A buen seguro, el resultado final de la intervención contará con defensores y detractores, pero el objetivo se ha cumplido: la Cruz de Gorbeia ya está lista para seguir recibiendo a montañeros sine die a sus 1.482 metros de altitud. Esa es la pretensión del proyecto de reparación y mejora de la cimentación del simbólico monumento, impulsado por las diputaciones forales de Bizkaia y Araba.
Con una inversión de 167.742 euros, sufragada a partes iguales por ambas administraciones, el eje principal de la actuación ha sido reforzar y estabilizar la base de su estructura mediante un anillo de hormigón que protege los cuatro pilares sobre los que se asienta. El detalle final ha consistido en rodear todo su perímetro en acero negro, del mismo color que la Cruz.
Y todo ello se ha realizado manteniendo en el mismo lugar en el que fue colocada en 1963 la querida imagen de la Virgen de Begoña, situada a los pies de la Cruz y mirando hacia Bizkaia. Eso sí, el interior del anillo, hasta el pedestal que sujeta la escultura, ha sido rellenado con material de la excavación, grava y tierra.
Imagen de la Cruz de Gorbeia con su anillo de hormigón
Y alrededor de esta nueva base de hormigón se ha colocado una capa de piedras -su nombre técnico es encachado- para proteger la zona de mayor tránsito.
Proyecto terminado
Operarios de la empresa Izar Gestión, Conservación y Construcción S.L, adjudicataria de los trabajos, aún se encuentran en la cima con los últimos detalles, limpiando el entorno y retirando el material de obra. Pero, la ejecución del proyecto se ha dado ya por terminada.
Ha sido una actuación de altura pensada y programada al milímetro que, incluso, ha requerido el uso de un helicóptero para el traslado hasta la cima del hormigón y los elementos necesarios para la obra debido a la imposibilidad de acceder con vehículos pesados a la cumbre.
A pesar de estas dificultades, y de las inclemencias meteorológicas en algunas jornadas, las tareas han sido llevadas a cabo según lo programado y en el plazo inicialmente previsto. De esta manera se ha dado solución al problema de seguridad y estabilidad que presentaba la base de la emblemática Cruz de Gorbeia. Y es que, tras casi 120 años expuesta al viento, la lluvia, el hielo y las nevadas, la erosión del terreno había dejado al descubierto parte de los apoyos de la cimentación.