Al encuentro de Sevilla, no se esperaba la revolá. No había espacio para el cambio del viento, ni del tiempo, ni de la inercia, zalamero el pelotón, relajado, y menos aún del sentimiento, el pulso escaso, sin redobles de tambor.
Todo conducía, irremediablemente, a los lugares comunes entre Dos Hermanas y la capital hispalense, que distan entre sí apenas 17,7 kilómetros.
La Vuelta redondeó la distancia y completó un recorrido de 185 kilómetros, once veces el trazado que separa ambas localidades para celebrar la tradición Matthew Brennan. El inglés mostró la mano, los cinco dedos extendidos para certificar su quinto laurel en la Vuelta.
Debutante extraordinario Brennan, fuertes las piernas como la Torre del Oro y altivo como La Giralda, que fue durante muchos años el edificio más alto del mundo, el inglés enfatizó su estatus de mejor velocista. Brennan completó una llegada catedralicia en su esprint en la capital de Andalucía.
El joven inglés, el mejor rematador de la carrera, salió de la espalda de Magnus Cort para sumar otro laurel. Repóquer de gloria. Su quinta victoria particular, la séptima para el Visma. Van Aert que conduce de la mano al inglés, posó a Brennan en el lugar oportuno.
Se destapó el velocista inglés, que viaja sobre una bola de cañón. Abrió gas con una aceleración estratosférica que le concedió una victoria nítida sobre Jordi Meeus, segundo, y el danés, tercero. Brennan es el rayo que no cesa.
El estallido del inglés se produjo tras la oda al ciclismo de Enzo Paleni y Sinuhé Fernández, que se resistieron a dimitir a pesar de que todo les resultaba árido y contrario.
Al francés, tras un esfuerzo agónico y conmovedor, solo pudieron arrancarle la esperanza en el corazón de Sevilla. Al asturiano le dejó en el extrarradio, derruido por dentro de tanto empeño y lucha.
Capituló a la fuerza Paleni tras ganarse cada pulgada con una fuga que subrayó la capacidad del ser humano para medirse a lo imposible.
Cayó con honor Paleni, dispuesto a revolución, a la rebelión de los descamisados hasta que el pelotón, que no entiende de empatía y de piedad, siempre inmisericorde, le recordó que la amistad no existe ni en un día que el pelotón aprovechó para estirar el descanso antes de una crono que puede definir la Vuelta que lidera Enric Mas por delante de Felix Gall y Primoz Roglic. Lo que suceda bajo el juicio del reloj fijará probablemente el destino final de la carrera.
Enzo Paleni y el asturiano se escaparon por puro instinto. Dos hombres y un destino. Pegados a las fugas como sanguijuelas del Guadiana. Para Sinuhé Fernández, la ruta hacia Sevilla era una llamada a reivindicarse. Lo hace cada tres días. Prófugo.
Era su sexta fuga en 17 días de competición. Escapado camino de Manosque, Xeraco, Elche de la Sierra, Loja y Sierra de la Pandera antes de enfilar hacia Sevilla.
En la aventura de siempre, al infatigable asturiano le acompañó Enzo Paleni, que contaba su tercera huida hacia delante después de sus escarceos hacia Elche de la Sierra y Córdoba.
Más experimentado, Sinuhé le mostró el camino. Paleni se deslizó con él. Antes de ser ciclista, el galo jugó a hockey hielo. En estos días estufados, acalorados del todo, donde el calor atiza sin desmayo, probablemente Paleni recordó los días sobre el suelo helado, donde se deslizaba a toda velocidad y el frescor le abrochaba.
Un problema de rodilla llevó a Paleni a agarrar el manillar. Terapia para la articulación y una nueva profesión. ¿Por qué no? A Sinuhé Fernández, un hombre en perpetua huida, se le ocurrió llenar el petate de expectativas, imaginación, esperanza e ilusión y se dio a la carretera a lomos de la enajenación mental transitoria con la que la vida riega cada fotograma.
Gran entendimiento
Al asturiano le gusta la tradición y el costumbrismo. Un ciclista rutinario. En fuga constante. Ambos se entendieron de fábula. Hablaban el mismo idioma sin necesidad de abrir la boca. Les bastaba con mirarse y emplear la telepatía de los que abren camino por el placer de hacerlo.
Enzo Paleni y Sinuhé Fernández, durante la fuga.
Sinuhé Fernández y Paleni y emprendieron la marcha sin mirar atrás. Nadie les siguió los pasos en su maravillosa locura. Aislados del resto por su impulso, por esa querencia por las escapadas, el asturiano y el francés masticaban los kilómetros como los muchachos que tantos veranos llenaron de algarabía y dicha sobre una bici.
Las pedaladas de la infancia son las primeras que conectan con la libertad, la exploración y la curiosidad. Remitieron ambos a ese caudal inagotable de los tiempos pasados, de aquellos maravillosos años, para pintar la ruta con los colores de la alegría. No dejaban de ser un para muchacho sobre una bici y camino por delante.
Para el ábaco de las cuentas del pelotón, la aventura del galo y el asturiano era una maniobra de distracción, un entretenimiento, el pregonero que anunciaba el bando del alcalde.
Vuelta 2026
Decimoséptima etapa
1. Matthew Brennan (Visma) 4h07:15
2. Jordi Meeus (Red Bull) m.t.
3. Magnus Cort (Uno-X) m.t.
4. Alessandro Romele (Astana) m.t.
5. Steffen De Schuyteneer (Lotto) m.t.
21. Iñigo Elosegui (Kern Pharma) m.t.
72. Urko Berrade (Kern Pharma) m.t.
99. Mikel Landa (Soudal) m.t.
102. Pello Bilbao (Bahrain) m.t.
103. Ibon Ruiz (Kern Pharma) m.t.
143. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) m.t.
General
1. Enric Mas (Movistar) 60h09:44
2. Felix Gall (Decathlon) a 2:06
3. Primoz Roglic (Red Bull) a 2:10
4. Richard Carapaz (Education First) a 4:24
5. Oscar Onley (Ineos) a 5:44
27. Urko Berrade (Kern Pharma) a 1h06:01
30. Pello Bilbao (Bahrain) a 1h15:47
38. Mikel Landa (Soudal) a 1h30:04
67. Ibon Ruiz (Kern Pharma) a 2h07:07
100. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 2h49:20
121. Iñigo Elosegui (Kern Pharma) a 3h12:50
La noticia de que unos minutos después pasaría el pelotón y los aficionados podían aplaudir con entusiasmo la comitiva donde sobresale Mas, aclamado y recibido con honores en cada pueblo.
Antes fueron arengado Sinuhé y Paleni en su utopía por largas rectas, vías principales que daban vuelo al pelotón. Pastoreaba la persecución sin histrionismos Kruijswijk, con la paciencia que da la edad.
Con 39 años, es el ciclista más veterano de la Vuelta. El neerlandés, en su última grande antes de la retirada, estableció el compás a modo de un metrónomo que fue esquilando la rebeldía por las rutas sevillanas.
El suflé de su renta se desinfló a medida que el cansancio y el kilometraje prendían a la pareja, que disfrutó de un cielo amable, blancas nubes dibujadas sobre un friso azul, con un sol humilde, lejos de la arrogancia y los rayos ardientes de los días pasados, cuando el infierno agarraba por la pechera al pelotón y los arrastraba.
Elevó los bares de presión el grupo y la aventura pereció a orillas del Guadalquivir, en Sevilla, otra postal para el inglés en la Vuelta. Una tradición inglesa. La costumbre Brennan