Adoptar un perro suele ser un gesto que nace de la emoción. La fotografía de un animal en redes sociales, la mirada de un perro tras las rejas de una perrera o la insistencia de los niños en casa pueden empujar a muchas familias a tomar la decisión de ofrecerle un hogar. Sin embargo, el en el programa de esta semana ponemos sobre la mesa una realidad incómoda: cuando la emoción no va acompañada de preparación, la convivencia puede terminar en fracaso.
Para analizar este fenómeno, el espacio ha contado con la experiencia de Jorge Hernández Segurola, responsable de Amarok Educación Canina, quien ha ofrecido una visión directa y alejada de romanticismos sobre lo que implica integrar a un perro rescatado en una familia.
El problema de adoptar sólo desde la emoción
Según datos de la Fundación Affinity, cada año se recogen en España más de 280.000 perros y gatos abandonados. Una parte significativa de las devoluciones a refugios se produce por problemas de comportamiento o por el choque entre las expectativas humanas y la realidad del animal.
Elegir a un perro movidos únicamente por la pena o por su aspecto puede convertir una buena intención en una convivencia complicada durante los siguientes diez o quince años. Por ello, nuestro oinvitadi insiste en que el animal debe encajar con la realidad de la familia: su estilo de vida, el tiempo disponible y el nivel de experiencia que tienen con los perros.
El error de ignorar la genética
Otro de los problemas habituales es pensar que la educación puede compensar cualquier característica genética del perro. Hernández lo explica con una metáfora sencilla: no es lo mismo conducir un utilitario que un coche deportivo.
Del mismo modo, algunas familias con poca experiencia terminan adoptando perros de líneas de trabajo o de gran energía, lo que genera frustración tanto en las personas como en el propio animal.
Además, el comportamiento que el perro muestra en el refugio a veces noi refleja todos kois rasgosa de su carácter real. En la perrera vive bajo una rutina estable y con cuidadores experimentados. Al llegar a una casa -especialmente en entornos urbanos- se enfrenta a un escenario mucho más complejo y estimulante.
El educador explica que durante los tres primeros meses el animal suele atravesar una fase de adaptación en la que permanece inhibido o especialmente prudente mientras analiza su nuevo entorno y establece vínculos con su nueva familia.
Rutina frente a hiperestimulación
En los primeros días tras la adopción, muchas familias intentan compensar el pasado difícil del perro llenándolo de juguetes, actividad constante y atención permanente.
Sin embargo, según Hernández, este impulso humano puede resultar contraproducente. Los perros rescatados necesitan sobre todo rutina, previsibilidad y calma para adaptarse a su nuevo entorno.
Cuando se les hiperestimula desde el primer momento, pueden aparecer problemas como ansiedad por separación, hiperapego o conflictos en la convivencia.
Charlas divulgativas en Loiu para mejorar la convivencia
Con el objetivo de fomentar el conocimiento de calidad sobre los perros y ayudar a las familias, Jorge Hernández Segurola y el equipo de Amarok ofrecerán estas próximas semanas un ciclo de charlas presenciales abiertas al público en Loiu, en el espacio cultural Kultur Birika.
Las sesiones previstas abordarán algunos de los problemas más habituales en la convivencia con perros:
Charlas de Amarok Educación Canina en Loiu
-
Ansiedad por soledad/separación e hiperapego – Martxoak 18 (asteazkena) – 18:30 – Kultur Birika
-
Preparación del perro para la llegada del bebé – Martxoak 25 (asteazkena) – 18:30 – Kultur Birika
-
Secuencia predatoria desplazada en perros pastores – Apirilak 15 (asteazkena) – 18:30 – Kultur Birika
-
El cachorro, necesidades básicas y educación – Apirilak 22 (asteazkena) – 18:30 – Kultur Birika
-
Preparándonos para adoptar un perro – Apirilak 29 (asteazkena) – 18:30 – Kultur Birika
-
Primeros auxilios a perros – Maiatzak 6 (asteazkena) – 18:30 – Kultur Birika
El objetivo de estas sesiones es claro: anticiparse a los problemas antes de que aparezcan y transmitir conocimiento de calidad sobre los perros y la convivencia junto a los humanos. Porque, como recuerda Hernández, adoptar un perro no debería ser un impulso emocional momentáneo, sino una decisión informada que tenga en cuenta las necesidades del animal y las capacidades reales de la familia que lo acoge.