Athletic

El Athletic tiene un problemón

Iñaki Williams se lamenta de una ocasión fallida ante el Sevilla

Vamos, el Athletic ya asume que tiene un problemón. No mete un gol ni al arcoíris. Su falta de pegada, acentuada por la ausencia de un pelín de fortuna, le lastra, se convierte ya en una inquietud que genera ansiedad, impotencia y, cómo no, produce derrotas como la firmada ante un Sevilla que tuvo dos ocasiones y metió una. El Athletic tuvo seis, siete u ocho, sobre todo en una buena primera mitad, y perdió. Son ocho jornadas consecutivas las que encadena el colectivo de Marcelino sin conocer la victoria, son tres partidos consecutivos sin hacer gol, solo ha sumado cinco puntos de 24 posibles, es el equipo número veinte, como dice Marcelino, en eficacia. Son números que retratan el problemón, que proyectan una realidad que requiere una corrección más pronto que tarde. Anoche el Athletic jugó para ganar, pero perdió como le sucedió en el Bernabéu, donde también tiró por el desguace sus ocasiones de marcar. Así las cosas, Marcelino tiene mucho trabajo por delante. O sus futbolistas, según se mire.

Eficacia, el término que acaparó la comparecencia de Marcelino en la víspera. El único factor de juego que su equipo, a su juicio, debe mejorar. Es la obsesión. Anoche, el técnico apenas varió su idea de inicio con el regreso de Muniain, ausente ante el Getafe por molestias. El capitán es intocable en su costado izquierdo, pero el derecho está sometido a la incertidumbre. Pueden jugar Berenguer, venido a menos; Zarraga, titular en los dos partidos anteriores; o Nico Williams, el benjamín del grupo. Marcelino se inclinó en esta ocasión por el menor de la saga, que sí jugó en el Coliseum pero en el lado contrario, con la idea de rentabilizar su frescura y descaro a la hora de encarar al contrario. Nico tiene ese don, aunque le falte pulirlo en ciertos matices, y sacó acciones en el primer acto de gran calidad en las que retrató lo que tiene dentro. Le faltó el gol, claro. Son 19 años los que tiene, un imberbe en la élite. Su hermano mayor tiene ocho más. Y Raúl García, 17 más. Estos dos últimos tienen el culo pelado, valga la expresión. Son los que tienen que asumir el rol de hacer gol por mucho que se diga que este no es propiedad exclusiva de los delanteros. ¡Que se lo digan a los defensas, a los que se señala sin piedad cuando cometen un error fatal! Los dos gozaron de sendas ocasiones tras errores defensivos sevillistas, pero las marraron, con mención especial a la que tuvo el navarro a los 35 minutos.

Lo cierto es que al Athletic le tocaba mejorar su eficacia ante el equipo con el que compartía hasta el día de ayer la condición de menos goleado, por lo que, con los números en mano, no se trataba del rival más apropiado para cambiar de registro. Este Athletic, sin embargo, es una caja de sorpresas. Es superior al Real Madrid, el líder, en su campo y la pifia ante los Cádiz, Getafe o Granada. No tiene término medio. Y anoche reiteró una vez más esta historia ante el segundo clasificado, por mucho que el Sevilla llegara a Bilbao tocado por su eliminación de la Champions y con bajas sensibles. Si se tratara de un combate de boxeo, el Athletic, que proyectó durante muchas fases un fútbol atractivo, se debería haber ido al descanso con una renta que le podría asegurar la victoria. Pero se marchó con derrota en el marcador. Ver para creer.

dos palos 

Tras el susto inicial de Delaney en el arranque, el colectivo rojiblanco activó lo que mejor sabe hacer. Le puso intensidad, subió la presión a bloque alto y, además, Vencedor y Dani García tuvieron esa capacidad de crear que tanto se les suele exigir y criticar por no asumirla. Pero tampoco tienen gol. Cada uno armó dos derechazos que se estrellaron con los dos postes de un Bono ya superado, aunque el marroquí fue clave cuando salvó el 1-0 ante Raúl en plena locura futbolística de los leones. El Sevilla estaba grogui, pero tres minutos después del no gol de Raúl, llegó el de Delaney, que a la segunda no falló. La clavó dentro. Para el Sevilla, la portería rival agrandó esos centímetros necesarios para encontrar gol y al Athletic, se le empequeñeció. Como se le empequeñeció la vista al nefasto Hernández Hernández al no ver un penalti como una casa de Koundé sobre Muniain a los 41 minutos. Lo que faltaba para echar sal a la herida.

El gol de Delaney lo encajó el colectivo de Marcelino como un jarro de agua fría. No era de extrañar visto lo visto. Tocaba, por tanto, hacer terapia en la caseta, asunto nada fácil cuando la ansiedad no es buena compañera de viaje. Probablemente, por la cabeza del futbolista rojiblanco pasaban fantasmas a doquier, se tenían que pellizcar, incluso. Pero es lo que hay, no lo pueden obviar. El segundo acto ya no fue tan brillante en juego, por lo menos en clave Athletic. El Sevilla es un especialista con el marcador de cara y supo manejar la fibra ante un Athletic aún lamiendo sus heridas y consciente de que mantener el mismo ritmo se trataba de una misión casi imposible, al margen de que las prisas hacían su trabajo. Marcelino movió piezas, pero no surtieron efecto. Berenguer no está, Petxarroman no sumó, Zarraga quiso aportar y Sancet puso algún detalle. En uno de ellos, llegó la única ocasión, clarísima de nuevo, pero Muniain lanzó a las nubes un golpeo franco a asistencia de Iñaki Williams. El enésimo desperdicio. Quizá el Athletic estaba destinado a no marcar ni a puerta vacía.

12/12/2021