Vida y estilo

Jubera: naturaleza, despoblación y patrimonio histórico en La Rioja

La búsqueda de la tranquilidad en la naturaleza lleva al viajero hasta el Valle del Jubera, una cuenca fluvial habitada antes de la romanización
En lo más agreste del valle del Jubera se esconde la antigua localidad del mismo nombre.
En lo más agreste del valle del Jubera se esconde la antigua localidad del mismo nombre. / CorNAVA

Cuando un viajero sale en busca de soledad trata de encontrar rincones donde apenas haya gente. Muchas veces pensamos en lugares remotos, pero quizá mirando más cerca de nuestro entorno encontramos pequeños valles escondidos que nos ofrecen eso, la posibilidad de escuchar solo los sonidos de la naturaleza y nuestros pasos.

Y además, a poco observadores que seamos, también nos traen ecos de quienes en un momento dado de la historia de ese rincón hicieron su hogar y dejaron su huella. Uno de estos lugares es el valle del río Jubera, que además da nombre a una de sus poblaciones, la que llegó a ser capital del valle.

Junto a los valles del Cidacos, Alhama y Leza, forma una reserva de la biosfera en el entorno de las peñas de Iregua, que comunican el Sistema Central con la Depresión del Ebro, dando lugar a un particular entorno de media montaña de gran riqueza natural, de variada flora y fauna.

Jubera Deivid

Jubera Deivid Panorámica de Jubera con el castillo en lo alto y la iglesia de San Nicolás en el casco urbano.

Jubera

Siendo estos valles lugares de paso, pronto se crearon a orillas de los ríos núcleos poblacionales. Y en el más agreste de todos ellos, Jubera fue de los primeros. De hecho, se cree que el origen de la villa se remonta a la época prerromana, como parecen atestiguar los restos de diferentes asentamientos prerromanos y que el nombre de Jubera puede tener una raíz etimológica del euskera, ya que podría venir de la expresión ur bero (agua caliente). Posteriormente, los romanos dejarían su huella con diversas calzadas y una cantera para la extracción de las piedras con las que se tallaban ruedas de molino. La ocupación árabe quedó marcada por la construcción de un castillo en un altozano y dominando el horizonte. Las guerras medievales entre cristianos y musulmanes primero y entre reinos cristianos después, especialmente Navarra y Castilla, lo integraron en una línea defensiva junto a los de Ocón, Clavijo y Ausejo. Su importancia estratégica llegó hasta las guerras carlistas del siglo XIX.

Actualmente, Jubera forma parte del municipio de Santa Engracia del Jubera junto a San Bartolomé, San Martín, Santa Cecilia, Santa Marina, Bucesta y El Collado, todos ellos escasamente poblados, pero de notable riqueza patrimonial.

Qué ver en el pueblo

El castillo sobre el río Jubera y sobre el pueblo es su seña de identidad. Es sin duda el testigo de la importancia de este lugar en la historia, un valor que durante muchos siglos le hizo ser la cabeza de la comarca, condición que su posterior declive perdió en favor de Santa Engracia. Actualmente en ruinas, en el centro de su estructura se puede ver un edificio rectangular levantado durante la remodelación que sufrió en 1833, durante la Primera Guerra Carlista. Cuenta además con dos torres cilíndricas en sus lados norte y sur que permitían el control del valle. Una muralla protege este núcleo central y un foso refuerza la defensa. Además, otra muralla hace las veces de barbacana, completando la labor que realiza una tercera muralla exterior.

La teoría de su origen musulmán se debe a su parecido estructural con el castillo de Clavijo, pero su primer registro documental es del siglo X y hace referencia a los reinos de Pamplona y Navarra. Después fue alternando su propiedad entre este y el reino de Castilla.

Parte de los muros del castilo desde el que se vigilaba y protegía el valle.

Parte de los muros del castilo desde el que se vigilaba y protegía el valle. Juanje 2712

El otro gran edificio patrimonial de Jubera es la iglesia de San Nicolás de Bari, de origen románico y ampliada en el siglo XVI. De su origen se conservan los muros de la nave, la capilla del primer tramo y la portada. Posteriormente, se le añadió un crucero con bóvedas nervadas y más ancho que la nave principal. El retablo mayor dedicado a San Nicolás, titular del templo, es del siglo XVII.

Qué visitar fuera del pueblo

La cantería y la minería fueron dos de las principales industrias de la comarca. Esta labor la inauguraron los romanos con la cantera de piedra que se especializó en la fabricación de ruedas de molino. El río Jubera fue aprovechado enseguida por los habitantes del valle como fuerza hidráulica. Las cercanas montañas contenían suficiente roca para que no hubiera que ir muy lejos a por la materia prima para las muelas de molienda. En la cuenca del río, entre Robres del Castillo y Jubera, podemos encontrar vestigios de lo que fue una explotación industrial de canteras de piedra, diferenciando hasta veinte puntos diferentes de extracción.

En la villa de Jubera también podemos encontrar restos de la industria de extracción de yeso. Así, localizados en la ladera norte del castillo, observamos canteras de extracción del material y restos de los hornos utilizados para cocer el yeso antes de triturarlo. De hecho, podemos encontrar un horno íntegro.

A todo ello se unen las minas de plomo, explotaciones que también comenzaron los romanos y se extendieron hasta mediados del siglo XX. Entre los restos que quedan de estas explotaciones se encuentran los conocidos como los túneles de los moros. También se extraían cinc y plata. Han sido acondicionadas y constituyen una interesante visita en la que descubrir cómo funcionaba la industria minera española en los años cincuenta.

Este pasado excavador tiene también otra vertiente entre espiritual y práctica agraria. Son los columbarios de Jubera. A lo largo de la cuenca del río Jubera podemos encontrar cuevas artificiales que popularmente son conocidas como gallineros, en cuyas paredes aparecen excavados gran cantidad de alvéolos.

Las investigaciones señalan un posible origen religioso de las mismas, ejerciendo durante muchos siglos la función de eremitorios o monasterios rupestres. Su datación podría remontarse incluso a la época visigoda (siglo V), cuando, a consecuencia de las constantes invasiones de las ciudades romanas de Vareia y Barbariana, se produciría la migración de sus habitantes a la sierra y la cristianización del valle. Con el correr de los años se aprovecharon para criar palomas.

Los restos de la ermita de Santiago.

Los restos de la ermita de Santiago. Juanma 232

Una visita que recorra las tres ermitas más importantes de la zona, la de Santiago, la de la Virgen del Prado Jacobeo y la de San Miguel Arcángel, permitirá conocer un entorno natural de prados bosques y montaña que poco a poco va integrando en el paisaje la huella que el hombre ha dejado en el entorno.

2026-01-10T04:53:36+01:00
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