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Las redes sociales han recuperado en los últimos días un fragmento televisivo que no era nuevo. Se trata de una charla emitida en 2017 en Fora de sèrie, el programa de entrevistas de la televisión catalana, en la que Karlos Arguiñano conversó con Glòria Serra sobre su trayectoria. El corte que circula ahora se centra en su infancia, en su etapa escolar y, sobre todo, en la relación con su padre, un tema que el cocinero aborda con una franqueza poco habitual.
Un padre exigente
En la conversación, Arguiñano explica que su padre tenía una idea muy concreta de lo que debía ser el futuro de su hijo. “Tu padre te empujaba tanto, venga a estudiar, que creo que quería que fueras arquitecto”, recuerda Glòria Serra. La respuesta del cocinero es directa: “Sí, mi padre sí que estaba equivocado”. A partir de ahí, Arguiñano relata cómo esa expectativa chocaba frontalmente con su realidad en la escuela, especialmente en una asignatura clave. “Yo entonces le parecía tonto porque sacaba un uno y medio en matemáticas y entonces para él fue un desastre”, afirma Arguiñano.
El propio cocinero subraya lo absurda que resultaba aquella aspiración. “Él que era taxista, me dijo que sea arquitecto, un uno y medio en matemáticas y arquitecto...”, dice, dejando claro el contraste entre el deseo paterno y sus capacidades en ese momento. Ante la pregunta de si su padre se lo reprochaba abiertamente, la respuesta no deja lugar a dudas: “Sí, me tiraba el boletín a la cara”, explica, recordando la dura dinámica familiar que vivió.
"Nunca serás nada"
El cocinero detalla que los boletines escolares eran semanales y que los suspensos se le acumulaban. “Un boletín era en lo que traíamos todas las semanas las notas con seis, siete suspensos”, relata. La reacción de su padre era la siguiente: “Me tiraba la nota, el boletín, no me firmaba, me decía tú eres bobo”. Ese clima generó en él una sensación de fracaso y de urgencia por hacer algo con su vida. “Yo he hecho un desastre, yo tengo que hacer algo, tengo que hacer algo”, confiesa.
Uno de los momentos más duros del fragmento llega cuando Arguiñano recuerda una frase que se le quedó grabada. “Tú nunca serás nada, tú nunca serás nada”. Glòria Serra reaccionó con sorpresa: “Uy, qué duro, Carlos, que te diga, es un padre”.
Karlos Arguiñano en una foto de archivo
El propio Arguiñano contrapone esa experiencia con su forma de entender la paternidad. Cuenta que, si alguno de sus hijos hubiera llegado con malas notas, su reacción habría sido muy distinta. Relata una anécdota concreta para ilustrarlo: Cuando, Zigor, su hijo, con 11 o 12 años llegó a casa asustado con un boletín lleno de suspensos “las miré y le di la mano y le dije, te debo una cena”. “Tu padre los récords los celebra todo”, concluye.