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Idoia Olaizola: "Navidad sin abrazos va a ser que no"

Anya vuelve a visitar Gernika tras dos años sin poder salir de Ucrania
Amaia Olaizola, María Jesús Erezuma, sus 'nietas' Anya e Izaro, Idoia Olaizola y su cuñado, Jon Ereñozaga, brindan en el txoko Bake Leku de Gernika.
Amaia Olaizola, María Jesús Erezuma, sus 'nietas' Anya e Izaro, Idoia Olaizola y su cuñado, Jon Ereñozaga, brindan en el txoko Bake Leku de Gernika.

LA familia de Idoia Olaizola lo tiene todo listo para reunirse estas fiestas, tras un par de calendarios desiertos de celebraciones por culpa de la pandemia. El lugar, el txoko Bake Leku de Gernika, donde estarán ellos solos "porque no se ha apuntado ningún otro socio para no mezclarnos". Como plan b, si el virus hace de las suyas, el domicilio. Las medidas de seguridad: mascarillas, ronda previa de test de antígenos y mesas unidas a lo ancho para guardar las distancias. El menú, la sopa de pescado de amama, "que no puede fallar", langostinos, cordero... "Igual no voy a estar muchos años, pero este les he hecho una cazuela de caracoles", cuenta María Jesús Erezuma, madre de Idoia. Por último, la lista de comensales, de donde se ha caído algún pariente a última hora por los confinamientos y en la que no faltará Anya, la adolescente ucraniana a la que Idoia acoge desde niña y a la que llevan dos años y medio sin ver por el covid. Cumplidores de las normas a rajatabla, la única línea que han traspasado ha sido la de abrazarla, pero ¿quién podría resistirse?

"Navidad sin abrazos va a ser que no", confiesa Idoia, informática, de 48 años. De hecho, su hija Izaro, de 6, y Anya, de 15, se "fundieron" la una con la otra al reencontrarse. "Fue muy bonito. Estaban todo el tiempo agarradas de la mano, abrazándose en cada esquina, inseparables", cuenta. Tampoco ella, ni su cuñado, Jon Ereñozaga, con quien fue a buscar a Anya el pasado lunes a Barakaldo –adonde llegó de la mano de Chernobil Elkartea– pudieron contenerse. "Le di un semiabrazo. No puede ser que, después de dos años y medio, una cría de 15 años no sienta el calor de la familia de aquí", explica Jon, padre adoptivo de dos jóvenes nacidos también en Ucrania.

Esas muestras de cariño, más que justificadas, han sido las únicas licencias que se han permitido. De hecho, Anya se hizo un test de antígenos nada más llegar a casa y la familia, que se sabe las recomendaciones al dedillo, piensa aplicarlas todas estas navidades. "No vamos a sobrepasar los diez y cumpliremos todas la normas porque, si no, las consecuencias pueden ser luego muy grandes", advierte Jon. "Somos una familia que nos hemos cuidado mogollón. Primero estuvo mi padre ingresado, mi madre es una persona de riesgo y no pudimos abrazarla en seis meses... Hemos vivido todas las restricciones habidas y por haber", suscribe Idoia, que durante la pandemia ha llegado a confinar por precaución a su hija para proteger a su madre, con quien conviven.

A causa del covid y las limitaciones impuestas, el año pasado cada uno celebró la Navidad en su casa. "Lo único que hicimos cuando empezamos a comer es una videollamada entre todos los hermanos y la incluimos a Anya, porque es parte de la familia", aclara Idoia. En estas fiestas, sin embargo, tienen intención de reunirse todos. "Tras fallecer mi padre el año pasado, hemos decidido hacernos las pruebas de antígenos, que ya hemos comprado, y todo lo que haya que hacer y juntarnos porque para mi madre también es muy duro pasar las navidades", dice. Esta noche y mañana se reunirán las dos hermanas con su madre y sus respectivas familias. En Nochevieja, si no hay imprevistos, se unirán su hermano, pareja e hijos.

"Que no nos toque nada malo"

Con un ojo en el LABI y el otro en la Conferencia de Presidentes, convocada el miércoles, la familia se debatía entre cenar y comer en su domicilio o en el txoko, "que es mucho más grande que el salón de casa y, al poner doble mesa, nos permite mantener mejor las distancias". "Preferimos juntarnos en el txoko, pero no sé si a última hora tendremos que cambiar las cosas por cómo está la situación", se teme Idoia, quien aclara que este año habían decidido compartir mantel "porque parecía que el tema estaba mejorando".

También su madre, María Jesús, está un pelín preocupada por el incremento de contagios, pese a las ganas que tiene de verse rodeada de toda su familia. "Estoy ilusionada y con un poquito de miedo también por las cosas que se están oyendo y porque Gernika está a tope. Procuraremos hacer todo lo mejor posible porque vamos a estar nosotros solos en el txoko y llevamos ya tiempo sin juntarnos", lamenta.

Aunque su hija Idoia y su nieta Izaro siempre extreman las precauciones, en esta ocasión deberá aplicarse toda la familia. "Adoptaremos todas las medidas, por si acaso, para juntarnos todos porque todos salen a la calle, menos yo, y siempre hay miedo", reconoce María Jesús. "La madre y la hija siempre van con mascarilla, vienen a casa, se lavan las manos, se dan alcohol y se quitan la ropa. Cuidados, todos los del mundo, y Anya, lo mismo. Se lavan y se ponen los pijamas para quitar la cosa de fuera. Esperemos que no nos toque nada malo", confía.

Pese a los recelos, motivos para celebrar les sobran, ya que a las fiestas navideñas se suma la presencia de Anya, a la que no ven desde 2019 tras haberse suspendido en verano y navidades los programas de estancias temporales por la crisis sanitaria. "Ahora que ha venido estamos supercontentos. Súper, ¿eh?", remarca orgullosa su amama de acogida.

Aunque por sus venas no corra sangre de su sangre, Idoia confiesa que "el vínculo se ha formado" y es tan fuerte que "para todos", incluidos sus hermanos, "es una más de la familia". María Jesús, con la que la menor comparte techo, ha estrechado, más si cabe, esos lazos. "Para mi madre cualquier cosa que le pase a Anya es una preocupación igual que si le pasase a cualquier otro nieto. Este año, con las notas, decía mi madre: Hay que llamarla, que esta está hecha polvo. Si no, le llama ella misma por WhatsApp y están de charleta. Es una más de casa. No hay diferencia", reitera Idoia.

Su cuñado, Jon, que acudirá a las reuniones familiares con su mujer, Amaia, y su hijo, Aritz, de 21 años, corrobora lo "ilusionados" que están por poder contar con la compañía de Anya. "Ya hacía dos años y medio que no la habíamos visto a la pobre, aunque nunca perdemos el contacto porque nos wasapeamos y hacemos videollamadas. La queremos todos un montón. La verdad es que es muy cariñosa. Estamos superunidos", destaca. Máxime cuando sus dos hijos, adoptados, comparten país de origen con Anya. La suya se antoja una familia vasco-ucraniana en toda regla. "La verdad es que sí", asiente con una sonrisa.

Con este gran aliciente y las ganas de celebrar contenidas desde que el coronavirus tachó los festivos de las agendas, Jon espera emocionado que nada se tuerza. "El año pasado no nos juntamos y, aunque es muy difícil hacerlo todo muy bien, hemos intentado cumplir todas las normas lo mejor posible. Este año estamos muy ilusionados –a no ser que haya algún cambio de última hora– por poder juntarnos, por lo menos, los ocho o diez que somos de la familia en Gernika", contabiliza.

Si todo va sobre ruedas, esta noche y mañana sábado se quitarán la espinita. "Siempre nos juntamos y celebramos los cumpleaños de todos, pero no ha sido posible. Durante la pandemia también se nos murió el suegro y tampoco pudimos hacer nada. Para nosotros ha sido bastante duro, pero es lo que tenemos que hacer en este momento", asume, responsable.

Anya tenía muchas ganas de venir

Idoia acogió a Anya, huérfana de padre y madre, en 2014, cuando tenía ocho años, y su primera estancia en Euskadi fue "muy difícil porque no sabía el idioma y había tenido una mala experiencia con una familia acogedora en Barcelona", explica Idoia, que aún recuerda cómo se "encerraba a llorar en el cuarto y las broncas que le echaba a la foto de su abuela, con quien vivía, por haberla mandado aquí".

Pese a lo "duro" que resultó aquel verano, quiso volver y así hasta hoy, con el obligado parón por la pandemia y su ausencia en las navidades de 2019. "Justo en las de 2018 estuvo aquí y se le murieron los dos abuelos en una semana. Al año siguiente quiso pasarlas allí porque era el aniversario", detalla Idoia, que estos dos años y medio le ha enviado comida y regalos, pero "si le hacemos alguna analítica pitarán algunas cosas seguro". Aunque Anya sonreía al otro lado del smartphone, Idoia la intuía triste. "Tenía muchas ganas de venir. Vive con sus tíos, pero le falta el cariño de sus abuelos. Sabes que echa en falta esto y los abrazos". Como para no dárselos.

"Tras fallecer mi padre el año pasado, este vamos a juntarnos porque para mi madre es muy duro"

Idoia Olaizola

La madre

"Cumpliremos todas las normas porque, si no, las consecuencias pueden ser luego muy grandes"

Jon Ereñozaga

El cuñado

"Estoy ilusionada y con un poquito de miedo también porque Gernika está a tope"

María Jesús Erezuma

La amama

 

2021-12-25T05:16:02+01:00
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