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El conflicto aviva el temor a que el petróleo llegue a los 100 dólares

La amenaza de cierre de Ormuz sacude los mercados al pasar por este estrecho el 20% de la producción
Una maniobra iraní el pasado mes en el estrecho de Ormuz / E.P.

El ataque lanzado contra Irán por parte de Estados Unidos y Israel abre un nuevo capítulo de tensión geopolítica que amenaza con sacudir los mercados energéticos globales. El impacto económico podría reflejarse de inmediato en el precio del petróleo, con proyecciones que apuntan a los 100 dólares por barril si se reduce la oferta iraní. El país persa, que concentra cerca del 10% de las reservas mundiales de crudo, mantiene una producción cercana a los 3,3 millones de barriles diarios, de los cuales la mayor parte se exporta hacia Asia, especialmente a China, sosteniendo su economía bajo un sistema de sanciones internacionales que no han logrado frenar su peso energético.

El riesgo se incrementa por la posible reacción estratégica de Teherán en el Estrecho de Ormuz, un paso marítimo clave entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán. Por esta ruta transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y una proporción significativa de gas natural licuado. Expertos advierten que un eventual bloqueo podría desestabilizar completamente los mercados, afectando a los países europeos de forma indirecta y presionando la inflación global. Analistas como Raymond Torres sostienen que una caída en la capacidad de producción iraní reduciría la oferta mundial y dispararía el precio del crudo, que ya cerró en 72,48 dólares el barril de Brent antes del ataque.

Efecto dominó

El conflicto también tiene implicaciones financieras y macroeconómicas. La subida del petróleo podría provocar un efecto dominó en el transporte, la calefacción y la industria, obligando a los bancos centrales a revisar sus políticas monetarias frente a un repunte inflacionario. Mientras tanto, los mercados reaccionan con cautela: el oro suele comportarse como valor refugio en momentos de crisis, aunque el bitcoin ha mostrado volatilidad, cayendo un 3% tras conocerse el ataque. El escenario recuerda otras crisis energéticas globales por conflictos en Oriente Medio o la invasión de Ucrania en 2022, confirmando que el petróleo sigue siendo un arma económica y geopolítica en el tablero internacional. Y es que la posibilidad de que Teherán bloquee el paso no es nueva. Durante años, las autoridades persas han amenazado con cerrar el estrecho como respuesta a las sanciones impuestas por Washington por su programa nuclear. En febrero, en plena escalada prebélica con EE.UU., Irán anunció el cierre puntual de ciertas áreas con motivo de las maniobras navales, un gesto interpretado como advertencia estratégica.

El precedente más contundente se remonta al 21 de junio de 2025, cuando el Parlamento iraní aprobó su cierre tras el bombardeo ordenado por Donald Trump en el marco del conflicto entre Israel y la república islámica. Aunque la medida no se materializó de forma prolongada, dejó patente la fragilidad de una arteria vital para la economía global.

Las tensiones se arrastran desde 2018 cuando Estados Unidos se retiró del acuerdo nuclear firmado en 2015 con Irán y otras potencias alegando incumplimientos por parte de Teherán. En 2019, el endurecimiento de las sanciones a la exportación de petróleo iraní elevó la presión y reactivó las amenazas de bloqueo. El Golfo Pérsico se convirtió entonces en escenario de ataques y confiscaciones de petroleros, en un pulso con réplicas periódicas.

28/02/2026