En un momento muy complicado en el ámbito internacional fagocitado por las ocurrencias y las amenazas de Donald Trump, hablamos en ONDA VASCA con el catedrático de Derecho Internacional Privado de la UPV/EHU, Juanjo Álvarez en el marco de una jornada organizada por la Fundación E-Atlantic en el Bizkaia Aretoa. Defiende la necesidad de impulsar un "multilateralismo inclusivo" que otorgue protagonismo a las entidades subestatales frente a los bloqueos de las potencias tradicionales.
Álvarez destaca que la relación entre Europa y el Sur Global -compuesto por casi 80 estados que buscan una nueva gobernanza- debe superar la mirada de "prepotencia o tutela" heredada de la época postcolonial para explorar vías de colaboración más eficaces.
El experto sostiene que los niveles subestatales, como las ciudades y regiones, poseen un margen de maniobra del que carecen las grandes estructuras internacionales, a menudo paralizadas por el derecho de veto o la regla de la unanimidad. Según Juanjo Álvarez, "en este segundo nivel no existen ese tipo de reglas que nos impongan determinado tipo de imposiciones", lo que permite abordar con mayor agilidad retos como la crisis ambiental, la gestión de las migraciones y la protección de los derechos humanos. En este sentido, subraya que "cuanto más abajo y por lo tanto más horizontal construyes las decisiones, surge una mayor cohesión", poniendo como ejemplo a Euskadi, donde una razonable sensación de pertenencia comunitaria ha servido como freno al populismo de extrema derecha.
Trump y Groenlandia
Finalmente, la entrevista aborda la crisis del orden internacional actual, establecido hace ocho décadas tras la Segunda Guerra Mundial. Álvarez advierte con severidad que "el orden mundial que establecimos hace 80 años, hoy día ha desaparecido", señalando figuras como Donald Trump, a quien acusa de transformar la democracia en autocracia y de buscar el "caos" a través de la ley del más fuerte.
Frente a esta deriva y a la "insignificancia" europea en ciertos ámbitos, el catedrático insta a no perder la esperanza y a fortalecer la sociedad civil y los actores subestatales como contrapunto necesario para defender un orden internacional que, aunque imperfecto, resulta imprescindible para evitar la arbitrariedad unilateral.