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El futuro industrial de Aiaraldea y de la Margen Izquierda vive este lunes una de sus jornadas más críticas. La dirección de Tubos Reunidos y la representación de los trabajadores encaran en el Palacio Euskalduna de Bilbao la que se prevé como la última reunión negociadora del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) presentado por la compañía. Con las posiciones totalmente encalladas, ambas partes llegan al final del plazo legal de consultas sin haber logrado un punto de encuentro que evite la ejecución de los despidos.
La cita de este lunes es el último cartucho antes de que expire el periodo de diálogo, salvo que en el transcurso de la mañana se acuerde una prórroga extraordinaria. La realidad en la mesa de negociación, sin embargo, invita al pesimismo, ya que las centrales sindicales se han mantenido firmes en su exigencia de que la empresa retire el expediente de forma inmediata. Por su parte, la dirección ha ido realizando algunos movimientos en las reuniones previas, mejorando ligeramente su oferta inicial para las 301 salidas previstas, pero sin reducir el volumen de la reestructuración, que afecta especialmente a la planta de Amurrio con 274 bajas y a la de Trapagaran con otras 37.
Huelga y movilizaciones en las calles de Bilbao
El pulso no se limita a las salas de reuniones del Euskalduna. La plantilla de Tubos Reunidos ha respondido con contundencia a este momento decisivo iniciando una nueva jornada de huelga de 24 horas. Este paro es el primero de los dos días de huelga total convocados de forma consecutiva para este lunes y martes, en una demostración de fuerza y unidad frente a los planes de la dirección. Mientras los negociadores discuten el futuro de los empleos, los trabajadores han trasladado su protesta al exterior con concentraciones y manifestaciones ruidosas en la capital vizcaína para hacer visible el conflicto.
El calendario de movilizaciones no terminará con la reunión de este lunes. Para la jornada de mañana martes, el comité de empresa ha convocado una nueva concentración ante las oficinas centrales de la empresa en Bilbao. Además, la asamblea de trabajadores ya ha definido el camino a seguir si la situación no se desbloquea: a partir de los próximos días se pasará a un régimen de paros parciales de cuatro horas por relevo, descartando de momento la huelga indefinida pero manteniendo viva la presión en los talleres. Todo este proceso culminará este martes por la tarde con una asamblea informativa a las puertas de la fábrica de Amurrio, donde se dará cuenta de lo sucedido en la negociación y se evaluará el escenario resultante una vez concluido el periodo de consultas.
Denuncias de "secuestro" de la plantilla y mala gestión
El conflicto ha alcanzado un nivel de dureza verbal notable, especialmente tras las últimas declaraciones del sindicato ESK. La central ha sido muy crítica con la estrategia de la dirección, llegando a calificar el ERE como un "secuestro de 301 rehenes". Según la interpretación de este sindicato, la empresa estaría utilizando el drama de los despidos como una herramienta de presión o "rescate" para lograr que las instituciones públicas, concretamente la SEPI y el Gobierno vasco, accedan a condonarle una parte importante de la deuda pública que la compañía tiene contraída.
Desde el ámbito sindical se insiste en que los problemas financieros que atraviesa Tubos Reunidos son consecuencia directa de una "mala gestión" por parte de sus responsables y no de un exceso de personal. En este sentido, han hecho un llamamiento a las instituciones para que no otorguen ayudas "en blanco", exigiendo que cualquier apoyo financiero vaya ligado a una gestión ética y transparente que garantice de forma efectiva el empleo y el mantenimiento de la actividad productiva. La exigencia es clara: se debe dar marcha atrás tanto en los despidos como en el plan de cierre y externalización de la acería y el área logística de la planta alavesa.
Incertidumbre jurídica y posibles escenarios de futuro
Una vez que el reloj de la negociación se detenga este lunes, la dirección de Tubos Reunidos se enfrentará a una encrucijada legal con diversas salidas posibles, todas ellas complejas. Una de las opciones sería seguir el camino que ya tomó Tubacex en 2021 y renunciar definitivamente al ERE ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo y la fuerte resistencia social. Sin embargo, si la dirección opta por la vía de la confrontación, podría intentar aplicar el expediente de forma unilateral, una decisión que de inmediato sería contestada por los sindicatos con recursos ante la Inspección de Trabajo y demandas ante el Juzgado de lo Social para intentar paralizar las extinciones de contrato.
Existe un tercer escenario que también planea sobre el futuro de la tubera. En caso de que no haya acuerdo ni una vía clara para la viabilidad inmediata, la empresa podría solicitar en las próximas semanas el inicio de un preconcurso de acreedores ante el juzgado. Esta posibilidad añadiría un nuevo grado de incertidumbre a la situación de los trabajadores, que se encuentran a la espera de saber si el periodo de consultas finaliza este lunes con una ruptura total o si hay algún resquicio para la esperanza en la sede de la negociación en Bilbao.