Vida y estilo

Karlos Arguiñano y su plato "ideal": "Elegante, cremoso y lleno de sabor"

El cocinero propone un plato diferente que define como “sencillo, riquísimo y sanísimo”
Karlos Arguiñano
Karlos Arguiñano / Instagram: @karguinano

Actualizado hace 2 minutos

Karlos Arguiñano ha vuelto a demostrar que no hace falta complicarse para lograr un plato especial. En esta propuesta, las espinacas se convierten en el eje de un primer plato "elegante, cremoso y lleno de sabor", pensado tanto para una comida diaria como para una ocasión especial.

Arguiñano subraya que la verdura admite múltiples formatos y reivindica su uso cotidiano. “La espinaca es súper interesante, probablemente la verdura que más rápido se cocina”, explica, antes de recordar que funciona igual de bien “salteadas simplemente, en revuelto con huevos, en tortilla” o incluso en bebidas verdes. En este caso, elige escaldarlas brevemente: “Dos minutos hirviendo, suficiente”, señala, antes de escurrirlas bien y triturarlas.

Una mezcla sencilla y un método sin complicaciones

Una vez trituradas las espinacas, llega el momento de la base del pastel. “Aquí le añadimos cinco o seis huevos”, indica Arguiñano. A los huevos se suma la nata líquida, un punto de sal y, para quien quiera, un toque de pimienta. “Es plato súper sencillo de hacer. Pastel de espinacas. Y rico, riquísimo. Y sano, sanísimo”, resume con su tono habitual.

El cocinero afirma que “dicen que cada vez se cocina menos. Cuanto menos cocinéis, más infelices seréis”, afirma, defendiendo que cocinar en casa no solo es más satisfactorio, sino también más económico. “Si cocináis en casa, vais a comer muy rico y a mitad de precio”, añade.

La mezcla se vierte en un molde preparado con mantequilla, harina y papel para facilitar el desmoldado. El secreto está en la cocción: “La clave es ponerlo al baño María, como si estuviéramos haciendo un flan”, explica. El pastel se hornea a 170 grados durante unos 40 minutos, hasta que queda cuajado y con una textura fina.

Langostinos y una bechamel con sabor a mar

Mientras el pastel se hornea, Arguiñano aprovecha para preparar el acompañamiento. Con las cabezas y pieles de los langostinos, elabora un caldo ligero. “No hay que tirar nada”, insiste, dorándolas ligeramente y añadiendo solo “dos dedos de agua” para concentrar el sabor. Ese caldo será la base de una bechamel de langostino, hecha con aceite, harina, el propio caldo y un poco de leche.

Langostinos

Langostinos Freepik

Las bechameles, cuanto más las meneéis, más finas van a salir”, explica mientras la salsa espesa, hasta conseguir una textura suave y llena de sabor. El resultado es una bechamel “bien rica”, pensada para acompañar el pastel. Los langostinos, abiertos por la mitad y salados ligeramente, solo reciben “un golpe” de sartén. “No quiero que se me pasen”, advierte Arguiñano.

Una vez fuera del horno, el pastel se deja atemperar y se corta en porciones. “Mirad qué aspecto. Mirad qué maravilla de pastel”, comenta el cocinero. El conjunto se completa con la bechamel de langostino y las colas salteadas por encima. “Si hacéis este plato cualquier día, van a pensar que estáis celebrando algo seguro”, afirma Karlos.

2026-02-13T12:39:31+01:00
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