El viaje ha llegado a su fin. Tras tres intensas semanas con un programa en el que se ha combinado la solemnidad institucional, con encuentros con la presidenta de JJGG de Bizkaia o el propio Lehendakari, junto con otras actividades lúdicas, la expedición de 28 jóvenes de entre 18 y 25 años procedentes de Argentina, Uruguay y Australia que, desde el pasado 27 de junio y hasta hoy, 19 de julio, se han alojado en la comarca de Busturialdea- Urdaibai regresan a casa.
“Este viaje va a marcar un antes y un después en mi vida”, confesaba Lucas Gabriel Cola tras conocer un poco más la historia de Bizkaia en su visita a la Casa de Juntas de Gernika. Él es uno de los integrantes de esta expedición que ha llegado a través del programa ‘Gaztemunduri Ateak Ireki’. Esta ambiciosa iniciativa de inmersión cultural es el resultado de la alianza estratégica entre el histórico programa ‘Gaztemundu’ del Gobierno Vasco y el proyecto ‘Ateak Ireki’, promovido por Batzen Kultur Elkartea con la estrecha colaboración de la Diputación Foral de Bizkaia. Por primera vez en su trayectoria, esta comarca se ha estrenado como territorio de acogida oficial.
La Casa deJuntas de Gernika fue una de las visitas del programa.
La gestión y el diseño de la estancia han corrido a cargo de la Asociación de Desarrollo Rural Urremendi que ha logrado implicar a una sólida red de ayuntamientos, centros escolares y, fundamentalmente, a familias voluntarias que han abierto de par en par las puertas de sus hogares en municipios como Muxika, Gernika-Lumo, Gautegiz Arteaga o Bermeo. Para las y los jóvenes vinculados a las euskal etxeak de la Federación de Entidades Vascas Argentinas (FEVA), la Federación de Instituciones Vascas del Uruguay (FIVU) y la Asociación Vasco Australiana, la experiencia ha supuesto un viaje a una realidad que hasta ahora conocían a través, en algunos casos, de sus historias familiares, de las redes sociales y, en otros, a través de la cultura trasladada a través de los centros vascos de sus respectivos países.
Es el caso de María Emilia Roma, llegada desde Cañuelas, en la provincia de Buenos Aires. Esta joven ha cumplido el sueño de toda una vida: conocer la tierra de sus antepasados y, en especial, la de su bisabuelo, quien en 1925 emigró desde Auritz-Burguete. “Siempre tuve la idea de venir acá y conocer la cultura un poco más. Pero conocer tan de cerca su historia como hemos conocido en Gernika, me emociona. Este viaje está resultando mejor de lo que esperaba”, relata conmovida durante su estancia en la villa foral. Desde los tres años forma parte como dantzari del Centro Vasco de Cañuelas, un espacio donde la diáspora mantiene vivos los lazos con Euskadi. “Desde siempre me inculcaron la cultura, siempre me gustó transmitirla, principalmente a través del baile, pero también a través de otras áreas”, explica la joven argentina, para quien este viaje representa la culminación de un arraigo familiar que ha pasado de generación en generación a miles de kilómetros de distancia. Alojada de forma temporal con una familia de Gernika-Lumo, la experiencia está superando con creces todas sus expectativas.
Ainara (dcha.) y Sienna (izda.) son de Australia
La mayoría conocen la historia de Euskadi al milímetro por los relatos familiares del exilio. Así nos contaba Maitena Fernández Salaberria, natural de Macachín “un pueblo de vascos”, como nos indica, aunque ahora vive en Bahía Blanca (Argentina). Llegada a Bizkaia gracias al programa Gaztemundu tras cuatro años intentándolo, Maitena no es una visitante cualquiera. Su tatarabuelo paterno se vio obligado a emigrar a Argentina debido a los estragos de la Guerra Civil y la posterior represión del franquismo. Aquel éxodo rompió los lazos físicos con la tierra natal —la gran mayoría de su familia procedía de la vecina Iparralde, concretamente de Donibane-Lohizune—. “Lamentablemente muchos de nuestra familia se fueron para Argentina y no quedaron muchos acá. Este viaje es, más que nada, volver a conectar y volver a encontrar a mi familia, tirar de apellidos, empezar a buscar y para poder hacer mi árbol genealógico, porque la identidad es muy importante” explicaba con determinación mientras añadía que en Bermeo “he encontrado un segundo hogar”.
La fuerza de este cordón umbilical que cruza océanos se hace evidente al escuchar a Ainara Kelly, de 19 años procedente de Townsville, en la calurosa región de North Queensland (Australia). Su amama era de Aulesti y su aitxitxe, natural de Markina-Xemein, emigró durante los años más oscuros del franquismo para trabajar cortando caña de azúcar. Hoy, Ainara hace el camino inverso, viviendo con una familia de acogida en Muxika. “Estoy viviendo una experiencia euskaldun y moderna muy profunda; tener familia todavía viviendo en Markina y poder conocer otros hijos de la diáspora es algo increíblemente especial para mí”, algo que le ha servido, además, para practicar euskera con su familia de “acogida”.
Durante su estancia han realizado diversas actividades
Junto a ella viaja su mejor amiga, la también australiana Sienna Citroen. A sus 18 años, Sienna no tiene apellidos vascos ni antepasados en el territorio, pero el arraigo de su amiga Ainara la llevó a sumarse al Club Vasco de North Queensland, donde ahora ayuda a enseñar danzas tradicionales a los niños del vecindario australiano. “Aunque no tengo sangre vasca, me siento profundamente conectada a esta comunidad. Quedarme en un entorno como Markina, rodeada de montañas y naturaleza, está siendo un aprendizaje constante”, afirmaba Sienna, evidenciando que la cultura vasca posee un magnetismo universal capaz de seducir más allá de la genealogía. Reconoce que hasta ahora de la cultura vasca conocía sus “dantzas, gastronomía o la música, pero ahora vuelvo con más conocimientos. Así que el viaje ha sido una experiencia muy positiva”.
Actividades y visitas para conocer Bizkaia
El programa de actividades diseñado para estas tres semanas de estancia ha servido, también, para descubrir la parte lúdica y cotidiana del entorno social y cultural de Bizkaia. Por ello no han faltado visitas a lugares emblemáticos como Gaztelugatxe, paseos en piragua desde Laida o encuentros para conocer mejor la comarca. Y eso lo sabe bien Maia Jaureguibehere de Tres Arroyos , Argentina, quien durante su estancia en el territorio, se ha alojado con una familia en Gautegiz Arteaga —en pleno corazón de Busturialdea—, donde está descubriendo el día a día de Bizkaia y conociendo de cerca costumbres, pequeños rincones y las fiestas populares de la mano del conocido grupo musical euskaldun Eingo, al que pertenecen sus anfitriones. “No decepciona, es increíble. He conocido mucho más de lo que yo pensé que iba a ver”, subrayaba. Este viaje al territorio de sus raíces tiene también un componente de investigación familiar y de hondo arraigo. Su tatarabuelo era natural de Bascassan, un pueblo navarro en la frontera con la Baja Navarra, un lugar cuya memoria sigue viva en la familia a pesar de los avatares del tiempo. Con apenas tres años, una vecina de su ciudad natal la invitó a sumarse al centro vasco local. Lo que empezó como una actividad infantil se convirtió en una pasión que arrastró a toda su familia. “Empecé con danzas y a partir de ahí llevé a toda mi familia al centro vasco; ahora estamos todos sumergidos en él”, explica. Actualmente, continúa esa militancia desde el centro vasco de Tandil, donde reside, manteniendo viva la llama de la cultura vasca a miles de kilómetros de distancia.
Este viaje de vuelta de este medio centenar de jóvenes también ha servido para redescubrir su historia. En el caso de Lucas Gabriel Cola Patron, un montevideano de 25 años con raíces navarras en el valle del Baztan, nos cuenta que “la emigración vasca en Uruguay empezó sobre 1.800 en la época de la industrialización. Soy vasco, por supuesto”, añadía con contundencia. Durante su estancia en las afueras de Gernika, Lucas asegura que “estar aquí, caminando y tratando de retener toda esta historia con mis propios ojos, va a marcar un antes y un después en mi vida”, aseguraba Lucas.
Y el intenso viaje finaliza hoy, 19 de julio, con su regreso a sus respectivos países del hemisferio sur, transformados en verdaderos embajadores de una Euskadi global, demostrando que las raíces vascas, por mucha distancia o tiempo que medie, siempre guardan la memoria exacta de la tierra de la que partieron.