Vida y estilo

Chelva: una ciudad romana ideal para recorrer a pie

Se trata de una ciudad de la Comunitat Valenciana con varios monumentos Bien de Interés Cultural y gran variedad de rutas inolvidables
Iglesia Arciprestal de Nuestra Senora de los Angeles / Comunitat Valenciana

El interior de la provincia de Valencia esconde un tesoro que sorprende a cualquiera. A poco más de una hora en coche de la capital valenciana, se encuentra Chelva, la joya de la comarca de Los Serranos. Este pueblo, rodeado de un entorno montañoso y bañado por las aguas del río Tuéjar, destaca por conservar un casco histórico único, donde se nota la herencia de la convivencia de la culturas cristiana, judía y musulmana.

El principal atractivo urbano de Chelva está en pasear sin rumbo por sus cuatro barrios históricos. El barrio árabe de Benacacira, con sus calles estrechas, callejones sin salida y el sonido del agua de sus fuentes, conserva intacto el trazado del siglo XI. Justo al lado se abre el barrio judío del Azoque, igualmente recóndito, y el barrio morisco del Arrabal, famoso por la ermita de la Santa Cruz (antigua mezquita del siglo XIV). Presidiendo la plaza mayor y el barrio cristiano de las Ollerías se levanta la majestuosa Iglesia de los Ángeles, una joya del barroco valenciano del siglo XVII con una torre campanario de casi 50 metros que vigila todo el valle.

La Ruta del Agua

La atracción principal para los amantes de la naturaleza es, sin duda, la Ruta del Agua. Se trata de un camino circular, muy sencillo y apto para todos los públicos, de unos 7 kilómetros que mezcla el patrimonio del pueblo con la frondosa naturaleza de la ribera del río Chelva. La caminata arranca en la Plaza Mayor y va bajando por el barrio mudéjar hasta encontrarse con el cauce. A partir de ahí, el sendero avanza bajo la sombra de los arboles de la zona, cruzando puentes de madera y pasando junto a antiguos molinos medievales que aprovechaban la fuerza de la corriente.

El recorrido cuenta con varios puntos clave que te harán parar cada pocos metros. El primero es la zona de la Playeta, un remanso del río donde las aguas se y forman una especie de playa de arena y piedra con una piscina natural de agua ideal para un baño. Un poco más adelante llegarás al Paso de Olinches, la parte más aventurera del recorrido: un túnel de unos 100 metros de longitud picado a mano directamente en la roca de la montaña para canalizar el agua, por el que hoy se puede cruzar a pie con la ayuda de la luz del móvil. Tras salir del túnel, la ruta pasa por una antigua central hidroeléctrica llamada "La Luz" y sube de nuevo hacia el pueblo ofreciendo unas vistas completas de las huertas en las terrazas de la ciudad.

Una obra de ingeniería imperial

Si te quedas con ganas de más senderismo y quieres vivir una experiencia que impresiona aún más, la ruta que debes hacer es la del Acueducto Romano de Peña Cortada. Este sendero une los municipios de Chelva y Calles mediante un camino de unos 8 kilómetros (ida y vuelta) que sigue el curso de uno de los acueductos más monumentales de la Península Ibérica, construido por los romanos en el siglo I d.C. para abastecer de agua a la zona.

El sendero empieza suave y va ganando altura entre campos de olivos y algarrobos, hasta que de repente te topas de frente con el Puente Escondido y, poco después, con el majestuoso acueducto. Este gigante de piedra tiene 36 metros de longitud y casi 20 metros de altura. Lo mejor de todo es que la ruta nos permite cruzar andando por la parte superior, justo por donde circulaba el agua hace dos mil años.

Acueducto de Peña Cortada Comunitat Valenciana

Inmediatamente después de cruzar el puente, la ruta se adentra en el tramo de la Peña Cortada: un impresionante camino de unos 50 metros de largo y 25 de altura que los ingenieros romanos picaron directamente en la cresta de la montaña caliza a base de cincel. Caminar por este desfiladero artificial, cruzando un montón de pequeños túneles y ventanas excavadas en la roca para dar luz al canal, es una auténtica maravilla que bien merece una excursión.

Alpuente y su historia viva

Para completar la tarde, la parada obligatoria en la comarca es Alpuente, situada a unos 15 minutos al norte de Chelva. La historia de esta villa es fascinante: está protegida por su aislamiento geográfico entre montañas y fue un enclave defensivo codiciado por todos los poderes de la zona. Su época dorada llegó en el siglo XI, cuando se convirtió en la capital de un reino independiente de Taifa bajo el dominio de la dinastía Banu Qasi. Más tarde, tras la reconquista cristiana, la villa obtuvo el título de Villa Real y tuvo el honor de albergar las Cortes del Reino de Valencia en dos ocasiones debido a su posición estratégica en la frontera con Aragón. El pueblo está colgado sobre una inmensa roca caliza y conserva su aire medieval. Coronando lo más alto de la roca se encuentran las ruinas de El Castillo de Alpuente, una fortaleza de origen islámico. Aunque quedó muy dañado durante las Guerras Carlistas, merece la pena subir por el sendero hasta la cima para contemplar los restos de sus murallas y una panorámica de toda la sierra. El Ayuntamiento, ubicado en la entrada del pueblo, es un edificio gótico del siglo XIV que aprovecha una de las antiguas torres de la muralla defensiva. En su interior se encuentra el salón donde se celebraban las reuniones de los jurados de la villa.

Alpuente Comunitat Valenciana

La comarca es una de las zonas de Europa más ricas en fósiles de dinosaurios del Jurásico y Cretácico. En el interior del pueblo, una antigua ermita recuperada alberga el Aula de Paleontología, donde se exponen los huesos reales (incluyendo una vértebra gigante de más de un metro) del Losillasaurus, un dinosaurio saurópodo gigante que habitó estas tierras. Además, a las afueras puedes visitar el yacimiento de Corcolilla, donde se conservan perfectamente visibles sobre la roca caliza las huellas fosilizadas de estos animales prehistóricos.

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Qué comer en la zona

A la hora de sentarse a la mesa, hay que olvidarse de la típica paella de la zona costera y entender que la cocina de la Serranía es de montaña, contundente y pensada para reponer fuerzas. El plato estrella indiscutible es el gazpacho serrano, un guiso caldoso que se elabora con carnes de caza y se sirve sobre una torta de pan que absorbe todo el sabor. Tampoco puedes marcharte sin probar las gachas, el pucherico serrano y el embutido local curado en la propia sierra (como la longaniza y la morcilla de cebolla). Esta se trata de una zona muy recomendable para visitar por el interés cultural e histórico que tiene y porque nos ofrece la oportunidad de ver una comunidad como la valenciana desde un punto de vista que no vemos muchas veces. Conociendo la cantidad de gente que elige esta zona de la península para pasar su verano, esta es una opción muy a tener en cuenta para pasar un día.

10/07/2026