucionado, antes “se sacaban unas calabazas de un tamaño que no se podían ni mover para traerlas”, ha comparado. Pero prefiere mantenerse optimista. El mercado semanal de los miércoles en Zalla “sí que registra movimiento”.
Lo corrobora el propio Álex Rodríguez, que acude puntualmente. Aunque los mayores conforman mayoritariamente la clientela, ya que la juventud generalmente no puede por horario, por estudios o trabajo. ¿Cómo acercarles los productos de la tierra para que los empleen entre fogones y no se pierdan? “Estamos barajando alternativas que los hagan más accesibles: establecer un punto de venta, elaborar cestas…”, que irán concretando. Para ello necesitan que la materia prima responda y el cambio climático lo complica cada vez más. Sin ir más lejos, tras las sucesivas olas de calor que en junio dispararon los termómetros en Enkarterri hasta los 45 grados, “las cebollas han salido pequeñitas”. En una feria como Gangas “vendemos prácticamente todo”.
A Ana Mari Llaguno le apena profundamente que “con lo que hemos conseguido” potenciando la cebolla morada “ahora se retrocediera”. Incluso del producto más emblemático de Zalla dio lugar a Enkarterri Fest, el evento gastronómico celebrado a finales de mayo en los jardines que rodean el edificio consistorial. Ahí se presentó la escultura de una cebolla gigante elaborada por el artista de la localidad Luis Yerbes, conocido como Bortedo, que a lo largo del día de hoy ha vuelto a triunfar como photocall junto al que inmortalizarse.
El palmarés de Gangas Eguna ha vuelto a reservar, además, un espacio a la cebolla morada con un reconocimiento que este año ha recaído en Edurne Asensio, de Güeñes. Por su parte, en el resto de las categorías se han impuesto Biortzatuxu Baserria (plantas), Lorez Lore (miel), Txa Txabarri (txakoli), Crosta (pan), Ricardo Remiro (queso), Uxarbeiti Baserria (fruta) y Biortzatxu Baserria (hortalizas)
Homenaje a Alberto Portilla
Otro apartado especialmente emotivo ha sido el reconocimiento a una figura relevante del sector primario de Zalla. Este 2026, Alberto Portilla, a quien el alcalde, Unai Diago, ha querido dedicar unas palabras de agradecimiento “por su compromiso y el trabajo con un valor tremendo que están desarrollado desde Carnicería Juantxu porque todos conocemos lo difícil que es hacer que las cosas funcionen” en ese campo, así que “Enkarterri está en deuda con Alberto y la gente como él”.
Natural de Artzentales, Alberto Portilla entró a trabajar en la carnicería “a los 18 años, pronto cumpliré 25 allí”, ha recapitulado el protagonista sin ocultar “la ilusión” del premio. Durante años se ha dedicado también al arrastre de piedra, pero “ya lo he dejado” y cría “45 ovejas, doce pirenaicas, cuatro caballos y cinco cerdos”.