La nostalgia vende. Y cada vez más. El interés de los adultos por recuperar juguetes y objetos vinculados a su infancia ha dejado de ser una tendencia puntual para convertirse en un fenómeno internacional bautizado como kidult, un término que hace referencia precisamente a quienes, pese a ser adultos, mantienen o recuperan el interés por los juguetes y el coleccionismo.
El fenómeno tiene un componente económico evidente. Muchos de estos compradores tienen capacidad para gastar dinero en figuras, miniaturas, ediciones especiales y colecciones completas, ya sea para regalárselas a sus hijos o para conservarlas ellos mismos.
La fiebre por algunas colecciones ha llegado a tal extremo que determinadas jugueterías han empezado a colocar una advertencia que, a primera vista, puede resultar sorprendente: "Prohibido pesar".
La razón no tiene nada que ver con la báscula de un baño. El objetivo es evitar que los clientes pesen las llamadas blind boxes o cajas sorpresa antes de comprarlas, intentando averiguar de antemano qué figura contienen.
Qué son las 'blind boxes' y por qué se han hecho tan populares
Las blind boxes son envases cerrados que contienen una figura coleccionable, un muñeco o un accesorio cuyo diseño concreto no se conoce hasta que el comprador abre la caja.
Ese componente de sorpresa forma parte precisamente del atractivo del producto. El consumidor sabe qué colección está comprando, pero no cuál de las piezas concretas le ha tocado.
En los últimos años, este modelo se ha popularizado especialmente gracias a colecciones como Sonny Angels o Labubus, que han generado una enorme expectación entre coleccionistas y usuarios de redes sociales.
El funcionamiento recuerda en cierta medida a los cromos: hay diferentes modelos, algunos más comunes que otros, y quienes quieren completar una colección terminan adquiriendo varias unidades para intentar conseguir las piezas que todavía les faltan.
La diferencia es que, en este caso, el comprador no sabe qué hay dentro hasta que abre el envoltorio. O al menos esa es la idea, porque algunos coleccionistas han encontrado una forma de intentar adelantarse al azar.
El fenómeno de las cajas sorpresa ha revolucionado a los Millenials.
El truco de la báscula para adivinar la figura
La clave está en el peso. Dependiendo del muñeco o accesorio incluido, el contenido de una caja puede tener unos gramos de diferencia respecto a otra, incluso dentro de una misma colección. Con suficiente información, algunos compradores han comenzado a utilizar esas diferencias para intentar identificar qué figura hay dentro sin necesidad de abrir el paquete.
La técnica consiste en pesar varias cajas y comparar sus resultados con tablas que circulan por internet. En ellas aparecen referencias con los gramos aproximados que corresponderían a cada uno de los personajes o accesorios de una colección.
Para realizar el cálculo se tiene en cuenta no solo la figura, sino también el peso del envase, el material utilizado o incluso la forma y los elementos que acompañan al muñeco.
Las tablas de pesos se han viralizado
El método no se limita a unos pocos coleccionistas. En internet pueden encontrarse publicaciones y vídeos en los que los usuarios comparten sus propias mediciones y elaboran guías de peso para intentar averiguar qué contiene cada caja.
Uno de los ejemplos que ha llamado la atención es el de determinadas colecciones de Mini Brands, que incluyen pequeñas reproducciones de productos y personajes de Disney y en las que el peso puede proporcionar pistas sobre el contenido.
La práctica ha dado un paso más allá de las redes sociales. Algunos compradores acuden directamente a las jugueterías con pequeñas básculas portátiles para pesar las cajas antes de decidir cuál llevarse a casa. No necesitan abrir el producto ni romper el precinto, simplemente comparan el peso de varias unidades, consultan las referencias que han recopilado previamente y eligen aquella que creen que corresponde a la figura que están buscando con un objetivo: reducir el número de compras necesarias para completar una colección.
La posibilidad de identificar el contenido antes de abrir la caja modifica la dinámica del producto. Esto ha provocado que algunas jugueterías hayan optado por una solución sencilla: colocar carteles en los que se recuerda a los clientes que no está permitido utilizar básculas para comprobar el peso de las blind boxes.