A punto de cumplir seis meses desde su inicio el pasado 28 de febrero tras la ofensiva de EE.UU. e Israel, la guerra contra Irán se encuentra completamente enquistada y sin avances significativos en las negociaciones. En este escenario de máximo estancamiento, Teherán ha elevado la presión al considerar la posibilidad de atacar objetivos militares estadounidenses en Europa si la Administración de Donald Trump intensifica las acciones bélicas.
Según revelaron fuentes del régimen iraní al diario Financial Times, las fuerzas armadas han analizado golpear activos situados en el sureste europeo, como Bulgaria, país que el mes pasado autorizó el uso de la base aérea de Bezmer para aviones de reabastecimiento norteamericanos. Asimismo, Chipre –donde una base británica sufrió el impacto de un dron en marzo– figura entre los potenciales objetivos de represalia.
Más allá de Oriente Medio
Los mandos militares y la Guardia Revolucionaria, que ya amenazó al Reino Unido por el uso de sus instalaciones, advierten de que una nueva escalada iría más allá de Oriente Medio, pudiendo desplegar misiles balísticos de medio alcance como la serie Shahab. Las evaluaciones iraníes incluyen también posibles ataques contra cables submarinos de fibra óptica en el estrecho de Ormuz.
Paralelamente, Teherán ha dirigido sus advertencias hacia los países del golfo Pérsico. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, el general Ali Abdollahi, declaró categóricamente que “cualquier ayuda o facilitación prestada al ejército agresor de EE.UU. se considerará como participación con las fuerzas militares estadounidenses”. El militar añadió: “Nada escapa a nuestra atención”.
Este aviso se produce tras la ruptura de relaciones comerciales y financieras por parte de Emiratos Árabes, que acusó a Teherán del lanzamiento de dos misiles balísticos contra su territorio, un extremo tildado de “infundado” por el portavoz de Exteriores iraní, Ismail Bagaei.
Más presión, pero sin concesiones
En el plano político, el jefe negociador y portavoz del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, criticó la estrategia de Washington señalando que la Administración Trump cree “que presionar más a Irán les permitirá obtener concesiones que nunca formaron parte del acuerdo” firmado a mediados de junio. Qalibaf arremetió contra los secretarios del Tesoro, Scott Bessent, y de Defensa, Pete Hegseth, afirmando que “están totalmente fuera de su liga” y pidiéndoles que dejen de “esperar a que los payasos saquen un conejo de la chistera”.
Por su parte, Hegseth defendió en Iowa la necesidad de las acciones militares declarando: “No estoy dispuesto a mirar a mis hijos a los ojos y decirles: ‘Tuvimos la oportunidad de hacer algo al respecto, pero no lo hicimos’”.
Entretanto, el presidente Trump confirmó que “no hay conversaciones ni diálogo” previsto y que el bloqueo naval en Ormuz sigue vigente tras expirar el memorando de 60 días. Esta parálisis ha provocado severas alteraciones en el comercio marítimo. Datos de MarineTraffic reflejan una caída del 17 % en los cruces por el estrecho de Ormuz, donde un reciente ataque al buque Minoan Dignity se cobró la vida de un marinero. En contraste, el paso por Bab al Mandeb aumentó un 53%, evidenciando que las navieras prefieren esquivar Ormuz ante la constante incertidumbre.