Polideportivo

El conflicto del tenis se recrudece

Los tenistas se rebelan contra la organización de los Grand Slam, coincidiendo con Roland Garros, para solicitar un mejor reparto de los ingresos que generan los torneos
Aryna Sabalenka y Jannik Sinner, los números 1 del mundo. / Europa Press

Lo que comenzó el año pasado como una guerra silenciosa, con un grupo de tenistas enviando comunicados privados a las organizaciones de los Grand Slam que existen en el calendario (Australia, Roland Garros, Wimbledon y US Open), ha terminado siendo un conflicto público con figuras de primer nivel implicadas. La falta de acuerdos –o simplemente la no aceptación de las pretensiones– ha ido erosionando la paciencia de los deportistas, que ya no esconden que se encuentran inmersos en una guerra abierta que no parece gozar de una cercana solución. Los jugadores consideran que los cuatro grandes del circuito mundial de tenis cada vez generan más beneficios mientras que sus ingresos no escalan de forma proporcional. Y llegado a este punto, coincidiendo con Roland Garros, han decidido plantar cara.

La lucha viene de atrás, pero este mes ha adquirido otro cariz. Aryna Sabalenka, la número 1 mundial, afirmó rotunda que “sin duda” los tenistas realizan méritos para recibir un “mayor porcentaje” de los ingresos generados. “Cuando ves la cifra y ves la cantidad que recibe el jugador... Siento que el espectáculo depende de nosotros, siento que sin nosotros no habría torneo, ni sería ese entretenimiento. Así que, sin duda, merecemos recibir un mayor porcentaje”, pronunció como portavoz. La bielorrusa incluso lanzó una amenaza: “Creo que en algún momento haremos boicot. Siento que será la única manera de, por así decirlo, luchar por nuestros derechos”.

Días más tarde se sumó Jannik Sinner. Todos ellos habían obrado desde las sombras. Pero habían decidido dar un paso al frente. El número 1 masculino replicó a su homóloga femenina: “Se trata más de respeto. Porque creo que damos mucho más de lo que recibimos a cambio. No es solo para los mejores jugadores; es para todos nosotros, los jugadores”. Aunque el italiano no se comprometió con un boicot como lo hizo Sabalenka. “Es difícil decirlo. No puedo predecir el futuro, en cierto modo. Pero al mismo tiempo también creo que en algún lugar tenemos que empezar”, apuntó. Ese lugar es Roland Garros.

Roland Garros no cede ante las exigencias

Pero delante se han topado con un muro. La dirección de Roland Garros dejó claro que no piensa ceder ante las exigencias. “No vamos a tocar nuestros premios”, subrayó la directora del torneo francés, Amélie Mauresmo, que añadió: “Se han multiplicado por dos en diez años y han aumentado mucho en los últimos tiempos”. La respuesta de los tenistas ya estaba meditada. El viernes iniciaron una protesta coordinada: limitaron sus ruedas de prensa a los quince minutos contractuales y evitaron entrevistas adicionales con los principales socios televisivos del torneo, que solían disponer de entre una hora u hora y media de exposición. Aunque hubo alguna excepción, como la de la rusa Mirra Andreeva, número 8 del mundo, que superó ampliamente el límite fijado de un cuarto de hora. “Luchamos por un porcentaje que sea justo. Yo no lo necesito, pero como número uno, quiero ayudar a las jugadoras con un ranking más bajo. Mejor quince minutos que cero”, apuntó Sabalenka.

El gesto no era una huelga al uso, pero sí representaba un cambio en la estrategia de los tenistas, un grado mayor de agresividad en la dirección en la que apuntaba Sabalenka. Mauresmo, por su parte, aseguró que se toman en serio las amenazas y convocaron una reunión con los representantes de los tenistas para ese mismo viernes “con la intención de dar un paso” en la dirección de los tenistas, aunque advirtió que serían inflexibles sobre una posible revisión de los premios de la presente edición del torneo. Defienden que parte de esos beneficios se reinvierten en infraestructura, organización y desarrollo del evento. El caso es que este encuentro no ofreció soluciones, ya que los representantes de los jugadores tienen ahora previsto reunirse con los organizadores de Wimbledon y del US Open en los próximos días.

Aryna Sabalenka y Jannik Sinner. Europa Press

La demanda de los tenistas

Los números explican buena parte del enfado de los tenistas. Roland Garros incrementó este año su bolsa de premios hasta los 61,7 millones de euros, cerca de un 10% más que en 2025. Cada uno de los ganadores individuales del torneo se embolsa 2,8 millones, 300.000 euros más que en la pasada edición. Sin embargo, los jugadores sostienen que ese aumento es insuficiente porque los ingresos del torneo también se han disparado, y no se guarda proporcionalidad. Según los representantes de los jugadores, el porcentaje de ingresos que acaba en premios ha caído del 15,5% en 2024 al 14,9% previsto para 2026. Y ahí está la gran batalla: los tenistas exigen acercarse al 22%, una cifra que manejan otros torneos del calendario tenístico –citas ATP o WTA– u otros grandes eventos deportivos.

La comparación con otros deportes alimenta aún más la frustración. En la NBA o en el fútbol europeo, los deportistas reciben porcentajes mucho mayores de los ingresos globales. En tenis, en cambio, los Grand Slam mantienen un modelo de poder muy concentrado en las federaciones organizadoras. Y eso ha provocado algo poco habitual en un deporte tradicionalmente individualista, que es la unidad entre las estrellas.

Y es que durante años, muchos grandes nombres evitaron enfrentarse directamente a los organizadores. Pero esa prudencia ha desaparecido. Los dos números 1 del circuito profesional se han alineado de manera pública, erigidos también en líderes del movimiento por un mejor reparto de los beneficios.

Los precedentes

No obstante, esta tensión lleva décadas existiendo. En 1972 nació la ATP como una respuesta al control que ejercían las federaciones y los promotores. Pero en la siguiente década, los tenistas mostraron su descontento por el número de torneos en el calendario, por la manera de comercializar el tenis y porque representaban una minoría en el consejo regulador respecto a la federación internacional y los organizadores de los torneos. Así, en 1988 se produjo la conocida como Conferencia del parking, donde ocho de los diez mejores jugadores del mundo, liderados por Mats Wilander, dieron un vuelco a la situación con una rebelión que dio lugar a la creación del ATP Tour tal y como se conoce hoy.

Desde entonces, el tenis ha vivido conflictos recurrentes por el calendario, las dotaciones de premios o el reparto de los ingresos de los derechos comerciales. Aunque no han existido enfrentamientos directos con el poder de los Grand Slam. Los tenistas consideran ahora que el crecimiento del negocio no se ha traducido en una mejora proporcional para sus intereses. También apuntan que el dinero no lo es todo. Como protagonistas, también reclaman una mayor participación en la toma de decisiones, mejoras en las pensiones y en la cobertura sanitaria, así como una mayor protección ante un calendario extenuante.

Carlos Alcaraz, por ejemplo, proyectó la presión que soporta un número 1 mundial al verse obligado a disputar la mayor parte de los torneos para poder defender la condición. “Para ser honesto, voy a perder el número 1 del mundo. No sé si será en este torneo o en el próximo, defiendo un montón de puntos y va a ser muy difícil defender todos”, apuntó a comienzos de abril, resignado en relación a la exigencia de un calendario asfixiante. El murciano no pretendió que sus palabras sonaran a excusa, sino a la aceptación de la realidad que perciben.

Ahora bien, si la organización de uno de los cuatro Grand Slam cede a las pretensiones de los tenistas, el resto de grandes quedarían expuestos a la presión que vive Roland Garros. En cualquier caso, el riesgo a una escalada está latente. Las protestas en rueda de prensa poseen un enorme valor estratégico, al ser el primer gesto, y pueden representar la punta de un iceberg. El pulso por el poder del tenis sigue en pie. El conflicto se recrudece.

24/05/2026