El principal acusado de la muerte de Lukas Agirre, el joven de 24 años asesinado en la Navidad de 2022 en San Sebastián, "sabía lo que hacía". Así lo han declarado los forenses este jueves en la Audiencia de Gipuzkoa. Aunque su capacidad podía estar limitada por el consumo previo de drogas, su voluntad "no estaba anulada".
En la novena jornada del juicio, hemos podido escuchar a dos médicos forenses que han analizado el informe toxicológico realizado tras la toma de muestras de los acusados. Al principal implicado se le tomaron muestras horas después del crimen. Los análisis detectaron restos de cocaína, alcohol, cannabis, anfetaminas, MDMA y ketamina. Sin embargo, los forenses han asegurado que en la entrevista posterior el joven "entendía lo que se le decía y estaba centrado en la realidad, con un discurso coherente y lógico".
Perfil psicológico
El especialista ha manifestado su sorpresa al comprobar que, tras el homicidio, el acusado se encontraba "tranquilo, frío, calculador y antisocial", apuntando que podría presentar "rasgos psicopáticos". En cuanto a la mujer acusada de encubrimiento, definida como politoxicómana, tenía sus capacidades cognitivas centradas en el momento de la evaluación.
En la sesión también ha prestado declaración el médico de la ambulancia medicalizada que atendió a la víctima. El aviso se recibió a las 6.20 horas del día de Navidad. Al llegar al lugar, encontraron a Lukas Agirre tendido boca arriba mientras un agente de la Ertzaintza intentaba taponar la herida del cuello con una prenda.
El paciente ya se encontraba en parada cardiorrespiratoria y sin signos vitales. Los sanitarios le practicaron maniobras de reanimación ininterrumpidas durante 35 minutos, pero no hubo respuesta.
Herida letal en el cuello
El equipo médico identificó una lesión principal muy profunda en el cuello con trayectoria diagonal, que dejaba a la vista tejido óseo y muscular. Además, observaron una segunda herida punzante en el costado izquierdo al colocar el cardiocompresor.
La herida del cuello provocó una hemorragia masiva que puso en peligro inmediato la vida. En casos de esta gravedad, el margen de actuación para intentar salvar a la víctima se reduce a "segundos o menos de un minuto".