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El Tribunal de Cuentas Europeo ve "un reto" que la UE sea autónoma en defensa para 2030

Los cuellos de botella industriales, la dependencia de EEUU y la falta de coordinación ponen en riesgo el objetivo del bloque
Edificio de la Comisión Europea en Bruselas. / E.P.

El Tribunal de Cuentas Europeo (TCE) ha advertido este jueves de que, pese al fuerte aumento del gasto militar y las iniciativas impulsadas en los últimos años, sigue siendo "un reto" que la Unión Europea alcance para 2030 una autonomía estratégica que le permita sostener de forma independiente operaciones militares de alta intensidad.

En un informe, los auditores han señalado entre los principales obstáculos el atasco que arrastra la industria europea de defensa tras años de inversión insuficiente, la dependencia de proveedores de fuera de la UE, así como las dificultades para coordinar las inversiones de los Estados miembro, que amenazan con perpetuar la fragmentación y las carencias en capacidades militares.

El gasto, en todo caso, se ha disparado. El TCE ha constatado que el gasto combinado de los Veintisiete aumentó un 78,6% entre 2020 y 2025, mientras que sus presupuestos anuales de defensa pasaron de 262.000 millones de euros en 2022 a 343.000 millones en 2024 y se espera que alcancen los 454.000 millones este año.

El tribunal advierte, sin embargo, de que gastar mucho más no equivale automáticamente a tener más capacidades militares: la inflación específica del sector, que suele superar a la general, los largos plazos de fabricación y la escasez de materiales, componentes esenciales y personal cualificado impiden que el dinero asignado llegue a traducirse en capacidad operativa.

"Aunque la UE ha puesto en marcha varias iniciativas para que los Estados miembro cooperen y aúnen esfuerzos de defensa, aprovechar las nuevas oportunidades y prestar atención a los riesgos existentes es fundamental", ha señalado el miembro del tribunal responsable del análisis, Marek Opiola, quien ha insistido en que la meta de 2030 "sigue siendo un reto".

La crítica más de fondo apunta a la planificación. A diferencia de la OTAN, que trabaja con un proceso descendente, la UE planifica sus capacidades con una lógica fundamentalmente ascendente, en la que son los Estados los que identifican qué necesitan y dónde gastan, sin un procedimiento europeo eficaz "de arriba abajo".

Los auditores han avisado de que esa ausencia, sumada a la coordinación "insuficiente" entre las distintas fuentes de financiación nacionales y comunitarias, puede provocar "inversiones fragmentadas, duplicidades y carencias en materia de capacidades", a lo que se suman los cuellos de botella en el suministro de materiales, componentes esenciales y personal cualificado.

COMPRAR EUROPEO O COMPRAR RÁPIDO

El informe pone el foco en una de las tensiones centrales del debate industrial en Bruselas: las cláusulas del "principio de preferencia de la UE", incluidas en la mayoría de los instrumentos comunitarios, buscan reducir la dependencia de proveedores de terceros países, pero chocan con las necesidades a corto plazo.

Los auditores han recordado que numerosos Estados miembro recurrieron a fabricantes no europeos en 2022 y 2023 para tapar sus carencias con rapidez, al considerar que la industria europea no tenía capacidad suficiente y trabajaba con plazos más largos. El reto, subrayan, pasa por encontrar "el equilibrio adecuado" entre las prioridades operativas inmediatas y las inversiones estratégicas a largo plazo.

Las limitaciones también quedan patentes en la movilidad militar, un área para la que el TCE calcula unas necesidades de inversión de 70.000 millones de euros para adaptar las infraestructuras de transporte europeas a los estándares militares. Frente a esa cifra, la UE destinó 1.700 millones para el periodo 2021-2027 y ha propuesto elevar la partida hasta los 17.700 millones entre 2028 y 2034.

La fragmentación se refleja también en las cifras de cooperación: en 2021 solo alrededor del 18% del equipamiento se adquirió de forma conjunta, frente al 35% fijado como referencia, y apenas el 7% del gasto en investigación y tecnología fue colaborativo, con un objetivo del 20%. Desde 2022 la Agencia Europea de Defensa ha dejado de informar sobre la contratación conjunta por la falta de datos completos de los Estados miembro.

17.700 MILLONES PARA MOVILIDAD MILITAR

El desfase entre ambición y recursos se ve con especial claridad en la movilidad militar. Adaptar las infraestructuras de transporte a estándares militares exige unos 70.000 millones de euros, mientras que el Mecanismo Conectar Europa destinó 1.700 millones en el actual marco financiero y la Comisión propone 17.700 millones para 2028-2034.

La UE aspira a tener una zona de movilidad militar en todo el bloque comunitario a finales de 2027, primer paso hacia un "Schengen militar", aunque según el TCE falta aún mucha inversión para hacer realidad dichos planes.

El tribunal pone también el foco en los riesgos asociados al rápido incremento de la financiación, avisando de que el creciente recurso a deuda y préstamos respaldados por el presupuesto comunitario para compras de defensa puede "socavar" la sostenibilidad presupuestaria, al ralentizar la reducción de la deuda pública y presionar el "margen de maniobra" de las cuentas europeas.

A ello se añade la "complejidad operativa", ya que para la toma de decisiones conviven Estados miembro, la Comisión Europea, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), así como otros organismos y agencias, lo que eleva el riesgo de "que se solapen las responsabilidades", con competencias poco claras y problemas de coordinación.

OPORTUNIDAD PARA LA INDUSTRIA EUROPEA

Pese a estos riesgos, el TCE considera que el fuerte incremento del gasto representa un "momento crucial" para la industria europea de defensa, que puede ampliar su capacidad de producción, aumentar la inversión en investigación y desarrollo y reducir su dependencia de proveedores extranjeros, además de aprovechar tecnologías de doble uso como la Inteligencia Artificial o las tecnologías cuánticas.

Los auditores apuntan igualmente al margen para desarrollar nuevas fórmulas de cooperación, como los "clústeres de defensa" y las "coaliciones de capacidades", y para estrechar los lazos con Ucrania, cuya industria de defensa puede contribuir a la producción conjunta, la investigación y la innovación europeas y aportar las lecciones obtenidas durante la guerra frente a Rusia.

03/09/2026