La crisis de legionella que se originó el pasado diciembre en el edificio del bloque técnico del aeropuerto de Loiu, situado a escasos metros de la terminal, no ha tenido ningún tipo de consecuencia sanitaria. Así lo constatan desde la dirección del propio aeródromo, respecto a un inmueble donde hoy, por un proceso de cloración de las tuberías, se ha prohibido a los trabajadores abrir el grifo para beber agua, ingesta que puede realizarse mediante los bidones que hay instalados como en la mayoría de empresas y oficinas. Una directriz que se ha fijado para una determinada serie de horas ante un problema que se originó hace mes y medio por la aparición de la citada bacteria, que no habría causado contagios aunque falta por verificar aún que haya podido desaparecer por completo de los conductos de este bloque, ajeno al tránsito de los pasajeros.
"Los resultados de las analíticas realizadas en las últimas semanas en el bloque técnico han resultado negativas, salvo una, que se ha situado justo en el límite inferior que marca la normativa", certifican desde la dirección del aeropuerto, que incide en que "se está siguiendo el procedimiento y por prevención se ha realizado una hipercloración extraordinaria del agua de todo el edificio, adicional a las que periódicamente se llevan a cabo en el mantenimiento habitual. Además, se está informando puntualmente a los trabajadores y en cuanto todos los análisis recibidos sean satisfactorios se recuperará el servicio habitual".