A día de hoy, ver a una persona alzando la mano en la que porta el móvil con la intención de hacer una foto nos es totalmente familiar. Ese gesto es fácilmente identificable y deja muy clara su intención. Pero la situación cambia cuando esa cámara no es visible porque está integrada en un dispositivo que puede portar cualquier persona y que captura imágenes sin que nos percatemos de que podemos estar siendo observados.
Las primeras gafas inteligentes, las Google Glass, fueron presentadas por la tecnológica californiana en el año 2012. Pero ya más recientemente, la empresa que se ha hecho dueña y señora de estos dispositivos es Meta desde que, en alianza con la casa Ray-Ban anunció en 2021 y sacó al mercado al año siguiente las Ray-Ban Stories. Cuatro años después, durante el evento Meta Connect 2025, presentó una segunda generación con pantalla integrada y una mayor calidad de grabación. Más recientemente, el pasado junio, lanzó unas nuevas gafas bajo su propia marca, dotadas de cámara de fotos y vídeo, altavoces y un micrófono y de Muse Spark, el primer modelo de inteligencia artificial salido de Meta Superintelligence Labs.
Pero este desarrollo tecnológico siempre ha llevado aparejado el riesgo para la privacidad de terceras personas. Algo que, por otra parte, no es nuevo y ya se abrió con aquellas primeras gafas presentadas por Google ya que, por ejemplo, llegaron a ser prohibidas en casinos de Estados Unidos como los de Las Vegas o Atlantic City.
Regulaciones
Todo este debate se ha avivado con la publicación de que Meta estaría planeando lanzar unas gafas de “superdetección” que tomarían imágenes de forma continua y en muy cortos lapsos de tiempo. La compañía se apresuró a aclarar que en ningún caso almacenará las imágenes o las grabaciones de audio y que únicamente extraerá los metadatos para analizarlos y que su modelo de IA pueda disponer de esa información.
A muchos expertos estas explicaciones no les han convencido en absoluto. Oded Vanunu, Jefe de Investigación de Vulnerabilidades de Productos de la empresa Check Point especializada en soluciones de ciberseguridad, indica que planes como los avanzados por Meta nos llevan a un “sistema que podría generar datos biométricos, identificar rostros, analizar reacciones... En última instancia, las gafas son solo el punto de recogida de la información. Desde una perspectiva de seguridad, es igualmente importante comprender qué ocurre después con esos datos y qué medidas de protección existen”.
Gafas inteligentes de Meta con pantalla integrada
Más teniendo en cuenta algunos precedentes de mal uso de la información recogida por sus modelos de gafas Ray-Ban Meta y a pesar de que la compañía ha tomado medidas como la de desactivar la cámara de sus gafas cuando el dispositivo led que indica que está funcionando está tapado, ya que había constatado que era manipulado para evitar que se supiera que estaban grabando. Alex Himmel, vicepresidente de Meta, describió la situación “como un juego del gato y el ratón. No creo que esto termine nunca..., siempre hay nuevas maneras de sortear las medidas de seguridad que se implementan”.
Los posibles riesgos para la privacidad generados por estos dispositivos han hecho que en países como Estados Unidos o Reino Unido se haya prohibido su uso en lugares públicos como tribunales, teatros o restaurantes y otros barajan todo tipo de medidas. Las agencias de protección de datos de países como Alemania, Francia o Países Bajos han, desde solicitado prohibir su venta hasta evaluar su posible ilegalidad ante lo imposible de que los ciudadanos den su consentimiento al ser grabados.
La Agencia Española de Protección de Datos publicó el pasado julio una serie de advertencias o recomendaciones de uso como “utilizar las gafas inteligentes con los mismos criterios que una cámara o un teléfono móvil”, “respetar los límites legales de la grabación”, “limitar las grabaciones a lo estrictamente necesario” y eliminarlas cuando ya no sean necesarias.