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Nerea Oiz es ingeniera técnica agrícola y directora de calidad en la planta de Kaiku en Nafarroa. Llegó a la empresa en 2008 y lidera un equipo de nueve personas. Intenta promover un liderazgo cercano, donde cada persona se sienta escuchada y valorada.
¿En qué momento decidió orientar su carrera hacia el ámbito científico-técnico?
Mis orígenes están en el mundo rural y con la alimentación. Mi aitona y mi aita fueron ganaderos y hoy lo es mi hermano. Además, mi aita trabajó también en la industria láctea. Me fascinaba ver cómo la leche que obteníamos en casa volvía a nuestras mesas una vez transformado en yogur. En la ingeniería agrícola encontré una disciplina que me permitía unir mis dos pasiones: la ciencia y la producción sostenible de alimentos. Elegí el ámbito científico-técnico porque siempre he creído en el poder transformador del conocimiento: permite innovar, resolver problemas reales y mejorar la vida de las personas.
¿Qué papel juega la ciencia en garantizar la calidad y la seguridad de los productos que llegan al consumidor?
La ciencia es la columna vertebral de todo lo que hacemos en Kaiku. Desde la microbiología hasta la ingeniería de procesos o el análisis sensorial. Cada decisión se fundamenta en evidencia. En Kaiku trabajamos con metodologías rigurosas para garantizar que cada producto sea seguro, nutritivo y coherente con los estándares que esperan nuestros consumidores. La ciencia nos permite anticiparnos, mejorar procesos y avanzar hacia una industria más sostenible.
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Como directora de calidad de Kaiku y responsable de un equipo de 9 personas, ¿qué valores intenta transmitir en el trabajo diario y en la gestión de personas?
Me esfuerzo en fomentar tres valores fundamentales: responsabilidad, colaboración y confianza. Responsabilidad, porque trabajamos en el sector de alimentación donde la excelencia tiene que ser nuestro pilar. Colaboración, porque la calidad es una labor transversal que nos representa a todos los que formamos Kaiku. Y confianza, tanto en el criterio técnico del equipo como en su capacidad para crecer y aportar. Además, intento promover un liderazgo cercano y consciente, donde cada persona se sienta escuchada y valorada.
Papel de la mujer
¿Ha cambiado la presencia de mujeres en perfiles técnicos?
Sí, sin duda. Cuando empecé la carrera en la universidad en mi especialidad éramos pocas las mujeres. Sin embargo, esto no fue así cuando inicié mi carrera profesional en el área de calidad de Kaiku donde siempre hemos sido más mujeres incluyendo los puestos de responsabilidad. Hoy, cuando recibo a los alumnos que nos vistan a través el proyecto Kaiku Sukaldea, veo equipos más equilibrados. A pesar de que el avance es evidente, todavía queda camino por recorrer. La visibilidad y el reconocimiento han mejorado, pero aún debemos seguir trabajando para que no dependa de la excepcionalidad, sino de la normalidad.
¿Qué obstáculos se encuentran las mujeres para acceder a puestos de responsabilidad?
Persisten barreras estructurales y culturales. Por un lado, está la falta de referentes, ya que, si no ves a mujeres en determinados puestos, es difícil imaginarte allí. Por otro lado, está la maternidad, que aunque se haya avanzado en derechos todavía sigue condicionando expectativas y oportunidades porque puede suponer un cambio de ritmo en el desarrollo profesional.