El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, (TDAH), ha estado tradicionalmente asociado a la infancia y al rendimiento escolar.
Sin embargo, este trastorno cada vez se diagnostica más en personas adultas que acuden a consulta buscando respuestas a sus dificultades diarias.
En el Estado español se estima que un 6,8% de los menores y adolescentes padecen este trastorno, mientras que la prevalencia en la población adulta se sitúa entre el 3% y el 4%.
Estas cifras confirman que una parte significativa de los afectados continúa conviviendo con el trastorno más allá de la adolescencia.
Casos de la infancia sin detectar
Los especialistas señalan que los casos que se detectan en la adultez no son nuevos en su aparición; no es que aparezcan casos de forma espontánea en la madurez, es que son personas que en la infancia no han tenido ese diagnóstico.
Hace años, los criterios de evaluación dejaban fuera a muchos menores, especialmente aquellos que no mostraban un comportamiento disruptivo en clase. En consecuencia, miles de personas han llegado a la edad adulta afrontando las exigencias de la vida laboral y personal sin entender el motivo de sus obstáculos.
Los estudios científicos también ratifican que el trastorno tiene un componente hereditario que ronda entre el 70% y el 80%.
De manera habitual, el diagnostico de un niño o adolescente lleva a los padres a identificar sus propios síntomas.
Al conocer la historia clínica del menor junto a los sanitarios, muchos adultos reconocen las mismas dificultades que experimentaron en su propia niñez y que siguen marcando su vida, lo que provoca su diagnóstico en la edad adulta.
La evolución de los síntomas hacia la madurez
La sintomatología se transforma y se adapta a medida que el paciente crece. El TDAH en adultos suele manifestarse principalmente como un problema de desregulación ejecutiva y emocional, y no solo como falta de atención o hiperactividad física.
La inquietud motora evidente de la niñez tiende a interiorizarse con los años, dando lugar a una sensación constante de impaciencia, agotamiento mental y frustración, lo que afecta directamente a la capacidad de planificación y otras demandas del día a día.
Un niño realizando un test para detectar el TDAH en un imagen de archivo
Impacto en la rutina diaria y el comportamiento
Los síntomas principales en la etapa adulta abarcan áreas fundamentales para el desempeño autónomo del individuo.
Destaca una desorganización en múltiples ámbitos de la vida y una gran dificultad para gestionar el tiempo a la hora de cumplir plazos. Sin embargo, las personas afectadas también experimentan hiperconcentración en temas concretos que resultan de su interés, enfocándose de manera extrema.
El trastorno se manifiesta a través de la impulsividad, que puede ser verbal, al intervenir de forma precipitada, o financiera, mediante gastos no planificados. Todo esto viene acompañado de cambios de humor frecuentes que interfieren en la estabilidad del entorno personal y laboral.