Las aguas del Golfo Pérsico y el Golfo de Omán han vuelto a teñirse de tensión y pólvora este fin de semana, consolidando el escenario de una confrontación abierta y sin cuartel. El Ejército de Estados Unidos ha lanzado un contundente ataque contra tres petroleros iraníes, una represalia militar directa y minuciosamente calculada tras el lanzamiento de misiles balísticos por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán.
El objetivo inicial del ataque iraní fue un portaaviones y un destructor lanzamisiles de la Armada estadounidense que patrullaban la región. Según fuentes del Comando Central de EE. UU. (Centcom), las naves militares "lograron esquivar con éxito múltiples ataques iraníes", evitando que se registraran bajas o heridos entre el personal estadounidense.
La respuesta de Washington, sin embargo, no se hizo esperar y golpeó directamente a la línea de flotación logística de Teherán. Las fuerzas del Centcom "inutilizaron de forma permanente" a los petroleros del CGRI M/T Downy, interceptado frente a la emblemática isla de Kharg en el Golfo Pérsico, y al M/T Stark 1, neutralizado cerca de la costa de Jask. El tercer buque, el petrolero sin carga M/T Kylo (también conocido en los radares como 'Noxen'), corrió la peor suerte: fue completamente destruido en el Golfo de Omán, recibiendo impactos letales en múltiples puntos críticos después de que se ordenara a su tripulación abandonar la nave.
El mensaje enviado desde el Pentágono abandona cualquier sutileza para abrazar la disuasión militar frontal. Según Washington, estos buques no son simples navíos comerciales, sino los engranajes de una red clandestina valorada en miles de millones de dólares que financia las operaciones del CGRI y de sus aliados regionales. El almirante Brad Cooper, comandante del Centcom, fue tajante en su advertencia: "Que el mensaje al CGRI quede claro: si disparáis contra dos de nuestros buques, os impondremos un coste económico aún mayor, hundiendo tres de los vuestros". Cooper subrayó la determinación de su país para defender a sus tropas y "destruir la limitada y vulnerable flota petrolera de Irán" si las hostilidades continúan.
El campo de batalla económico
Pero el eco de las explosiones en Oriente Medio resuena con fuerza en los bolsillos de los ciudadanos a miles de kilómetros. Esta arteria marítima —el estratégico estrecho de Ormuz—, por donde transita habitualmente el 20 % del crudo mundial, se ha convertido en un cuello de botella letal.
En Estados Unidos, en pleno festivo del Día del Trabajo (que marca el fin del verano), el precio de la gasolina ha pulverizado los registros, alcanzando un récord histórico de 4,14 dólares por galón. La Asociación Americana del Automóvil (AAA) relaciona directamente esta subida con la volatilidad extrema en Ormuz, que ha empujado el barril de crudo de nuevo hasta la barrera de los 90 dólares.
En Teherán, la narrativa oficial se centra en la resistencia frente a una estrategia de asfixia occidental, agravada después de que el Departamento del Tesoro de EE. UU. aplicara nuevas sanciones contra entidades bancarias que gestionan los activos iraníes en el exterior. Frente a este cerco, el vicepresidente de Irán, Mohamed Rezá Aref, aseguró que la República Islámica está preparada: "Tenemos un plan para la guerra económica, el enemigo será derrotado también en este frente". Aref calificó las acciones de Washington como un grave error de cálculo, impulsado por "matones de poca monta", y elevó la moral ciudadana afirmando que preservar el "capital social" del país en estos momentos es una "yihad mayor".
Alarma internacional y un conflicto atascado
Mientras las potencias chocan, la comunidad internacional observa con profundo temor cómo la inestabilidad amenaza con devorar toda la región. La Unión Europea (UE) se ha declarado formalmente "alarmada" ante la reciente espiral de violencia. Desde Bruselas, el Servicio Europeo de Asuntos Exteriores ha condenado enérgicamente la oleada de ataques iraníes contra Kuwait, Jordania, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, así como el hostigamiento a buques mercantes saudíes, exigiendo la plena aplicación de la Resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU.
La cronología de este caos tiene raíces directas en los bombardeos iniciales que Estados Unidos ejecutó contra instalaciones de la Guardia Revolucionaria para, según Washington, asegurar la libre navegación. En respuesta, Teherán lanzó una oleada de misiles y drones contra bases estadounidenses en Jordania, Baréin, Irak y Kuwait.