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La Fórmula 1 ha comenzado a rectificar antes incluso de que la nueva generación de monoplazas haya tenido tiempo de asentarse. El Consejo Mundial del Automóvil de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) ha aprobado hoy una modificación del reglamento técnico que reducirá el peso de la parte eléctrica en las unidades de potencia previstas para 2027 y 2028, una decisión que responde en gran medida a las críticas acumuladas durante los últimos meses por pilotos, equipos y aficionados, que consideran que la conducción se ha vuelto demasiado artificial.
La medida llega apenas dos semanas después de que la FIA alcanzara un principio de acuerdo con las escuderías para revisar el reparto energético de motores de cara al futuro. El objetivo es devolver parte del protagonismo al apartado de combustión.
Con la nueva normativa, la distribución entre potencia térmica y eléctrica pasará del 53% y 47% inicialmente previsto –así es como se está corriendo en la actualidad– al 58% y 42% en 2027, mientras que en 2028 evolucionará hasta el 60% y 40%. La FIA también ha confirmado que modificará el flujo de combustible, que habrá cambios en los sistemas de recuperación de energía y una mayor flexibilidad para la gestión energética durante las carreras.
El cambio supone admitir que se ha fracasado
Después de siete carreras disputadas bajo un nuevo reglamento, esta temprana revisión supone admitir que el modelo diseñado no está siendo un éxito. La Fórmula 1 apostó por unidades de potencia con una aportación eléctrica cercana a la mitad de la potencia total, una filosofía promovida por el reto de aportar sostenibilidad a la competición. Sin embargo, el modelo ha dado marcha atrás.
Las críticas se hicieron públicas desde muy pronto. Uno de los más contundentes fue Max Verstappen, que llegó a definir los futuros coches como una “Fórmula eléctrica con esteroides”. El piloto de Red Bull advirtió en varias ocasiones de que el rumbo elegido alejaba a la categoría de la esencia que históricamente la ha caracterizado y llegó a insinuar que podría plantearse su retirada si la situación no cambiaba.
Se atiende a las críticas, pero sigue adelante la electrificación
Ahora la sensación generalizada es que la Fórmula 1 ha atendido a las críticas, pero sin renunciar por completo a la estrategia de electrificación que ha marcado el desarrollo reglamentario de los últimos años, en concreto desde 2014, cuando se introdujeron los motores híbridos en lo que pasó a conocerse como Era híbrida.
La FIA defiende que el nuevo equilibrio permitirá mantener los compromisos medioambientales de la competición sin comprometer el espectáculo. Ahora habrá que comprobar si los cambios aprobados son suficientes para satisfacer a todos los agentes involucrados. En cualquier caso, el debate parece estar lejos de cerrarse. A más de un año de la entrada en vigor de la nueva normativa, la Fórmula 1 sigue buscando el punto exacto donde convivan innovación, sostenibilidad y espectáculo.