El excorredor de Euskaltel-Euskadi, que llegó a disputar el Tour de Francia y logró una victoria de etapa en 2009, ha trasladado su experiencia al trabajo con ciclistas a través de su centro multidisciplinar Txirrindor ubicado en la calle Tulle de Errenteria. También colabora activamente con la cantera del club de Oarsoaldea OTXE.
Tras tantos años dedicados al ciclismo profesional, ¿qué significa continuar vinculado a este deporte desde otra perspectiva?
Cuando dejé el profesionalismo tenía claro que quería seguir trabajando con ciclistas. Sin embargo, no quería enrolarme en la estructura de un equipo porque eso implicaba continuar viajando continuamente. Preferí emprender y montar mi propio centro cerca del hogar. Empecé realizando entrenamientos y, más adelante, incorporamos el estudio biomecánico para optimizar el posicionamiento del ciclista sobre la bicicleta. Con el tiempo se sumaron un masajista-osteópata, un dietista y un psicólogo deportivo. Me siento muy satisfecho porque sigo viviendo de lo que más me apasiona.
¿Se nota un incremento de la afición al ciclismo?
La afición no deja de crecer. Durante la pandemia vivimos un repunte notable. En aquel momento pensé que, después de una gran subida, vendría una pronunciada caída, pero no ha sido así. Quienes se iniciaron, han seguido sobre la bicicleta y, a nivel profesional, eso nos beneficia porque no nos falta trabajo.
¿Un centro de estas características es imprescindible únicamente para el alto rendimiento o también para prevenir lesiones en cualquier usuario?
Para rendir mejor es indispensable contar con una buena salud. Muchas personas acuden a realizarse un estudio biomecánico sin ninguna pretensión competitiva. Son cicloturistas, usuarios de bicicletas eléctricas, personas que utilizan el bidegorri o peregrinos del Camino de Santiago. No compiten, pero necesitan pedalear con comodidad, sin dolores ni sobrecargas. Nuestro perfil de cliente es muy variado: desde jóvenes con la aspiración de dar el salto al profesionalismo hasta personas mayores que dan paseos en bicicleta eléctrica.
Colabora activamente con el club OTXE preparando a jóvenes ciclistas. ¿Qué representa para ellos contar con un referente de su trayectoria?
OTXE, el club de Oarsoaldea, está orientado principalmente a la bicicleta de montaña y en ella trabajamos varios entrenadores. Hablamos de una escuela muy amplia, con casi noventa ciclistas. Lo más enriquecedor del proyecto es su carácter multidisciplinar: no se limitan al mountain bike o a la carretera, sino que también trabajan la pista y el BMX. Esa variedad enriquece enormemente al deportista. A edades tempranas es formativo que experimenten con todas las modalidades antes de definir su camino. Yo me encargo de la preparación física de los más jóvenes. Procuro transmitirles lo aprendido a lo largo de mi carrera, pero insistiendo siempre en que disfruten.
“ Al ciclismo tiene que llegar quien realmente lo sienta; el verdadero valor está en disfrutar, en la convivencia y en hacer equipo ”
A nivel personal, ¿qué le aporta el contacto diario con la cantera?
Es muy gratificante. En esas edades se palpa la ilusión más pura: para muchos es un deporte recién descubierto y todo resulta emocionante y novedoso. A mí me traslada de inmediato a mis inicios, cuando empecé a montar en bicicleta con once años. Hoy tengo 46, pero conservo recuerdos imborrables de aquella etapa.
¿Cómo ha cambiado el deporte base desde sus comienzos?
Se ha profesionalizado de forma exponencial y, a menudo, experimento cierta contradicción al respecto. En categorías inferiores considero que lo primordial debe ser pasarlo bien, forjar amistades, conocer nuevos entornos y descubrir diferentes disciplinas. No obstante, vivimos en una sociedad cada vez más competitiva y esa inercia también se traslada a los jóvenes. Por un lado, resulta positivo porque eleva el nivel y permite conseguir metas notables, pero por otro me pregunto si no nos estaremos saltando etapas esenciales, como el simple hecho de disfrutar de la bicicleta.
“ Si todos los clubes gozaran de la misma salud que OTXE, con 90 corredores, el ciclismo daría un salto cualitativo enorme ”
¿Cuáles son los valores fundamentales que transmite el ciclismo a los jóvenes?
Más allá de la faceta competitiva, inculca hábitos de vida saludables y promueve el uso de la bicicleta tanto en los desplazamientos diarios como en el ocio. Asimismo, favorece la convivencia. A nuestro club llegan jóvenes no solo de Oarsoaldea, sino también de localidades como Errenteria, Zarautz, Zumaia o Irun, y aquí encuentran su espacio cuando en sus municipios no existen escuelas con este enfoque integrador o multidisciplinar. El ciclismo enseña el valor del sacrificio y del trabajo en equipo.
¿Cómo vislumbra el futuro de la cantera dentro de diez años?
Firmaría mantener la situación actual. La escuela de OTXE realiza una labor excelente, refrendada por el elevado número de licencias con el que contamos. Confío en que dentro de una década continúe el relevo y se sume más gente a colaborar. Si todos los clubes gozaran de esta misma salud, el ciclismo daría un salto cualitativo enorme.
¿Cómo se puede atraer a las nuevas generaciones a la bicicleta?
Al ciclismo tiene que llegar quien realmente lo sienta