"Llevo toda mi vida preparándome para ser presidente del Gobierno de España". Con estas palabras, Alberto Núñez Feijóo se reivindicó como la mejor alternativa para la "reconstrucción nacional" que promete y apeló al "modelo gallego" que apuntaló durante sus años al frente de la Xunta de Galicia. "Si Galicia funciona, España tiene que funcionar como Galicia", aseguró en una abarrotada Estación Marítima de Vigo.
Arropado por el presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, y los principales rostros del PP en la comunidad, el candidato popular lanzó toda su artillería contra el "Gobierno de la corrupción" de Pedro Sánchez. Enumeró la existencia de "17 sumarios abiertos" que afectan al PSOE, en los que "se acusa de 23 delitos", "131 imputados" y penas que podrían superar los 1.000 años de cárcel. "Me encargaré de que paguen por todo", garantizó, advirtiendo de que, si llega a la Moncloa, "a los corruptos no los vamos a indultar".
En el plano de las propuestas económicas, Feijóo siguió con su retahíla de bajada de impuestos: el de la renta, del IVA en los alimentos básicos, la luz... También recordó su compromiso de construir un millón de viviendas a lo largo de la próxima legislatura con el objetivo de elevar la oferta y rebajar los precios, y de aprobar una ley antiocupación que permita desalojar a los okupas "a las 48 horas", aunque muestren el ticket de una pizza, como aseguró recientemente. Asimismo, prometió un sistema de financiación autonómica "justo" que impida el uso de los recursos comunes como "moneda con la que se compra un gobierno".
Otra parte del discurso del presidente del PP la dedicó a condenar la violencia y los disturbios registrados esta semana en la Plaza de María Pita de A Coruña por la visita del líder de Vox, Santiago Abascal. "¿Queremos también los disturbios de Francia?", señaló, apuntando a Sánchez por levantar "un muro para aislar a los que no piensan como tú".
Ante este escenario de confrontación, esa "reconstrucción nacional" que predica el líder del PP debe servir para "darse la mano otra vez". "Yo quiero un país en el que se pueda discrepar con palabras pero no con piedras", concluyó.