Tele 5 tuvo, a comienzos de temporada, la buena idea de airear su programa para las tardes de verano y, con la excusa de recorrer la costa, salir a la caza y captura de esa audiencia que le es esquiva. Al tinglado lo han llamado El verano se mueve y la primera sorpresa ha sido que los han encerrado cuatro días a la semana en un plató enanísimo con poco más que una mesa, junto a la que un montón de gente hace bulto dando una sensación claustrofóbica.
El único que se mueve a diario por las playas es, en realidad, el sobrinísimo de Ana Rosa, ascendido a reportero-copresentador de la cosa, mientras Ion Aramendi espera sentado sobre una mesa (sospecho que no hay espacio detrás para sacar la silla), a que el viernes le dejen salir del angosto plató y juntarse con él como dos Rodríguez.
Ion Aramendi forma parte de 'El verano se mueve'.
El verano se mueve es, por lo tanto, una especie de programa viajero diario donde solo hay presupuesto para que el equipo viaje una vez a la semana, lo que resulta inquietante. Tanto como ir a uno de esos destinos para acabar haciendo lo de siempre: conectar con los pasillos de la casa-madre madrileña para retroalimentarse con lo que alguien ha dicho o amenaza con decir en otro programa telecinquero.
Pese a llevar un mes en marcha, tampoco tienen muy pillado el tono de un programa que a ratos quiere ser desenfadado como lo eran antaño el ¡Qué me dices! o el primer Tomate, pero de pronto se convierte en un espacio de sucesos que conecta con todas las desgracias de España, desde incendios a cualquier tragedia, sin acabar de aclararse si quieren drama o comedia, y sin sacar más provecho al lugar al que viajan, más allá de poner un dron a volar para mostrar una envidiable estampa de sol y playa mientras ellos se empeñan en replicar su angosto plató bajo una carpa.
La última intentona para que les hagan caso allí donde van (por lo que sea, parece que no están causando la expectación esperada) ha sido montar un concurso que consiste en enterrar en la arena de la playa un goloso premio de 400.000 euros en forma de... un miserable décimo de Navidad de 20 euros. Y todavía tienen el papo de preguntar al que lo encuentra en qué se gastará el premio.... si la suerte (y el 0,00001% de posibilidades reales de llevarse el Gordo) le sonríen. Suena cutre y tacaño.
Reafirmo aquí mi sospecha de que algún mandamás está intentando dinamitar Tele 5 desde dentro, porque hasta las buenas ideas, como lo es hacer un magazine de verano viajero, se las están cargando de mala manera.
Por mucho empeño que le ponga el bueno de Aramendi y por mucho morro y desparpajo que le eche el sobrinísimo Kike Quintana -que se lo echa-, si no hay mata... no puede haber patata.