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Dos velocistas en las Antípodas

Caleb Ewan, tras una etapa infernal para él. | FOTO: AFP
Caleb Ewan, tras una etapa infernal para él. | FOTO: AFP

Ambos australianos, los dos tremendamente veloces y dueños de rutilantes apodos, Bling-bling el de Michael Matthews, y The pocket rocket el de Caleb Ewan, estuvieron en las Antípodas camino del aeródromo de Mende. Para Matthews fue la gloria y para Ewan, la miseria. Sin embargo, ambos vencieron. Creyeron en sus posibilidades. Lograron lo que se proponían. La idea de Bling-bling, dos veces segundo en lo que va de Tour, era vencer una etapa. La conquistó desde la fuga, un lugar impensable para un velocista puro años atrás. Con el tiempo la explosividad va menguando y Matthews se convirtió en otro tipo de ciclista. Veloz sí, pero no solo.

Solo así se enmarca la estupenda victoria obtenida en el Macizo Central. El australiano fue el artífice de un final apoteósico después de haber cribado la fuga. En las rampas de la Côte de la Croix Neuve se deshizo de Luisle y de Grossschartner y soportó el empuje de Bettiol, que surgió desde atrás. El italiano le superó. Matthews parecía hundido, pero se agarró con dientes al sufrimiento y resucitó para llegar en solitario a meta.

Una victoria que le curó la pena de otros triunfos que se le escaparon por poco en el Tour. “Mi carrera siempre ha sido una montaña rusa y esta victoria es para mi mujer y mi hija. La etapa de ayer (por el viernes) ya era para mí y se escapó y tenía que ser hoy (por ayer). He demostrado que no solo soy un esprinter”, dijo.

Sobrevivir es vencer

Caleb Ewan también venció a su modo. Su lucha era por la supervivencia. Nada tenía que ver con el oropel. Al contrario que Matthews, Ewan continúa siendo un esprinter puro, de los que más padece en cuanto asoma una cota. El Macizo Central está repleto de cuestas. En ese relieve, bajo el sol, Ewan sintió atravesar la cordillera del Himalaya con el sabor de un desierto de arena. En ese trazado, dolorido aún por la caída de la víspera, Ewan se descolgó del pelotón recién iniciada la etapa. Tres compañeros de equipo, fieles mosqueteros, le auxiliaron y le dieron cobijo en su carrera por la supervivencia. Le acompañaron su errante deambular con el coche escoba barriendo sus pedaladas. Su objetivo no tenía nada que ver con el de Matthews. O sí. Venció a su manera, evitando el fuera de control para seguir vivo en el Tour. Lo hizo a pecho descubierto. Así llegó a Mende. A 39:07 de Matthews.

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