Mundial

La baza de Merino funciona otra vez

La entrada del navarro cerca de la prórroga acaba con la resistencia de una Bélgica que con su repliegue acertó a frenar el ataque de España
Imagen del partido Portugal-España
Imagen del partido Portugal-España / EFE / EP

España se enfrentará a Francia el próximo martes por una plaza en la final del Mundial. Esta noche ha pasado de ronda aferrado a una singular treta que ya le valió la presencia en los cuartos, consistente en explotar el exagerado instinto del oportunista que atesora Mikel Merino. Al igual que hiciera para eliminar a Portugal, el navarro salió del banquillo cuando el partido moría con empate en el marcador; de hecho, casi hasta se incorporó en el mismo minuto, e increíblemente repitió jugada para mandar a casa a Bélgica, que ya veía asegurada la prórroga. Ante la manifiesta imposibilidad de penetrar en el área rival, Cubarsí probó suerte de lejos y el portero belga, tras frenar el remate, no sujetó la pelota, se le fue metro y medio, suficiente para que Merino marcase llegando como un poseso para rebañar.

Fue indispensable la aportación de Merino para doblegar un adversario duro de pelar, al que no le importó invertir buena parte de su esfuerzo en proteger su portería y frenar la iniciativa de una España que a ratos se mostró incisiva, pero que continúa sin alcanzar el nivel que se le presupone. En el desenlace se ha de considerar asimismo el infortunio que padeció Bélgica: Rudi Garcia no solo perdió en el calentamiento a Tielemans, pieza básica en su sala de máquinas, sino que vio cómo Courtois solicitaba la sustitución en el minuto 70 aquejado de una lesión muscular. Nunca se sabrá, pero es más que probable que Courtois, al contrario que Lammens, hubiese cogido el envío que precedió al gol de Merino.

No obstante, lo que se hizo de rogar el tanto que decantó el pulso, da una idea de la complejidad que entraña sacar adelante un compromiso de esta entidad. Si bien España dejó sentado que posee más juego y más recursos, en especial con balón, no cabe obviar que con armas menos vistosas y variadas, Bélgica acertó a aprovechar sus opciones y durante muchos minutos exhibió un balance muy estimable en la contención. Un día más su técnico supo sacar partido a las bazas que posee e invalidó el caudal de juego, el mando ejercido y el superior capítulo rematador de España. Hasta que intervino Merino, claro.

Por cierto, reapareció Nico Williams, incluso antes que Merino, en el 79, otra prueba de que De la Fuente lo veía muy crudo y quiso evitar a toda costa la disputa de media hora extra. El extremo no consiguió sacar nada en limpio en la media docena de intervenciones de que gozó, pero esperar lo contrario es mucho esperar siendo alguien que casi no ha competido durante dos meses largos. Sobre Unai Simón, apuntar simplemente que en los últimos minutos le pudo la tensión y cometió un error grueso sin consecuencias, en una alocada salida del marco. Poco tuvo que hacer en el gol recibido y terminando el evento tuvo el placer de saber qué se siente chocando en el aire con Lukaku.

Media hora necesitó España para rentabilizar el mando de las operaciones que asumió desde el inicio, sin lograr incomodar realmente a una Bélgica dispuesta a esperar su momento, renunciando al riesgo, conservadora, en suma. Una postura previsible, que además de reflejar cierto respeto sirvió para comprobar los problemas en la construcción de los hombres dirigidos por De la Fuente. La cosa es que Courtois ni intervino, prueba de que el planteamiento belga se demostraba bastante práctico, por mucho que apenas traspasase la línea del centro del campo. El considerado por muchos como mejor portero de la actualidad se estrenó precisamente en la acción que dio ventaja a España, no antes.

Un hasta entonces discretísimo Yamal combinó con Pedro Porro y el pase raso de este halló a Olmo, para variar un día más de los más entonados, cuyo remate repelió Courtois para que Fabián remachase con su pie derecho, el menos preciso. El interior andaluz, sustituto de Pedri en el once, agradecía la elección del seleccionador con un tanto que desbloqueaba un partido que generaba algunas dudas. España despertó tras la pausa de hidratación, llegó el gol y otro par de situaciones comprometidas en el área, ahora sí a cargo de Yamal, quien experimentó una transformación radical, y pasajera. No es el del Barcelona.

Pero a estas alturas no cabe dar nada por hecho y coincidiendo con la mejor fase de España se produjo la réplica de una Bélgica que por fin elaboró en terreno ajeno. Fue una jugada larga, con intervención de muchos jugadores que culminó en un centro bien templado por Castagne para que De Ketelaere cabecease picado tras ganarle la posición a Cubarsí. De nuevo el combinado de Rudi Garcia demostraba su versatilidad, igual que hiciera ante Senegal, reaccionó ante la adversidad y exhibió la calidad que reúne en sus demarcaciones más ofensivas.

España se retiró al descanso habiendo perdido la condición de imbatida que ostentaba en exclusiva, un registro significativo, pero de relativo valor a estas alturas, máxime disputando una cita sin vuelta atrás. Así que para sus intereses acaso lo preocupante fue comprobar cómo Bélgica lograba neutralizar su propuesta con un volumen de fútbol ofensivo bastante inferior. Una tónica que se prolongó en el segundo acto, donde España lo intentó con tesón, que no con nitidez en sus evoluciones salvo en un par de ocasiones. Esa sensación de frustración que se fue acumulando en sus filas quizá fuese lo que impulsó a Cubarsí a probar fortuna y, mira por dónde, fue la llave para atar la clasificación a semifinales, donde le aguarda la gran favorita del torneo por lo presenciado hasta la fecha.

2026-07-11T18:51:05+02:00
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