Política

Crisis de Navarra Suma: el día que Esparza detonó la coalición

UPN acusa al PP de "finiquitar" la fórmula, pero lo cierto es que el propio presidente regionalista, hace más de un año, ya dijo que había que "reflexionar" sobre el futuro de la unión
Javier Esparza interviene durante el acto del 28 de mayo

Era el mediodía del 28 de mayo de 2022, sábado. En la Ciudadela de Pamplona caía el sol a plomo. UPN había organizado un acto para abrir la campaña electoral justo a un año de los comicios. La organización había vendido el evento como un encuentro distendido con afiliados: música, mesitas, pintxos. Oradores de pie, que le da más rollo. Por todos lados había banderas de Navarra e iconografía regionalista. Ni rastro de Navarra Suma. En el centro de un escenario grande, un pulsador. Javier Esparza habló. Mitin en clave interna. Incluso ofreció una encuesta en la que UPN, en solitario, obtenía 17 escaños. Presionó el botón. Apareció el logo regionalista, una cuenta atrás y un mensaje: queda un año para volver.

El pulsador fue la forma más gráfica de detonar lo que parece que, ahora sí, ha terminado por estallar: la coalición Navarra Suma. El presidente de UPN acusó el pasado lunes al PP de “finiquitar” la unión después de que la mano derecha de Feijóo explicara en Abc que el PP concurrirá a las próximas elecciones con sus propias siglas y un proyecto perfectamente identificable. Pero lo cierto es que la fórmula estaba agotada desde mucho antes. Y fue precisamente Esparza, que ahora dice que el PP ha “precipitado los acontecimientos”, el primero que la puso en duda.

El origen

Hay que irse más de un año atrás. Hasta el 19 de junio de 2021. Ese día Esparza anunció que ponía en marcha “un proceso interno de reflexión conjunta y de análisis de la situación actual” para decidir la fórmula en la que su partido iba a concurrir a las próximas elecciones. Por si acaso los rumores, se adelantaba: “Que nadie vea fantasmas donde no los hay, estamos cómodos en Navarra Suma”.

Pero el globo sonda ya había echado a volar. Y no fue fruto de un calentón. Fue una jugada posible gracias a que en junio de 2020 el propio Esparza introdujo en los estatutos una enmienda para someter estas cuestiones a la militancia. Se justificó con el pretexto de dar más autonomía a los afiliados. Pero se activó en un momento en el que Ciudadanos ya estaba en caída libre, el PP de Casado daba bandazos y ya había pasado un tiempo prudencial sobre los resultados electorales, que no colmaron las ansias de Esparza.

Aquel pistoletazo del 19 de junio de 2021 fue solo el principio de un ir y venir de gestos, declaraciones ambiguas y esquivas cada vez que tocaba hablar de Navarra Suma.

Puede que nadie se acuerde, pero dos meses más tarde Esparza hizo balance del Gobierno de Chivite con toda la imaginería de UPN y sin ninguna marca de Navarra Suma. Nada que ver con lo que había hecho un año antes, cuando en su sede lucía toda la cartelería de la coalición. Esparza, además, ya no quería hablar del futuro de la plataforma. Decía que se trataba de una cuestión interna. Se le veía incómodo. Y el PP, muy alejado del empuje de hoy, era quien defendía la coalición. Si en septiembre Esparza volvía a dejar en el aire el futuro de Navarra Suma frente a la mismísima sede de Génova –“El proceso tendrá sus tiempos y llegará el momento de tomar una decisión”, concedía–, en octubre era Pablo Casado, durante un acto en Pamplona, el que ensalzaba las virtudes de la unión ante las dudas de UPN. Síntomas de que algo no iba bien.

Incierto futuro

Y cuatro meses más tarde llegó la puntilla: Sayas y Adanero desobedecen a Esparza, se dispara la mayor crisis interna de UPN desde que perdió el Gobierno y Esparza, en Onda Cero, arroja la sombra de la sospecha sobre el PP. Habla de una “jugada rara”. Llama a Casado para aclarar si los populares han tenido algo que ver, porque los diputados votaron como el PP. “Me ha dicho que no y no tengo más elementos para sospechar”, respondía. El episodio puede parecer que no guarda una relación directa. Pero muestra que las susceptibilidades ya están a flor de piel.

Y de crisis a crisis. De la de Sayas y Adanero –inconclusa y con peligrosas derivadas electorales para UPN– a la de Casado y Ayuso que termina con la llegada de Feijóo. De fondo, el desmembramiento de Ciudadanos en cada cita con las urnas hasta su actual proceso de refundación.

Por lo que ahora Navarra Suma tiene un partido –UPN– con las ascuas de la rebelión de los diputados todavía candentes, muchísimas urgencias y un liderazgo tocado. Otro –PP– en alza tras años de peregrinaje en el desierto y con muchas más exigencias que en 2019 para encarecer cualquier posible nuevo acuerdo, a tres o a dos. Y el último –Cs– completamente fuera de juego en medio de una crisis que puede cambiar hasta el nombre y el color del partido, no digamos la política de alianzas. Las elecciones forales son en mayo de 2023. Y la vuelta del curso político en septiembre hará buena esa máxima que se rescata en el último año de cada legislatura: hasta mayo, todo campaña.

Es este, y no otro, el escenario en el que se ha llegado al día en el que Esparza ha acusado al PP de haber “precipitado los acontecimientos” y haber “finiquitado” la coalición. Es difícil explicarse por qué ahora una reacción de estas características. Si es una estrategia para marcar territorio en una derecha que busca recolocarse en el mapa. Si será una forma de responsabilizar al otro de romper lo que ya había que reformar. Si esto busca cabrear al PP y ganar terreno en solitario para hacer más sencillo el acercamiento al PSN. O si simplemente es fruto del nerviosismo que atenaza a Esparza. En cualquier caso, Navarra Suma parece haber estallado. Pero la bomba se detonó mucho antes.

22/08/2022