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El empresario José Antonio Jainaga avanzó hoy una próxima contratación de 200 trabajadores a lo largo de este año en la planta alavesa de Talgo para encarrilar los pedidos de la constructora de ferrocarriles, que él mismo preside tras la ejecución de compra de casi un tercio del accionariado por parte de un consorcio vasco.
Jainaga, que participó en un acto del Foro Capital de la Fundación Vital en Gasteiz, señaló que Talgo “tiene solución” pese a las dificultades que atraviesa, como una “delicada situación financiera” y un “problema de imagen pública”, dos circunstancias que ligó a la multa de Renfe por el retraso en las entregas de los trenes Avril.
Sobre su implicación personal en el proyecto, señaló que “estuvimos al borde la ruptura en las negociaciones”, pero destacó que Talgo es un “proyecto industrial” con mercado -sobre todo en la alta velocidad de Europa del Este- y con pedidos importantes, como los de Alemania, Dinamarca y Arabia Saudí. Aun así, admitió que ha tenido problemas vinculados a “deficiencias en la gestión económica y el liderazgo”, y que requiere aumentar de tamaño.
“La operación de Talgo ha sido, tal vez, el mejor ejemplo de colaboración público-privada en Euskadi”, señaló Jainaga, que recalcó que su entrada en la empresa no está unida a “dar un pelotazo, porque Talgo no está para dar pelotazos”. La liberalización de la alta velocidad en España, las próximas licitaciones de Renfe y las inversiones que, por más de 500.000 millones de euros, quiere acometer la Comisión Europea para impulsar los ferrocarriles, van a ser los ejes tractores de la actividad de Talgo en los próximos años y, en este punto, Jainaga no descartó alianzas industriales de carácter puntual con operadores nacionales – sobre todo, en países de Europa del Este- para poder entrar en esos mercados y lograr contratos.
Inversiones industriales importantes
“Talgo tiene que mejorar su capacidad de entregar los pedidos, a través, entre otras medidas, de inversiones industriales, y tiene que crecer para optimizar su estructura de costes fijos, en particular los ligados a la actividad de ingeniería e I+D”, dijo Jainaga. “De aquí a finales de 2027 acometeremos inversiones industriales importantes, y se llevarán a cabo unas contrataciones igualmente importantes, una parte sustancial de unas y otras localizadas en la planta de Rivabellosa”, adelantó el empresario.
En su intervención, Jainaga reivindicó que la operación “es un ejemplo de lucha por el arraigo, que se ha materializado con el traslado a Araba de su sede, después de un éxodo de empresas, grandes y pequeñas, que durante varias décadas han abandonado nuestro país”. Así, la definió como “una operación extraordinariamente compleja, que ha durado casi año y medio, y que ha sido posible gracias al apoyo del Gobierno Vasco, a través de Finkatuz, de la Fundación BBK y de la Fundación Vital como accionistas, y de esas mismas fundaciones y Ekarpen a través de un préstamo convertible. También el Gobierno Central ha apoyado la operación, con SEPI como accionista y con la participación de ICO y CESCE en la financiación, y dando garantías del Estado a un porcentaje sustancial de la financiación bancaria. La negociación con esas entidades financieras -13 en el préstamo sindicado de 650 millones de euros- ha sido igualmente larga y compleja”, añadió.
En otro orden de cosas, Jainaga insinuó que la posibilidad de una fusión de los negocios acereros de Sidenor, Tubacex y Tubos Reunidos podría ser algo beneficioso para el conjunto de las empresas, aludiendo a este sentido a la necesidad de que las empresas vascas crezcan en tamaño para encontrar soluciones en “un mundo complejo” en el que las estrategias proteccionistas ganan terreno y donde los costes fijos que afrontan estas tres compañías, derivados de aspectos como la energía, “son enormes”.
Los accionistas y ejecutivos
En cualquier caso, señaló que son decisiones que deben tomar los accionistas y ejecutivos de las empresas y, en el caso de Tubos Reunidos, destacó que “está en una situación complicada” y que “hay que dejar que lo resuelvan ellos”.
Por último, sobre la investigación judicial por la venta de acero de Sidenor a Israel, señaló que “hasta hace seis meses creía en la Justicia”. “No entendemos por qué estamos metidos en este lío, no sé si hay otros intereses”, dijo, destacando que la Fiscalía de la Audiencia Nacional se ha opuesto a los registros al considerarlos “inadecuados y desproporcionados”. “Tenemos la conciencia tranquila, hemos aportado todas las pruebas de que hemos cumplido de la manera más estricta con la legalidad”, añadió, indicando que las partidas de acero vendidas no estaban incluidas en ninguna lista de productos no exportables y que tampoco estaban sujetas a autorizaciones preceptivas por parte del Gobierno español.
Además, Jainaga incidió en la necesidad de que Euskadi retome la senda de la reindustrialización. “Sin que suene despectivo, y simplificando las cosas, Euskadi no puede convertirse en un país únicamente de hosteleros. Tenemos que defender y desarrollar la industria, es fundamental para nuestro futuro”, explicó. En este sentido, destacó que la sucesión y el tamaño de las empresas vascas son los dos principales problemas que afronta el tejido productivo.
Problemas de arraigo
“Los problemas de arraigo están muy ligados a la falta de sucesión. Cuando una generación de accionistas decide salir de una empresa por carecer de unos sucesores con capacidad, o simplemente con ganas de mantenerse en la pelea, el riesgo de que esa empresa caiga en unas manos que no garanticen su futuro estratégico es grande, el riesgo de que el centro de decisión se desplace es igualmente grande, y asimismo lo es el riesgo de que tras ese primer movimiento accionarial se inaugure una cascada de transmisiones de la propiedad que acaben despersonalizando a la empresa y desmotivando a sus integrantes”, expuso Jainaga.
Por otra parte, recordó que el tamaño es “el otro gran hándicap de la empresa vasca”. A su juicio, “la dimensión de una gran parte de nuestras empresas no les permite competir adecuadamente en un mundo que se ha vuelto mucho más complejo, y donde prácticamente todas las fronteras están abiertas”. “El tamaño no es un objetivo en sí mismo, ni una característica que garantiza el éxito, pero sí es una condición necesaria para profesionalizar la gestión de la empresa, para abordar procesos de internacionalización, para desarrollar procesos de innovación, para captar los mejores profesionales disponibles en el mercado”, añadió, sin olvidar otros problemas, como los precios de la energía, la falta de enchufe para nuevos proyectos, al absentismo laboral y la falta de mano obra cualificada.