Hay experiencias que cambian la vida para siempre. El 3 de febrero de 2025 Eduardo tenía 33 años y llevaba una vida activa. No esperaba que un partido de tenis terminara con su corazón detenido y una lucha contrarreloj por mantenerlo con vida. Después de sufrir una parada cardíaca, tuvo que ser trasladado de urgencia y los sanitarios comenzaron unas maniobras de reanimación que se prolongaron durante un tiempo excepcional.
El joven asegura que permaneció alrededor de 65 minutos en parada cardíaca antes de recuperar la circulación. Su historia, que ha contado en entrevistas con diferentes medios, incluye además una experiencia que él describe como una sensación de encontrarse fuera de su cuerpo y un supuesto encuentro con su abuelo, fallecido dos décadas antes. "Fue un milagro", reconoce al recordar lo ocurrido.
Todo comenzó después de un partido de tenis
Eduardo llevaba aproximadamente dos semanas sin practicar deporte, pero aquel día decidió volver a jugar al tenis. Nada hacía pensar que aquel partido fuera a terminar en una emergencia médica. "Ese día recuerdo correr con muchas ganas", explica.
Al terminar, la situación cambió de forma repentina. Sintió un fuerte dolor en el pecho y comenzó a tener dificultades para respirar. La gravedad del episodio obligó a trasladarlo de urgencia al Hospital de Fuenlabrada. A partir de ese momento, su recuerdo desaparece durante varias horas.
La siguiente imagen que conserva pertenece ya a la noche, cuando se encontraba en la UCI rodeado de sus familiares. Eduardo asegura que no sabía qué había ocurrido ni era consciente de haber sufrido una parada cardíaca. "Me dijo que estuviera tranquilo, que estaba con él", recuerda al hablar del momento en el que vio a su padre junto a la cama.
Al recuperar parcialmente la consciencia, Eduardo intentó reconstruir lo ocurrido. Su primera hipótesis fue que había sufrido un accidente de tráfico. "Levanté la sábana para comprobar si tenía mis piernas y acto seguido intenté moverlas para comprobar si respondían", cuenta.
Una vez estabilizado, los médicos decidieron trasladarlo al Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, donde podía recibir la atención especializada que necesitaba. Sin embargo, durante el trayecto ocurrió algo todavía más grave: sufrió una segunda parada cardíaca dentro de la ambulancia.
Es precisamente en ese momento cuando sitúa una de las experiencias que más recuerda de todo lo sucedido. Según su relato, tuvo la sensación de observar la ambulancia desde arriba y desde fuera de su propio cuerpo, mientras veía un coche de policía delante y otro detrás. Eduardo sabía que había ocurrido algo grave, pero todavía desconocía la magnitud de lo sucedido.
"Me costaba muchísimo volver al cuerpo"
Con el paso del tiempo comenzó a comprender que había estado en una situación extrema. Según sus cálculos, los intentos de reanimación se prolongaron durante unos 65 minutos. "Me lo tuvieron que repetir varias veces, porque al despertarme me olvidaba de todo", explica.
El joven asegura que durante ese periodo se encontró con su abuelo, fallecido aproximadamente veinte años antes: "Vi a mi abuelo, fallecido veinte años atrás, en una especie de tribunal. Allí me comunicaban que la situación iba a ser difícil, pero que no podía quedarme con él y tenía que regresar", relata.
"Allí no había ningún ruido", asegura. Según su relato, sentía la presencia de su abuelo como una especie de energía que le ayudaba a volver al mundo real. "Me costaba muchísimo volver al cuerpo y mi abuelo era el que me ayudaba a volver con una energía, como si fuera un viento que me ayudaba a tener la fuerza necesaria para entrar en mi cuerpo", cuenta.
A diferencia de algunas personas que describen experiencias cercanas a la muerte como momentos de intensa felicidad o miedo, Eduardo asegura que su sensación fue mucho más neutral.
"No tenía miedo a quedarme ni ganas de volver ni ganas de irme", explica. Lo describe como un estado de aceptación en el que simplemente esperaba lo que tuviera que ocurrir.
Los médicos no daban por segura su supervivencia
Mientras Eduardo vivía aquella experiencia, su familia afrontaba una situación completamente distinta. Los médicos habían explicado a sus familiares que las posibilidades de supervivencia eran muy reducidas y que, en caso de sobrevivir, existía un riesgo elevado de que sufriera un daño neurológico grave debido al tiempo transcurrido. Sin embargo, el desenlace fue diferente. "A pesar de que llevaba mucho más tiempo de lo que el protocolo decía, todos sentían que tenían que seguir intentando reanimarme", recuerda.
Finalmente, Eduardo logró recuperarse y las secuelas fueron mucho menores de las esperadas.