Carmen Mola vuelve a revolucionar el thriller con la nueva y trepidante novela, Los huérfanos, donde innovan dándole voz a la cara más controvertida de las historias y exploran los oscuros límites que se esconden en los dramas familiares.
En Los huérfanos detallan un “entramado criminal sofisticado”. ¿Dónde ponen el límite a la hora de usar la violencia para impulsar la trama y no como un recurso gratuito?
Realmente, la violencia nos tiene que servir para pintar un universo que es real y tiene esas características. Para impulsar la acción, en ningún caso como un elemento gratuito, ni la violencia ni ningún otro recurso. Pero no somos mojigatos con la violencia, aunque tampoco somos sádicos ni nos regodeamos. Lo importante en las novelas de Carmen Mola es la parte emocional, los giros de la trama..., creo que es lo que engancha al lector.
Somos testigos de cómo las redes criminales actúan como multinacionales hiperconectadas en la novela. ¿Es un reflejo real del actual orden globalizado?
El mundo del crimen se ha atomizado mucho. Prácticamente todas las mafias están en Marbella, a la que llaman la “ONU del crimen organizado”. Eso requiere de muchas conexiones y sinapsis, es increíble, pero por algo se llama crimen organizado. Los clanes también rivalizan por el poder, hay vuelcos, tiroteos, traiciones, intentos de invadir el territorio del otro... Ahí casi que se llamaría crimen desorganizado, ¿no? Es un tablero real el que contamos. A los escritores nos parece apasionante para hablar de este género, el thriller, una película de mafiosos, una historia de mafiosos...
En un momento de creciente crispación ciudadana hacia las instituciones, ¿cree que el thriller conecta con el público porque responde al imaginario de justicia cuando las leyes no bastan?
El thriller es un caballo ganador, le gusta mucho a la gente. No sé por qué, supongo que porque son historias que entran muy directamente con algo que te coloca dentro de la historia. Permite entrar en el argumento más deprisa. Y en este mundo de distracciones constantes, problemas de concentración cada vez mayores, lectura muy fragmentaria..., pues es verdad que es el que mejor puede combatir esta nueva forma de consumir el ocio, que es más dispersa.
¿Es también una crítica social latente a esa impunidad de las clases altas que creen poder comprar hasta su propia redención?
Es verdad que las clases altas tienen una serie de privilegios que vienen del uso del dinero. Puedes comprar voluntades y volcar las causas a tu favor, sobornar a un funcionario de la administración portuaria para que pase la droga, sobornar a un juez para que se inhiba en una causa, o a un policía para que te dé información. Todas estas cosas están pasando. Más que una crítica, es reflejar cómo está la situación, cómo es este universo que, efectivamente, tiene clases y castas.
La fiscal Laura Pastor “sigue luchando en su interior por alejarse de una familia que solo le causa dolor”. ¿Por qué es importante no idealizar tanto a esta institución?
Los tabús poco a poco se van cayendo todos. Se puede, y se hace, hablar de los claroscuros de una familia. Y si esta es tóxica, lo mejor es alejarse de ella. En el caso de Laura Pastor, se aleja porque la suya se dedica al crimen organizado y eso le genera una enorme infelicidad. Pero 20 años después regresa y podemos notar que en el fondo echa de menos a su familia, el sentido de pertenencia, el calorcito del hogar...
Carmen Mola ganó el Premio Planeta en 2021.
Tras el éxito de la saga de La novia gitana, ¿sintieron vértigo al empezar una nueva historia con personajes y tramas diferentes?
Diría que vértigo no. Nos gusta el reto de empezar cosas nuevas y no acomodarnos. En realidad, podríamos haber seguido escribiendo novelas y novelas de Elena Blanco, que eran muy exitosas, y jubilarnos con ella. Pero nos parecía que el ciclo de ese personaje se terminaba en la quinta. Casi es una cuestión de honestidad creativa. Con un proyecto nuevo sientes ilusión, la exigencia de hacerlo bien y seguir sorprendiendo al lector. Es difícil, porque siempre hay un momento en el que aparece la sensación de que ya está todo hecho. A mí no me da vértigo ni me paraliza, más bien me estimula.
Desde luego, han innovado es bastantes cosas para Los huérfanos...
Le hemos dado la vuelta a la mesa y el punto de vista es de los villanos. No hay policías, y prácticamente todos los personajes pertenecen a clanes del crimen organizado en Marbella. Los protagonistas son los villanos, eso es novedoso. Por lo demás, diría que se va a reconocer el sello de Carmen Mola, porque la novela hace una reflexión sobre la moral y la frontera líquida entre el bien y el mal, de manera más detenida que otras veces. Y también nos detenemos mucho más en explorar lo que es una familia, porque para mí esto es, sobre todo, un gran drama familiar.
Al ganar el Premio Planeta en 2021, su identidad salió a la luz. ¿Afectó esa visibilidad a la libertad creativa que les ofrecía el anonimato?
Era un gran reto, realmente, que no nos afectara. Cuando estás en el anonimato, eres un poco como un francotirador, ¿no? Puedes disparar en todas direcciones, porque nadie sabe quién está detrás de eso. Nadie puede pedir cuentas. Creemos que uno de los grandes enemigos del escritor, ahora mismo, es la autocensura. Tienes miedo de meterte en ciertos temas..., como que te espera casi el linchamiento o la cancelación. Queríamos mantener esa libertad creativa y lo hemos conseguido. No nos hemos cortado un pelo. Quisimos mantenernos libres, no ser paternalistas con el lector, mirarle a los ojos de frente, lanzarle nuestra propuesta y no ser mojigatos. Si la quiere, la compra, sino, no. No tratamos de acomodarnos ni a modas, ni a gustos, ni a nada de eso.
Cada uno cuenta con proyectos personales. Al pasar de Carmen Mola a, en su caso, Antonio Mercero, ¿se contamina uno del otro?
Lo tenemos muy separado. Cuando escribes una novela tuya individual, conectas contigo y tus esencias de escritor. Yo me pongo el uniforme de Carmen Mola y sé perfectamente en qué territorio estoy, que no lo hago solo, sino con dos compañeros -los dos fantásticos y admirables-, con los que me tengo que poner de acuerdo para llegar a una historia que nos parezca que tiene la suficiente calidad como para ser publicada y para gustar a los lectores.
¿Habrá una próxima obra a seis manos de Carmen Mola?
Creo que sí habrá una, lo que no sabemos es si será una continuación de Los huérfanos, o será otra. El universo que hemos construido con esta novela es muy rico, complejo, y pide más historias. Pero tiene que ser apoyado por los lectores, eso nos animará a continuar.