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Julen Martija: "Tener dos txapelas del Parejas es algo que ni imaginaba"

Julen Martija, con la txapela que le acredita como campeón del Parejas.
Julen Martija, con la txapela que le acredita como campeón del Parejas.

Heroico Julen Martija, su celebración de la txapela del Campeonato de Parejas en el frontón Bizkaia de Bilbao estuvo cargada de rabia. Lo había pasado mal. Vio el título muy lejos con el 11-17. Además, unos instantes después, cuando Unai Laso y Ander Imaz, dominadores, estaban en pleno proceso de perder su renta, comenzó a sufrir calambres en las piernas. En el 20-17, a dos centímetros del título, alcanzó un pelotazo cerca del frontis y dio muestras de dolor que helaron el ambiente. Se cumplieron los mejores augurios: pudo regresar y acabó con su segundo título (22-20).

¿Cómo se encuentra tras la paliza de la final?

—Físicamente, no estoy muy cansado, pero sí que tengo los gemelos muy muy cargados. Al andar parece que estoy cojo. Al final, es una sobrecarga, ya que se me subieron y no se me bajaban. Fue un dolor terrible. Después de la final del Parejas, me sometí a masaje y lo tengo dolorido. Esta semana volveré a estar con el fisioterapeuta y espero recuperarme sin ningún problema –está programado el viernes en Irurtzun en el debut de Aarón Arbizu–.

¿Cómo vivió ese momento en el que alcanzó la pelota en el frontis y sufrió el percance físico? ¿Pensó que podía ser algo peor que una sobrecarga?

—En ese mismo instante sentí un dolor terrible en las piernas y no sabía qué tenía. Luego, me di cuenta de que tenía los pies rectos, sin poder doblarlos, y que los gemelos estaban arriba del todo, duros. Solo pensaba en que se me bajaran de una vez. Sabía que solo era eso. Cuando entré a los vestuarios fui consciente de que en ese estado no podía volver a la cancha. Solo pensaba en que me dieran un masaje y salir como fuera. Txema Urrutia, médico de la empresa, me masajeó bastante fuerte y pude regresar. Acabé, conseguimos ganar y contento.

¿Le afectó en los últimos instantes del encuentro?

—Si no apoyaba todo el pie, no podía. Entonces, Jokin me ayudó un montón. No sé cómo, pero logramos hacer el tanto 22.

En el 11-17 parecía que la final estaba muy cuesta arriba y que la txapela estaba cerca de Laso e Imaz. ¿Cómo vivió ese tramo clave de la contienda?

—Recuerdo que iba al txoko y Laso terminó perfecto. No podía llegar a tiempo. Entonces, le das vueltas, porque estaban muy cerca del 22. Pero, más tarde, únicamente pensé en hacer el siguiente tanto. La verdad es que, cuando logramos el 12-17, me veía con opciones de darle la vuelta. Con el 14-17, me di cuenta de que había cambiado la cosa y de que éramos capaces de ganar la final. En el tramo de mayor diferencia, valoré que estaba muy complicado, pero continué con la sensación de que todavía nos quedaban opciones de llevarnos la txapela.

¿Le apetecería defender el título junto a Jokin Altuna en 2023?

—Desde luego. Si la empresa lo propusiera, yo estaría encantado de volver a jugar con él. En este Campeonato de Parejas se ha podido comprobar que he jugado muy a gusto. Tenemos una relación muy buena. Si me pusieran todos los años con él, jugaría encantado.

Una de las cuestiones que comentaba en los días previos es que en su anterior final, que ganó junto a Joseba Ezkurdia ante Aimar Olaizola y Mikel Urrutikoetxea en 2020, no disfrutó de un frontón Bizkaia de Bilbao lleno a reventar, puesto que se disputó a puerta cerrada por la pandemia. El domingo pudo desquitarse y celebrar su segunda txapela del Parejas ante todos los familiares y amigos que le arroparon en el recinto bilbaino.

—Sin duda. Ha sido una final muy especial para mí. Celebré con muchas ganas cuando llegamos al cartón 22. Fue totalmente diferente a la cita que vivimos en mitad del covid-19. Imagínese: toda la gente animando, disfrutando, la familia... La verdad es que lo viví al máximo. Luego hicimos una buena celebración con la familia y los amigos.

Fue un día para recordar.

¿Qué significa para usted este segundo entorchado de la especialidad?

—Esta txapela es el resultado a trabajar duro y fuerte durante mucho tiempo. Al final, es lo que te puede llevar al éxito. Siempre intento entrenar fuerte y continuar con mis rutinas diarias. No me gusta parar o relajarme en el trabajo. Lo que tengo claro es que viene mucha gente por detrás que me puede poner las cosas difíciles, por lo que tengo que seguir trabajando al máximo. Quizás no tengo las cualidades que tienen otros zagueros, así que tengo que trabajar mucho y dar todo de mí para estar al máximo nivel. Para mí, lograr una txapela del campeonato que, prácticamente, jugamos los zagueros es increíble. Tener dos txapelas es algo que ni imaginaba. De todos modos, ahora toca seguir trabajando y si llegan más, serán bienvenidas.

En la final de 2020 también le tocó sufrir, no quizás tanto en el luminoso, pero sí que aguantó carros y carretas. Se cruzaron 900 pelotazos a buena y el domingo, 822.

—El inicio entonces fue también muy muy duro. A medida que fue avanzando el partido conseguimos algo de ventaja y la mantuvimos hasta el 13-22 final. En esta ocasión, con el 11-17 veía todo muy complicado. La txapela estaba lejos. Remontamos y cuando se acercaron 21-20, ufff... Se te pasa cualquier cosa por la cabeza. El 22 fue un momento muy bonito.

¿Cómo fue la celebración de la txapela?

—No lo celebramos en Etxeberri porque la sociedad del pueblo es pequeña, así que fuimos a un restaurante de Etxarren, que está al lado. Nos reunimos unas 70 personas. Estuvimos gente de la cuadrilla, amigos, familiares, paisanos... Cenamos a gusto, aunque yo no tenía mucha hambre, la verdad. Estuvimos muy contentos e hicimos algo de juerga.

Se hizo larga la noche.

—Sí, fue larguilla. Fíjese, por la noche, no me dolían los gemelos para nada, pero cuando me he despertado por la mañana estaban peor (risas).

2022-04-05T19:00:03+02:00
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