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Mundial

Merino evita la prórroga en el límite

El centrocampista deshizo un empate que España y Portugal alimentaron en un partido muy tenso y de alternativas marcadas por el temor a perder
Pau Cubarsí y Unai Simón durante el partido contra Austria.
Pau Cubarsí y Unai Simón durante el partido contra Austria. / EFE

España se impulsa hasta los cuartos de final gracias a un gol en el último suspiro con la firma de Mikel Merino. Al remate del centrocampista, que acababa de entrar en el partido, se redujo la distancia que separó a los contendientes tras casi cien minutos muy cerrados, en cuanto a que nunca estuvo claro para dónde se inclinaría la balanza. Un margen mínimo decidió, detalle acorde a la solidez y saber estar de las dos selecciones que lucen los centros del campo más dotados del torneo y unos estilos definidos y eficaces, sobradamente contrastados como avalan las recientes trayectorias tanto de España como de Portugal.

En los prolegómenos, presididos como el desarrollo del partido por el respeto mutuo y el temor, pues no es plato de gusto despedirse de un Mundial en octavos, menos para equipos de semejante nivel, se insistía precisamente en que era un partido más propio de semifinales o de una final. Pero Colombia alteró el orden previsto en la fase de grupos y ayer les tocó verse las caras. El trámite tuvo de todo, pero quizá se percibió que la prudencia se impuso a la ambición, el atrevimiento y la alegría en los turnos de posesión que se intercambiaron de manera constante.

El partido Portugal-España, en imágenes EFE / EP

Pese a figurar por derecho desde el inicio del torneo en el ramillete de los máximos favoritos al título, ni España y Portugal habían alcanzado el punto de ebullición que cabía augurar. Acaso fuese porque con sus titulares muy exigidos durante toda la temporada cuesta más adquirir el tono preciso para corroborar el mencionado pronóstico. Tampoco cabe negar que hasta ayer transitaban por itinerarios bien distintos y de ahí podía extraerse alguna conclusión: mientras España solo había despachado rivales de medio pelo, en la culata de Portugal aparecían muescas con nombres ilustres como Colombia o Croacia, esta durísima de pelar ciertamente. En este sentido, los hombres de Martínez llegaban advertidos, escarmentados, algo no aplicable a la tropa de De la Fuente, cuyo mayor enemigo conocido se hallaría en las críticas que suscitó su imagen en la primera fase.

Durante todo el primer período confirmaron los augurios con una alternancia en la iniciativa que condujo a un equilibrio bastante obvio. Ambos bandos manejaban con corrección, acaso los lusos empujaban más en bloque y España se decantaba por las transiciones rápidas con menos elementos. La errática actuación de Lamine Yamal fue un lastre similar al que representa desde hace tiempo un Cristiano que casi ni cató pelota alejado de zona de remate. Pero los bloques trabajaron a fondo y libraron una guerra táctica más interesante desde la óptica de los entrenadores que del público.

Ello no privó a la grada de asistir a una serie de acciones peligrosas que abrió Oyarzabal con un mano a mano con Costa que cruzó en exceso. El meta de Portugal fue crucial para desviar una venenosa rosca de Baena y aún hubo un pase de la muerte a cargo de Olmo, uno de los más entonados, que nadie supo ver. La réplica en el área de Simón, quien exhibió una pasmosa seguridad en cada intervención, llevó el nombre de Cristiano, que dirigió al muñeco, y posteriormente, cerca del descanso, fue Joao Félix quien apuró al de Murgia más que el propio Cristiano, a cuyo adorno posterior replicó Simón con una palomita. 

El último cartucho previo al descanso fue el más vistoso, pues Porro desvió al larguero un cañonazo de Nuno Mendes que se colaba tras el saque en corto de un córner. Con la impresión de que la resolución del litigio podía retardarse, como en la mayoría de los partidos del Mundial, y que visto el empaque de los equipos cualquier detalle era susceptible de adquirir un valor crucial o que, por supuesto, un gol podía ser suficiente para acceder a cuartos. En suma, máxima tensión e incertidumbre para regalar. La lesión de Nuno Mendes fue casi lo único noticiable hasta que se cumplió la hora de juego. Generar peligro se iba convirtiendo en un auténtico problema, nadie quería arriesgar en exceso, la prioridad era mantener las estructuras firmes y esperar a que la flauta sonase.

A ello pretendió contribuir Roberto Martínez con la amenaza de Leao, pero España amasó entonces más posesión y las pocas llegadas de un período que se iba espesando. El cansancio asomaba con nitidez y hubo dos pares de cambios para asegurar siquiera la opción de la prórroga, pero cuando todo apuntaba al tiempo extra, una falta cometida por Bernardo que España sacó con celeridad propició lo inesperado. Entre Fabián y Ferran Torres cocinaron una acción que partió por el eje la zaga rival y surgió el recién ingresado Merino para culminar sin oposición ante Costa.

Corría el 91 y Portugal se lanzó al abordaje bajo la batuta de Bernardo Silva, quien acarició la igualada en el minuto 96 cabeceando en el cogollo del área entre los centrales. El balón se marchó lamiendo el larguero y aún hubo otro susto gordo para Simón, en una falta que Neves peinó anticipándose a la zaga, aunque sin encontrar portería. Un final de infarto para despedir al combinado luso y reafirmar la candidatura de España.

2026-07-07T18:58:04+02:00
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