El Real Madrid, con apenas diez minutos de gloria, enmendó un mal partido para firmar una remontada épica ante la Roma, que se puso 3-1 en el marcador y encajó tres goles en siete minutos. Los blancos, sin juego en esta segunda jornada de la Fase de Grupos de la Champions League, apelaron a la rebeldía y arreglaron un día oscuro a nivel de juego que pintaba a drama en Chamartín.
Recién descorchado el duelo, Hermoso pudo abrir el marcador. Una brillante estirada de Courtois dejó congelado el marcador. La acción era el síntoma de la iniciativa adoptada por la Roma. El equipo de Gian Piero Gasperini quería la pelota. El Real Madrid se disponía para lanzar contraataques, a merced del rival. Eran dos bloques muy estirados sobre el tapete.
Dybala dispuso de una buena ocasión tras una genial combinación de los romanos, que achuchaban, que intimidaban con su estilo de juego fluido y a la vez con una vertiginosa verticalidad. La Roma, eléctrica, estaba dispuesta a correr. Aunque encontró el revés de la pronta lesión de Koné, que en el minuto 17 fue sustituido por Pisilli. El conjunto italiano perdía músculo en su medular.
El Madrid, atascado
Courtois, mientras, insistía con balones en largo. La tropa de Jose Mourinho sufría en la salida de balón. No había claridad y sí desconexión. El centro del campo parecía invisible, desnudo. Y así, en una grave pérdida de balón en la búsqueda de la salida de la pelota, la Roma encontró su recompensa. De Roon mandó a la red un disparo desde fuera del área, ayudado el desvió de un jugador que dejó anulado a Courtois.
El Madrid estaba maniatado, sin salida, obligado a jugar en largo. Malen pudo facturar el segundo tanto de la noche con una nueva imprecisión visitante.
Pero entonces, cuando la Roma seguía intimidando y solo cinco minutos después de adelantarse, Mbappé encontró espacio para armar un tiro desde la frontal y, al igual que sucedió con la acción De Roon, tuvo la fortuna de que el esférico golpeó en un defensor para igualar el partido.
Mbappe y Dumfries celebran el gol del primero.
El Madrid pareció entrar en el partido. Disfrutó de sus mejores minutos. El balón empezó a circular. Pero fue un espejismo. La Roma recuperó rápido el pulso. Volvió a triangular con éxito. Las progresiones solían pasar por las botas de un genial Soulé, que comenzó a acaparar protagonismo en el flanco derecho, una autopista por donde más percutían los italianos. Sufría Cucurella, poco o nada auxiliado por un desaparecido Vinicius.
El equipo de Mourinho, de nuevo a expensas del rival
Los de Mourinho regresaron a la sumisión, confiados en su capacidad para correr con espacios abiertos al contragolpe. El único que lograba recibir era Bellingham. Los demás parecían caballos de carreras dispuestos para el galope. Fue el inglés quien cerró la primera mitad con una buena ocasión para maximizar la rentabilidad de los suyos. Sin embargo, la Roma se marchaba al descanso con aires de superioridad.
Al igual que en el primer acto, la Roma entró mejor en escena. En el enésimo error en la orquesta del juego del Madrid, que asumía riesgos excesivos, los italianos recuperaron y fugaces llevaron el balón hasta las botas de Malen, que firmó el 2-1.
Mora se hizo clarividente para filtrar un pase al espacio para Malen, que fusiló a Courtois en el mano a mano. Las transiciones de la Roma eran letales para las fases defensivas blancas. Escaseaban las ayudas y las basculaciones entre los visitantes.
Los blancos, a la épica
El Madrid se vio obligado a asumir riesgos. Los blancos se rebelaron, crecieron en el caos. Mou quemó las naves en busca de la épica. La Roma buscaba la paz prolongando las circulaciones. Mbappé pudo recortar diferencias, pero su gol fue anulado por fuera de juego. Tuvo ocasiones el francés, pero sin claridad. Fue Espí, en el arrebato, quien puso presión con un tanto a puerta vacía.
Con la Roma hundida, el Madrid se volcó al ataque. Y Endrick, en el 85, rescató un empate tras la salida de un córner. Los cambios de Mourinho surtían efecto. En esa misma suerte del balón parado, Bellingham pudo firmar la remontada. Pero esta llegó de la mano de Rudiger, que enmascaró un mal partido ante una Roma que permitió resucitar al Madrid, que firmó tres goles en tres córners en el arreón final, con tres tanto en siete minutos. Increíble.