La vacuna contra el herpes zóster ha despertado un gran interés por sus posibles efectos más allá de la prevención de la propia enfermedad. Estudios recientes señalan que podría reducir el riego de padecer alzheimer, un infarto o una enfermedad cerebrovascular.
Pascal Geldsetzer, epidemiólogo y profesor asistente de medicina en Stanford University, ha liderado un estudio basado en registros de salud de más de 280.000 adultos mayores en Gales. Dicha investigación, publicada en 2025 en la revista Nature, muestra que quienes recibieron la vacuna Zostavax tenían un 20% menos de probabilidades de ser diagnosticados con demencia durante los siete años posteriores.
La reducción de este riesgo era mayor en mujeres que en hombres. Las mujeres suelen tener respuestas inmunes más robustas que los hombres. Eso podría hacer que la vacuna genere una protección más eficaz, no solo frente al virus, sino también frente a procesos inflamatorios asociados.
Un análisis posterior en Canadá, en el que han participado cerca de medio millón de personas, arroja resultados similares. “Cada vez hay más pruebas que demuestran que las vacunas pueden tener efectos beneficiosos en el sistema inmunitario que van más allá de la respuesta de anticuerpos específica para la que fueron diseñadas”, explica Geldsetzer.
Pascal Geldsetzer, planteó dos posibles explicaciones. La primera sugiere que la reactivación constante de virus latentes podría generar un “estrés crónico” sobre el sistema inmunitario, acelerando la inflamación asociada a enfermedades neurodegenerativas. La segunda apunta a que la vacuna podría fortalecer el sistema inmunológico de manera que su efecto beneficioso vaya más allá de la protección frente al virus.
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Ictus y ACV
Vacunarse contra el herpes zóster puede también puede convertirse en un gran aliado para la salud cardiovascular y cerebral. Según diversos estudios , la inmunización —especialmente con la vacuna Shingrix— se asocia a una reducción significativa del riesgo de infarto e ictus en personas mayores. Sus efectos protectores que podrían durar hasta ocho años. En términos generales, los trabajos realizados indican descensos del 23% al 32% en infartos y del 25% al 42% en accidentes cerebrovasculares.