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Jóvenes con pasaporte solidario

Las voluntarias con la concejala bilbaina de Juventud, Itxaso Erroteta, y Alex López, de Kiribil
Las voluntarias con la concejala bilbaina de Juventud, Itxaso Erroteta, y Alex López, de Kiribil

Salma, que sabe árabe, hace de intérprete a los migrantes recién llegados. Lucia y su tocaya acompañan a menores en su tiempo de estudio y de ocio. Alojadas en una vivienda municipal, las tres desarrollan su labor solidaria en Bilbao gracias al Cuerpo Europeo de Solidaridad. Una iniciativa a la que ponen rostro coincidiendo con el Día Internacional del Voluntariado.

Salma Ibrahim

Francia, 20 años

Dice Salma Ibrahim que su castellano "no es tan bueno", pero es pura humildad porque se explica a la perfección. En ese idioma y en inglés, francés y árabe, los otros tres que domina, además del lenguaje de la solidaridad. "Hice un poco de voluntariado en Francia con personas sin hogar. Por la noche iba por las calles para hablar con ellos y llevarles comida", apunta esta joven, licenciada en Política y Relaciones Internacionales por la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres. "He aprendido mucho sobre inmigrantes y sus condiciones y quería ayudarles", dice.

Con ese bagaje y su firme propósito en la maleta, esta veinteañera se trasladó a Bilbao, donde realiza un voluntariado para la acogida y apoyo a jóvenes migrantes en situación de exclusión social. "Este proyecto es perfecto para mí porque quería ayudar a inmigrantes y los que están aquí son principalmente de Marruecos. Mi madre es marroquí también, por lo que me siento más cerca de ellos, y como hablo árabe nos resulta más fácil comunicarnos", explica. De hecho, Salma les hace de traductora "cuando llegan aquí para que puedan decir lo que quieren y mis colegas puedan ayudarles". Además de darles clases de inglés, también les ofrece su compañía en el albergue de Sarriko, donde "comen algo a la tarde" y duermen. "Allí hablo con ellos y les ayudo a que les entiendan otros voluntarios", señala.

La mochila vital con la que cargan estos jóvenes migrantes pesa menos cuando abren la cremallera y la comparten. "Al principio no fue fácil porque los chicos inmigrantes tienen historias muy difíciles de escuchar y no puedes acostumbrarte a todo esto, pero ahora pienso que yo puedo ayudarles y me siento bien por hacerlo, aunque sea una cosa pequeña", dice.

De la experiencia vivida, desde que llegó en septiembre, lo que más le ha llamado la atención es la buena acogida que se presta a este colectivo en Euskadi. "No sabía que en Bilbao y en el País Vasco había tantas ayudas para los migrantes. Me sorprende mucho porque en Francia o en otras partes de España no es lo mismo", afirma.

A pesar de que aterrizar como voluntario en la otra punta de Europa puede tener su complicación al principio, Salma anima a los jóvenes a que den el paso. "Puede parecerles un poco difícil ir a otro país, no hablar la lengua o no tener experiencia, pero al final solo la motivación cuenta. Solo tienen que tener ganas de hacerlo", asegura. Junto con la satisfacción de haber ayudado a los más vulnerables se llevarán de vuelta un buen puñado de conocimientos. "Nosotros ayudamos a los chicos, pero también aprendemos mucho sobre la gente, las costumbres, la lengua... Para nosotros también es muy enriquecedor", valora.

Lucia Pace

Italia, 27 años

Hace dos años Lucia Pace fue de Erasmus a Londres y ya entonces se dio cuenta de que "la experiencia en el extranjero es una oportunidad". Por eso no ha dudado en repetir, esta vez en Bilbao y con un fin solidario: participar en los proyectos de infancia y adolescencia que desarrolla la asociación Umeak Kalean en el Gaztegune del Casco Viejo. "Personalmente necesitaba un cambio y decidí irme de voluntariado. El objetivo es apoyar a los chicos y chicas adolescentes en situaciones de vulnerabilidad a través del refuerzo escolar y actividades educativas para que aprendan valores como la tolerancia o el respeto. También realizamos talleres sobre temas como el machismo y el feminismo", detalla.

Además de lo gratificante que resulta ayudar, esta joven italiana, licenciada en Traducción e interpretación por la Universidad de Nápoles, cree que el voluntariado "te puede abrir muchas puertas en el tema del trabajo, te permite desarrollar competencias distintas y aprender una nueva cultura e idioma". También espera adquirir otras capacidades de esas que no se suelen enseñar en un máster. "Los adolescentes tienen problemas familiares y eso influye en su actitud. Espero aprender cómo tratarlos y motivarlos porque ellos son el futuro", confía.

Voluntaria en su país en una asociación cuyo objetivo es promover la cultura italiana "acogiendo a los turistas, dando a conocer sitios históricos, iglesias...", Lucia se muestra contenta con su participación en el proyecto. "Me encuentro bien porque tengo libertad para expresar mi punto de vista y aportar nuevas ideas y la gente con la que hago mi voluntariado es amable. A veces es difícil comunicarse con los adolescentes, pero al final siempre encuentro la manera".

Lucia Gazdurová

Eslovaquia, 25 años

Tras "enamorarse" de Málaga, donde estuvo de Erasmus, Lucia Gazdurová se quedó con ganas de conocer otras ciudades del Estado. "Una amiga, que había trabajado en Portugal con refugiados, me recomendó el Cuerpo Europeo de Solidaridad y me pareció una buena manera de poder volver", dice esta joven de Eslovaquia, licenciada en Derecho, para quien todo son ventajas. "De esta manera no necesito encontrar un trabajo ni un alojamiento ni resolver el papeleo yo sola. Sobre todo, es algo fijo. Durante la pandemia no nos podemos fiar de los trabajos que encontramos en el extranjero porque no sabemos si se va a cerrar todo de nuevo", explica. Convencida de lo beneficiosa que resulta "esta experiencia vital", anima a la juventud a comprobarlo por sí misma. "Hay que aprovechar estas oportunidades, que, además, son gratis y animarse. No es tan difícil como creen".

Lucia, que realiza su voluntariado con la asociación Gozaldi Gazte Elkartea, del barrio de Uribarri, comparte deberes, talleres y salidas con adolescentes. "El objetivo es pasar tiempo con ellos porque provienen de familias con dificultades y necesitan un sitio donde sentirse libres", afirma esta joven, que eligió Bilbao "porque es totalmente diferente a Málaga en clima, en gente... Quería comparar y ver si es verdad lo que se dice", comenta sonriendo. ¿Y bien? "Sí, sois más cerrados, pero los eslovacos somos iguales, así que me siento como en mi casa", bromea.

2021-12-06T07:33:01+01:00
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