Osakidetza deberá pagar una indemnización de 1,2 millones de euros a los padres de un bebé que murió en Araba por la falta de un diagnóstico genético preventivo que derivó en el fallecimiento del pequeño.
Los progenitores acudieron a la vía judicial tras perder a su segundo hijo por una causa genética -la mutación del gen denominado NFU1- que no fue detectada en el primero y que también murió tras someterse la madre a un tratamiento de inseminación artificial. Alegaron que, de haberse realizado un estudio genético adecuado tras la muerte de su primer hijo, se habría evitado el nacimiento y posterior fallecimiento del segundo, concebido también vía inseminación artificial.
La sentencia dictada por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo n.º 1 de Gasteiz considera que "si se hubiera estudiado el gen NFU1 al fallecer" el primero de los bebés, "se hubiera podido establecer que tenía esa mutación y se podía haber evitado que el nuevo hijo falleciera por la misma mutación, ya mediante un cribado preimplantacional de los dos embriones congelados, o bien mediante un estudio genético de los progenitores" antes de quedarse la madre nuevamente embarazada con el objetivo de "descartar mutaciones genéticas".
"Desidia y dejadez"
El fallo incide en la actuación de una genetista de Osakidetza con la que los demandantes contactaron para recabar si había algún riesgo. Sin embargo, esta especialista "tranquilizó a la pareja y les indicó que podían ser padres con un riesgo muy bajo". En este sentido, considera que hubo "mala praxis" en la genetista y que actuó "con desidia y dejadez" pese a que tenía a su disposición medios técnicos y muestras biológicas necesarias para profundizar en el estudio del ADN y ofrecer un diagnóstico exacto a los padres.
Cree que con un estudio genético "mucho más amplio que el que se hizo" al primero de los bebés se hubiera podido detectar "la mutación de NFU1 asociada al síndrome de disfunción mitocondrial múltiple" y "se podía haber evitado que el nuevo hijo falleciera por la misma mutación".
El tribunal establece así una indemnización total de 1.220.106,66 euros -que incluye 1.000.000 de euros en concepto de "gran daño moral"- al reconocer la gravedad del sufrimiento psicológico de los progenitores por la pérdida de otro bebé. "Al fallecimiento del segundo hijo debe añadirse el drama adicional de que la pareja hizo lo que estaba en su mano para evitar la enfermedad genética del segundo hijo y la muerte del mismo, de modo que les generó la frustración de no haber hecho lo suficiente, así como la rabia y frustración de que terceros técnicos en la materia no hicieron lo que les incumbía y podían haberlo evitado. Todo ello unido a la desesperación y pérdida de oportunidad de tener un hijo sano, dados sus problemas para lograr la gestación", concluye.